Adiós a 40 años de historia minera: desaparecen las torres de la Térmica

La detonación se ha producido a las 11.30 horas de la mañana

 

Más de 40 años de vida minera en Andorra han pasado a la historia en cuestión de escasos segundos. Endesa ha procedido este viernes a la demolición de las tres emblemáticas torres de refrigeración de la Central Térmica, avanzando así en su desmantelamiento iniciado en febrero de 2021 para dar una nueva vida a este terreno. Para volar estas estructuras de 107 metros de alto y 83 de diámetro ha sido necesario emplear 270 kilos de explosivos, dejando todavía en pie la chimenea, de 343 metros de altura, que será derruida más adelante.

Puntual a las 11.30 horas, y siguiendo un exhaustivo protocolo de seguridad, Endesa ha detonado los explosivos que han hecho desaparecer en apenas dos segundos este icono de la historia reciente del Bajo Aragón, marcando un nuevo hito en el proceso de desmantelamiento de la Térmica. La voladura ha producido alrededor de 40.000 toneladas de residuos que serán valorizados como material de relleno en el terreno por su carácter inerte y separando el hierro para darle un nuevo uso.

Los trabajos previos a la demolición de las torres de refrigeración comenzaron en febrero de 2021, en los que se han retirado, de acuerdo con los planes de trabajo aprobados por la Administración, más de 6.100 toneladas de materiales que contenían amianto, situados fundamentalmente en el área de intercambio de calor de las torres, que han sido gestionados como residuo peligroso, cumpliendo con todos los aspectos legales establecidos en la normativa aplicable.

Estas labores están movilizando a unos 200 trabajadores, principalmente exempleados de la Térmica o de empresas subcontratas. En paralelo a la solicitud de cierre, Endesa presentó un Plan de Futuro que incluía una inversión de más de 1.400 millones de euros para producir 1.830 MW de potencia de plantas fotovoltaicas y eólicas. De ellos, 1.200 dependen de la adjudicación de la energía del Nudo Mudéjar, para el que se han presentado proyectos de once empresas al Ministerio de Transición Ecológica, que resolverá la subasta en septiembre.

Un momento “emotivo” que los principales responsables de Endesa han vivido con un “nudo en el estómago”, como ha reconocido el director de la compañía en Aragón, Ignacio Montaner, que se ha desplazado a la Térmica para vivir in situ la demolición. “Era una instalación importante para nosotros y vinculada a Aragón. Ahora tenemos la ilusión en el proceso de transición energética y queremos continuar presentes en la comarca”, ha expuesto.

Para esta demolición, Endesa ha seguido una “doble filosofía”, que, incluía, en primer lugar, “exigir al contratista un compromiso de contratación de mano de obra local”, algo que “está cumpliendo”, y, posteriormente, “hacer un proceso de desmantelamiento circular”. “De 260.000 toneladas que se van a generar podremos aprovechar el 90%. Parte del hormigón de estas torres se empezarán a machacar para rellenar huecos de las hectáreas de la central, donde irán proyectos de renovables”, ha señalado Montaner.

Ahora, el desmantelamiento continuará su curso, siendo el próximo hito el derribo de la chimenea, de 343 metros de altura, prevista para 2023. “Estamos en las tuberías, la caldera, el área de sulfuración y el parque de calizas. Queda mucho trabajo por hacer”, ha explicado el responsable de Endesa en la Comunidad, quien ha añadido que la compañía está trabajando para salvar parte de la estructura.

Cuatro décadas de historia minera

La Central Térmica de Andorra constaba de tres grupos, con una potencia total de 1.100 MW. Cada grupo disponía de caldera, turboalternador y torre de refrigeración. Completaban la instalación el parque de carbones y caliza, el sistema de evacuación de cenizas y escorias, la planta de desulfuración y la chimenea para la evacuación de los gases de combustión.

Fue construida entre los años 1974 y 1979 con objeto de llevar a cabo un uso extensivo de los lignitos negros procedentes de explotaciones situadas en la cuenca minera turolense, mezclados con carbones de importación. El lignito se transportaba hasta el parque de carbones de la central y los carbones importados se transportaban por barco hasta el puerto de Tarragona y, desde allí, por ferrocarril hasta la planta. Como combustible auxiliar para arranques y apoyo a la combustión se utilizaba gas natural.

Durante sus cuatro décadas de actividad produjo 224.000 GWh, equivalentes al consumo de electricidad peninsular durante un año, hasta su cierre definitivo el 30 de junio de 2020. Para ello necesitó 142 millones de toneladas de carbón, de las que 110,9 millones de toneladas fueron de carbón nacional y 31,7 millones de toneladas de carbón importado. Desde el principio, todos los parámetros medioambientales tuvieron gran relevancia en la explotación de la central, especialmente en lo referente al control de las emisiones y de la calidad del aire en el entorno, dado el elevado contenido en azufre y cenizas del lignito local.

En consecuencia, con el fin de hacer compatibles el desarrollo económico y el uso de estos lignitos con la conservación del medio ambiente a lo largo de la vida de la central, se llevaron a cabo una serie de actuaciones que conllevaron inversiones superiores a los 400 millones de euros. Como resultado de esas inversiones la central consiguió estabilizar las emisiones a la atmósfera en niveles inferiores a una tonelada por megavatio hora producido.

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