Reiteran que la acusada del Badoo «salía con libertad» de la nave donde decía vivir secuestrada

La sesión continúa en la Audiencia Provincial de Zaragoza

Mohammed Achraf y Hedangeline Candy Arrieta, conocidos como los miembros de la Banda del Badoo, han tenido que volver a escuchar la investigación que realizó la Guardia Civil tras los tres violentos robos que ocurrieron en la comarca Ribera Alta del Ebro en el verano del 2019. Uno de estos hechos terminó con la aparición del cadáver de un informático vasco que fue enterrado con vida en un paraje de Pedrola. Como si de un puzle se tratara, las piezas del caso fueron uniéndose y cada vez cercaron más a esta pareja. Los agentes de la Guardia Civil que investigaron el caso han reiterado que Candy «salía y entraba con total libertad» de la nave donde declaró vivir secuestrada por Achraf.

En esta semana, Achraf y Candy se sientan en el banquillo de los acusados por un tercer violento robo que realizaron a un varón de Tudela en septiembre de 2019. Esta víctima declaró ayer que llegó a temer por su vida. Los otros dos juicios, el del primer robo violento y el del asesinato, se celebraron en febrero del año pasado. Ambos acabaron con sentencias condenatorias hacia los dos acusados: doce y medio por el robo y 34 a cada uno por el del asesinato del informático.

Según han explicado los agentes durante este procedimiento, y largamente explicado durante las otras sesiones, los dos acusados utilizaban el perfil de Badoo de Candy para atraer a hombres a la comarca Ribera Alta del Ebro y una vez allí eran violentamente agredidos, secuestrados y extorsionados para conseguir sus pertenencias y códigos pin de la tarjeta de crédito. El primer caso ocurrió en julio de 2019 en el que se atracó a un hombre de La Almunia de Doña Godina, el segundo ocurrió a principios de septiembre del mismo año y, unos días después de éste, el caso en el que se acabó con la vida del informático.

Este lunes empezó el tercer procedimiento en el que Achraf afirmó ser culpable de lo que había ocurrido y su expareja volvió a decir que estaba siendo maltratada y secuestrada por el otro acusado y que no participó en ninguno de los violentos robos. Hedangeline afirmó que su expareja llegó a retenerla en casa y que la ataba con bridas. La víctima de este último robo situó a Candy en su secuestro y afirmó que le llegó a apuntar con una pistola en la cabeza.

El agente de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil que realizó la investigación y participó en las vigilancias de la nave donde residían en Pedrola ha declarado que Candy “salía y entraba con total libertad” y que “en ningún momento se observaron coacciones”. Otro guardia también ha destacado que la mujer “no dijo que estaba amenazada ni coaccionada” y que, en el momento de la detención, “estaba tranquila”.

La pulsera de control telemático

Los agentes de la Guardia Civil también han declarado sobre cómo se consiguió marcar telemáticamente todos los pasos de los dos acusados. Y para ello hay que remontarse al último juicio, el que se les condenó por asesinato. Cuando terminaron con la vida del informático vasco, trataron de vender su vehículo con el que se habían desplazado desde el País Vasco a la Ribera Alta. Los dos compradores no se fiaron de ellos y decidieron ponerse en contacto con la Guardia Civil, que ya estaba tras la pista de los robos.

Una cámara de vigilancia del supermercado donde se realizó la transacción entre los acusados y los compradores consiguió dar una pista de cómo eran los dos sospechosos. Esta imagen fue mostrada al guardia civil de Pedrola que lo identificó al momento como Mohammed Achraf. Éste último, según les dijo el agente de Pedrola, llevaba una pulsera de control telemático por un caso de violencia de género, lo que permitió marcar la ubicación “minuto a minuto” de los acusados durante los robos. También permitió situar dónde estaba el cadáver del informático vasco.

Los dos acusados se enfrentan a diez años de prisión, como solicita la Fiscalía, y a 16 como pide la acusación particular.

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