Fernando Gil: “Quedan meses complicados, pero hemos salido de muchas crisis y no será una excepción”

Fernando Gil es el director general de BSH España

Mucho ha llovido desde que Esteban Bayona y José María Lairla abrieron en Zaragoza en 1947 un pequeño taller de fabricación de componentes radioeléctricos. Son tres cuartos de siglo, 75 años de historia de una compañía, Balay, que siempre ha intentado ser pionera y valiente, con la primera lavadora automática, la T500, que marcó un antes y un después en los hogares de todo el país.

A estos 75 años, Balay, integrada en la multinacional alemana BSH desde 1989, llega con un “buen estado físico” y un “excelente estado mental”, aunque “con unas décimas de fiebre” por toda la incertidumbre que rodea a la industria en los últimos dos años, como reconoce su director general, Fernando Gil. Se esperan todavía unos meses complicados, aunque sin dudar de que “hemos salido de muchas crisis y esta no será una excepción”.

Pregunta.- ¿Qué supone para la empresa alcanzar estos 75 años?
Respuesta.- En primer lugar, mucha alegría. Ves cómo, desde el año 1947, hemos sido capaces de adaptarnos al entorno, a las circunstancias que había fuera y en nuestro sector y de forma exitosa, con un gran impacto en la sociedad.

P.- Para celebrarlo, han realizado una exposición en el Paraninfo. ¿Qué se va a encontrar el espectador que acuda?
R.- Es una sala pequeñita, pero muy coqueta, donde hemos intentado explicar la evolución de estos 75 años por medio de fotografías retrospectivas de la historia de Balay, y con dos cocinas, una de los años 60 y otra muy nueva, que hemos hecho ahora para celebrar el aniversario, con el logo antiguo, pero con los aparatos de mayor desarrollo tecnológico. Es muy visual cómo eran los electrodomésticos en los años 60 y cómo son actualmente.

P.- Son 75 años de vida y de trayectoria convertidos casi en un icono de Zaragoza…
R.– Balay nació en Zaragoza y ha estado estos 75 años en Zaragoza, con múltiples actividades. Tenemos la fábrica de Montañana y la de La Cartuja, la sede central, un centro de atención a usuarios, un almacén desde el que regulamos la expedición de producto y la exportación, el centro de asistencia técnica… Estamos muy implicados en la ciudad de Zaragoza.

BSH está celebrando los 75 años con una exposición en el Paraninfo

P.- A nivel social, el slogan “Todos tenemos un amigo que trabaja en Balay” ha triunfado.
R.- Ha sido un auténtico impacto. Se han hecho hasta memes y ha calado mucho en la sociedad. A veces vas a algún sitio y te recibe un amigo, y dices “este es el amigo de Balay”. Cuando una campaña de publicidad consigue permear a la actividad diaria de la gente es que ha sido un éxito.

P.- ¿Cuál es su estado de salud hoy?
R.- Llegamos estupendamente, con buen estado físico, un excelente estado mental, pero con fiebre. Todas las circunstancias que estamos viviendo de incrementos de costes de energía, de materias primas, problemas logísticos y de no producir todo lo que quisiéramos, porque nos faltan los chips de China, nos ha subido unas décimas la temperatura. Es como aquel que tiene un poco de fiebre y no está muy allá, pero sabe que esto va a pasar. Somos optimistas. Nos quedan unos meses complicados por delante, pero hemos salido de muchas crisis y esta no será una excepción.

P.- No están siendo unos meses fáciles por la falta de chips, los costes de energía… ¿Cómo lo están afrontando?
R.- Es complejo. Teníamos unas cadenas de suministro muy calculadas y tensas, en el sentido de que, si mañana necesitas una cantidad de accesorios y piezas, son los que llegan la noche anterior. Si, de repente te dicen que esos chips van a tardar cuatro meses, paralizan toda la cadena. Vas produciendo lo que puedes, no lo que quieres. Vas vendiendo lo que puedes producir, no lo que demandan. Eso provoca desajustes que alteran el excelente servicio que hemos tenido muchos años.

La compañía cumple tres cuartos de siglo con un “buen estado físico” y un “excelente estado mental”

P.- Llevan ya meses realizando paros prácticamente continuos, ¿qué esperan para las próximas semanas?
R.- Las previsiones las hacemos hasta que llega un aviso de última hora de que algo que debía llegar, no llega. Debes tomar decisiones sobre la marcha. De manera global entendemos que esto va a ir mejorando, pero podemos tener todavía por delante unos meses con muchas dificultades. Tengamos en cuenta que hay cosas que pasan que no puedes prever y solo puedes reaccionar. La guerra en Ucrania está generando tensiones y en China, con la política de Covid cero, están cerrando empresas y puertos. No sabes cuándo van a tomar según qué decisiones y la planificación es débil.

P.- ¿Cuándo esperan que pueda solucionarse y volver a la normalidad?
R.- En teoría, se tendría que ir normalizando hacia final de año, pero, si en China siguen con política de Covid cero y no se soluciona, tendríamos otros cuatro o cinco meses de reducciones. No obstante, estamos produciendo razonablemente bien, pero hay todavía una demanda fuerte y una falta de regularidad en la recepción de elementos. Eso provoca los desajustes. Quiero entender que a final de año estaremos mejor que ahora, pero no en situación prepandémica. Cuando se producen estas roturas de las cadenas de suministro y, a la vez, hay una tormenta perfecta, con la inflación, subida de materiales, de la energía y una guerra internacional, queda en el aire esa recuperación.

P.- ¿Qué ha supuesto económicamente para la empresa? ¿Cuánto se han incrementado sus costes?
R.- Nosotros no somos muy intensivos en el uso de la energía para la fabricación de los productivos, pero los proveedores sí son intensivos. Depende del material. Algunos han crecido un 15% y otros han aumentado un 30%. Podemos tener una desviación de dos dígitos.

BSH exporta alrededor de la mitad de su facturación de las plantas de La Cartuja y Montañana

P.- ¿Cómo esperan acabar el año, pese a todo?
R.- “So far, so good”, como dicen los americanos. Hasta final de mayo estamos vendiendo menos y fabricando en conjunto un poco menos que el año pasado, porque si miramos por fábrica las cosas cambian. Todavía tenemos posibilidades de crecer en facturación y fabricación sobre el año pasado. Igual me equivoco, pero igual podemos crecer un 5 o 6%. Las predicciones duran horas.

P.– ¿Ha afectado esta crisis a sus proyectos en marcha? Querían lanzar un nuevo modelo de lavadoras…
R.- Todos los proyectos que estaban en camino se van a materializar. En algún caso, en vez de empezar en marzo o abril, hay que dejarlo para junio o julio, donde ya tengas un acopio mínimo y estabilidad en la recepción de materiales para no lanzar un artículo y romper el stock a los dos días. No se ha cancelado ningún proyecto.

P.– ¿Qué importancia tiene la exportación para vuestras plantas?
R.- Más o menos es la mitad de la facturación. Hablaremos de unos 750 millones de euros que exportamos, fundamentalmente a Europa.

P.- ¿Qué importancia tienen las plantas de La Cartuja y Montañana para el grupo?
R.- Las dos son muy importantes. La de lavadoras (La Cartuja) es muy importante para el mercado nacional. En cada una se fabrican unas plataformas diferentes de producto. Hacemos dos plataformas muy concretas que tienen un peso muy fuerte en el mercado nacional. La de Montañana tiene una proyección de exportación mayor, porque es el único sitio donde se hacen inducciones y muchísimos hornos.

La exposición de este aniversario de Balay hace un repaso por toda la historia de la compañía

P.- ¿Cómo están viviendo todo el proceso de digitalización que se está gestando en la industria tras la pandemia?
R.- Con menos estrés del que pensábamos en su momento. Esta pandemia nos ha demostrado a todos que la digitalización ha dado un salto cualitativo y cuantitativo, y ha sido muy positivo. En las fábricas la digitalización ya era fuerte y sigue siendo muy fuerte, no solo en los productos, sino en los procesos de fabricación. Al menos a nivel industrial, la digitalización ya es parte de nosotros y pronto tendremos otro tipo de retos.

P.- ¿Cómo afrontan el futuro?
R.- Siempre hay que verlo con optimismo, con un optimismo realista. Pasa por tener proyectos, ilusión, compromiso y ganas de hacer cosas, entendiendo que en cualquier momento algo se puede torcer. Lo vemos optimista porque todos necesitamos una lavadora, un horno, un frigorífico… No somos una moda ni productos de los que se pueda prescindir. Este negocio siempre estará vivo y debemos conseguir ilusionar al consumidor con los productos que hacemos. Se ha juntado una tormenta perfecta, pero ha habido otras en el pasado y las hemos podido sortear. No será distinto esta vez.

P.- ¿Y cómo serán las cocinas del futuro?
R.- Imagina que entras por la mañana en la cocina, dices “buenos días”, y la cafetera, que ha registrado tu voz, sabe que son las 8.00 horas y te hace un cortado. Si entra tu voz a las 15.00 horas, te hará un café solo. Las cocinas estarán mucho más conectadas, responderán a la voz y la digitalización permitirá que metas un pescado en el horno y te saldrá con una precisión excelente. Tampoco tendrás que planificar cuándo poner la lavadora ni levantarte a las 3.00 horas porque es el tramo barato, sino que automáticamente sabrá cuál es ese tramo, con una autodosificación de detergente.

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