Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

De los expendedores oficiales de cultura aragonesa

Luis Iribarren

Me da la sensación de que en Aragón hay un solo modelo cerrado de sanidad posible, otro modelo clausus de educación siempre concertada en parte o el de inserción social de desfavorecidos poniéndolos al welfare-nómina, desde que estas novedosas políticas se desarrollaron en los ochenta.

Lo mismo pienso de la organización de los festejos taurinos, idénticos porque debe ser demanda popular y aunque nadie salte a las vaquillas, la programación de cultura y festivales en que ya se vería la participación si se pagara por ver los programado. Como no todo lo que espero que suceda con los proyectos que serán elegidos para cobrar subvenciones de resiliencia hacia lo vaciado, programaciones de concepción y ejecución urbanas.

Hay alientos y almas que mueren constantemente, expulsados de lo rural o afincados en silencio en cada territorio, que fueron y alguno todavía queda, personas que contuvieron diez personajes.

Luego se pasó en mi generación a que una persona todo lo más puede ser tres y, hoy, cuanto más especialización universitaria se da menos caracteres se percibe que vienen por detrás. Menos tontos que se dan gratis.

Cuando yo era crío, nostalgias que se utilizan para facturar desde el “Sálvame”, cada mujer y hombre fueron a la vez agricultor, romancera, gran guisandero, maestra del efecto de las lunas en los huertos, hombre que hace pueblo, mujer que canta ópera mientras prepara pastura para sus gallinas, pastor escultor… y a todo ello se sumaba que podían además simultanear con ser elegidos concejales o presidentas de Cámara Agraria.

Vamos a poner que sucedió hasta los años 90 y los hace-listas de partidos podían llegar a encontrarse materia prima en forma de miembros de asociaciones culturales o coros que sí vivían en los pueblos y no tenían que demostrar que se habían dado antes a los demás.

No sé si llegaban los mejores, pero los que lo hacían tenían temor de Dios y vergüenza. No eran apéndices de una lista cerrada en lugares a punto de desaparecer, pedáneos de ellos mismos.

Esos que administran festivales o carnavales en que movilizan todas la postreras fuerzas de un lugar antes próspero y poblado hoy en el exilio y de los que quedan viviendo en demostraciones que abarcan dos veces al año y que no se traducen en que las redes que se generan sirvan para que les caigan preguntas o iniciativas en los plenos.

El colmo ya es cuando caen a vivir esos nuevos pobladores que aparecen en los programas de Aragón TV como presente y futuro y que los que provenimos de allí ni siquiera conocemos, dados de alta en IAE teatrero siempre y urden una idea redentora como beneficiarios.

A quienes se deja hacer y mira como si desde dentro no se contara con medios personales porque aunque sí, se sabe quiénes son y que exigirán a cambio aunque sea mayor humanidad…

Poniéndoseles puentes de plata de facturación a melones por abrir para que cualquier pueblo antes ilustre y con notario vuelva a sonar un poco… De cuya solemne historia quienes lo usamos como nombre no tenemos ni puta idea porque aunque vivamos en Montalbán solo nos suenan los diez pueblos más bonitos de Aragón…

Pero es que además sucede en un tiempo en que, aunque lo quieran silenciar, los ayuntamientos y comarcas están repletos de políticos en nómina que cogen un área de deporte o cultura cuya única misión “profesional” es ponerse en manos de comisionistas de estas especialidades que les arreglan el brilli-brilli, programándoles lo que ellos deberían proponer.

O sea, hemos pasado de competentes que regalaron su tiempo, se dieron antes y hacían y no huían de las conversaciones de bar a sombras que solo hablan con comisionistas de cada ramo vía partido o Diputación.

Pero como de redacción de ¿proyectos? los políticos profesionales andamos como andamos, vivimos en el territorio pero huidos del él y plataformas y redes urbanas ya nos surtirán de programaciones y pruebas deportivas, pues al fin se cuenta con que se organicen para exclusivo disfrute de urbanitas. Si no te sucede que Luz Gabás o Escartín nazca en tu pueblo, que entonces…

Y con estas tontadas, parece que los forasteros del propio lugar también participen, que más que eso se desloman (pero es dos veces al año, hemos dicho).

Así que hay que buscar una idea fuerza que no tenga el otro: da igual que sea la butifarra que se hacía en una carnicería que ha tenido que cerrar por falta de clientes, una celebración romana donde participen solo los de más de cincuenta años o un avatar de que vinieran a vivir a tu pueblo unos personajes a pintar que cambiaron el color y la vida del bar del lugar, que llegó a ser anunciado y conocido en Inglaterra.

Da lo mismo que los que siguen vivos, atención: los presuntamente homenajeados, huyan como del agua caliente por pudor, participen escasa o nulamente porque, como es normal, la evolución vital te haga no estar para ningún trote, o que se muera una de ellas una semana antes y se apaguen sus colores de mandala porque el show must go on….

También lo da que los colaboradores que facturan para “poner en valor” sean los mismos en oligopolio ¿de los sentimientos? que puedes ver programados hasta en Sarrión pero resulta que no en Sangüesa y sean convenientemente retribuidos, un sector de la cultura según IAE tenemos que tener, pero el alma de la cosa y el público la aporten cien voluntarios que se peguen una paliza de currar gratis et amore.

Las exclusivas de relacionar a Boltaña con una rondalla (con nombre de super avenida de Zaragoza), a Binéfar con unos humildes titiriteros o a Ejea con el torero Peropadre, que tanto venden en la ciudad por sencillas y efectistas, ya están pilladas. A ver qué refrito se nos ocurre en cada pueblo aragonés para llegar a ese nivel.

Entre tanto, el que tenga cuarenta de familia y capacidad para empadronar otros veinte primos de Barcelona, será el que siga ganando las elecciones esas de la incómoda real life.

La vida cotidiana sufriendo esa tierra cada vez más seca para cuatro jóvenes con jondére (también salen como emprendedores con 80 has previas en otro programa pero así lo reconocen), la del abandono de ganau, fabricación de queso que requiere de nave especial, cobrar subvenciones por reforestar trufa o qué pasará con las casas de nadie que se espalden, no da para ninguna feria.

Esa responsabilidad de pared maestra y jácena se está en la irreversible crisis de que nadie la quiera.

Tampoco se la cuentes a nadie de dentro que se haya comprado piso para cuando sus hijos estudien en Huesca, Teruel o Zaragoza ni al marroquí de tu barrio que vive en una casbah patrimonio de la humanidad que en vacaciones se ponga a rebozarla de barro.

Que lo haga una empresa cultural cobrando y el trabajo lo hagan voluntarios lo van a saber pronto hasta en el Atlas.

Me quedo con la respuesta de una cría de mi pueblo en ese programa citado que había de lugares para quedarse: yo estudio porque quiero vivir en una ciudad (la respuesta tenía un contexto de que practicaba un deporte mega urbano y ultra pijo que ni tiene traducción al español, imagínate al cheso).

De las pocas que dijo la verdad. Me pongo de pie ante usted.

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