Sandra Sabatés: «Pensamos que Caperucita o La Bella Durmiente tienen finales felices y no vemos el machismo»

"No me cuentes cuentos" es la nueva novela de Sandra Sabatés

Cuando era pequeña, a Sandra Sabatés le gustaba escuchar una y otra vez el cuento de Caperucita Roja. Sobre todo, le gustaba esa parte en la que decía: «Y entonces el lobo se comió a Caperucita». Ella reía y reía. Cuando era pequeña, Sandra Sabatés, como muchas otras niñas, quería ser una princesa. Tan rubia y guapa como Cenicienta, tan dulce y buena como Bella o con una voz tan bonita y un pelo tan rojo como La sirenita. Pero lo que más les gustaba de todas ellas eran las mágicas y preciosas historias de amor que vivían con los más apuestos príncipes que, heroicos y valientes, no dudaban en ir a salvar a su indefensa y débil amada.

Ahora, Sandra Sabatés se ha dado cuenta de que esas princesas necesitaban ser salvadas, pero no por un príncipe o un rey, sino de ellos. Y es que Caperucita fue violada, igual que la Bella Durmiente, que se durmió sin quererlo, o Ariel a quien arrancaron una parte de su cuerpo para alcanzar la pureza. Ahora, Sandra Sabatés ya no quiere que le cuenten cuentos. Y precisamente así se llama su nueva novela, una mirada real y cruel de los cuentos con los que soñamos de pequeñas y que están llenos de violencia hacia las mujeres.

Los cuentos de Perrault, Grimm o Andersen se convierten en «No me cuentes cuentos» en diez testimonios de víctimas reales de violencia de género. Así, la voz de la víctima de La Manada se entremezcla con la «inocente» fábula de Caperucita para demostrar que «detrás de muchos apuestos príncipes se encuentran lobos feroces» o el abuso del Rey a la Infanta, su propia hija, en el cuento «Piel de asno» se torna real con el escalofriante testimonio de una mujer víctima de abuso infantil.

«Son historias reales muy duras y conmovedoras y se trata de eso, porque así nos damos cuenta de lo que hay, de que esto es lo que pasa a día de hoy en nuestro país. Pretendo concienciar, sensibilizar, hacer entender que sigue existiendo la violencia de género y que la sufren muchas mujeres en pleno siglo XXI en España. Y es exactamente la misma que sufrían las de los cuentos clásicos. Los cuentos clásicos son un reflejo de la sociedad en un momento determinado hace cientos de años y si ya entonces éramos así, y a día de hoy no ha cambiado nada, es que algo hacemos mal», ha reconocido este viernes en Zaragoza la periodista.

Antes las niñas soñaban con ser princesas y ahora se dan cuenta de que esos tiernos cuentos las trataban como seres delicados e inútiles que solo servían para «cuidar de princesitos, princesitas y limpiar el castillo». Ahora las niñas ya no quieren ser princesas porque no necesitan de nadie que les salve ni que les diga lo que deben ser. «Estamos insistiendo mucho en la idea de que las niñas son valientes, se pueden rescatar ellas solas y tenemos otras aspiraciones personales y profesionales. Se están creando muchos cuentos nuevos en los que las protagonistas han cambiado, ya no son esas princesas, sino que son ellas las que son mujeres protagonistas y que se salvan y vencen a todo lo malo. Esto es positivo porque crean otros referentes y nos muestran otro tipo de sociedad que es a la que queremos ir, más justa, igualitaria y feminista», ha asegurado.

La pasada semana se conocieron los datos del Instituto Nacional de Estadística que decían que la violencia de género se había incrementado un 30% en los menores de 18 años. Un dato «preocupante» que no hacía mas que reflejar una realidad que se normaliza cada vez más. «Que las nuevas generaciones no den importancia a los celos, que piensen que cierta intensidad dentro de la pareja es normal, es un peligro porque tenemos a día de hoy 1.144 mujeres que han sido asesinadas y no pueden contar su historia y vamos hacia unas generaciones, que en la adolescencia son especialmente vulnerables, y se creen las ideas de la extrema derecha que la violencia de género no existe y es un invento ideológico y es peligroso», comenta la escritora y periodista.

Mutilación genital femenina, abuso sexual infantil, violaciones, maltrato psicológico y físico… Una realidad que ennegrece la sociedad actual y que queda normalizada e interiorizada en esas familias que cuentan los dulces cuentos clásicos a sus hijos. Historias reales injustas y dolorosas en las que ellas son las víctimas, pero se las cuestiona más que a los propios agresores. Igual que en la Bella Durmiente se repite que la princesa debía haberse cuidado más o en la Cenicienta que no debía llegar tan tarde a casa.

«Cuando hice la novela las víctimas decían que ojalá sus testimonios sirviesen para que no les pasase a otras. Somos muy injustos y muchas veces desde la sociedad hemos puesto el foco sobre la víctima y no sobre el agresor y seguimos lanzando mensajes que sólo contribuyen a que las víctimas se sientan responsables. Reciben mensajes continuamente, que no bebas, que no vayas vestida así, que vas provocando. Son mensajes que hacen que al final ellas se sientan culpables», ha relatado Sabatés.

Ahora Sandra Sabatés ya no quiere que le cuenten esos cuentos que, llenos de florituras, colores pastel y amores eternos y bucólicos, esconden una violencia profunda, dolorosa y real que hace que muchas de esas historias no tengan un final feliz.

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