El teatro que embelleció Caesaraugusta y que nació con un hallazgo fortuito hace 50 años

El teatro romano es uno de los edificios mejor conservados de Caesaraugusta

29 de abril de 1972. Lo que comenzó como un día en que unos adolescentes cualesquiera de Zaragoza hacían una traviesa «pirola» para saltarse alguna de las clases menos interesantes del instituto acabó con un hallazgo fortuito de unos restos que acabaron siendo los del cuarto teatro más grande de la Hispania romana: el de Caesaraugusta. Hace 50 años que Jaime González, uno de esos chavales, descubrió «haciendo el loco» un montón de tierra en un solar entre la calle Verónica y la de Pedro Joaquín Soler.

Él todavía no sabía la magnitud de su hallazgo, pero su forma semicircular y su dimensión le hicieron sentir un pálpito que le llevó a contarlo a su familia durante la comida. «Mis padres no me hicieron ni caso, pensaban que era una chiquillería», dice entre risas. Quien sí le hizo caso fue su hermano Carlos que haciendo gala de su curiosidad periodística comenzó a indagar sobre esos curiosos restos. A la mañana siguiente, el titular «¿Se ha encontrado el teatro romano de Zaragoza?» ocupaba las páginas de los periódicos y comenzaba el periplo para sacar a la luz uno de los monumentos más emblemáticos de la antigua Caesaraugusta.

Entre 2002 y 2003 se ejecutaron las obras del edificio que albergaría el museo

Con la emoción de haber encontrado un tesoro que desde ese momento haría brillar una ciudad en la que el pasado romano vibraba en cada esquina, fue el historiador Guillermo Fatás quien identificó el hallazgo, eso sí desde la distancia pues los restos no eran accesibles, como parte de un teatro o anfiteatro. Posteriormente, el arqueólogo Antonio Beltrán confirmaría la aparición del teatro tras recibir un escrito de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja en el que se le comunicó el hallazgo. A partir de ese momento la ciudad de Zaragoza solicitó la declaración del yacimiento como monumento histórico artístico y, posteriormente, las excavaciones arqueológicas seguirían dos fases; entre 1980 y principios de 1990 estarían gestionadas por la DGA y una segunda fase de 1998 a 2003 por el Ayuntamiento de Zaragoza.

Su construcción se inició a comienzos del siglo I d. C.

Finalmente entre 2002 y 2003 se cubrió el yacimiento romano pasando a ser el primer teatro romano cubierto de la Península y se ejecutaron las obras del edificio que albergaría el museo perteneciente a la ruta Caesaraugusta y que la conforman además los museos del foro, puerto y termas.

El hallazgo revolucionó la ciudad de Zaragoza y es que hizo que se engrandeciese todavía más, pues en la antigua Hispania las ciudades se preciaban de ser tales si tenían teatro. Construido en la segunda década del siglo I, era el edificio más alto de la ciudad y sirvió de lugar de encuentro para el divertimento y jolgorio de 6.000 espectadores, pero también como espacio para celebrar reuniones y comparecencias civiles. El teatro romano de Caesaraugusta no fue un teatro cualquiera y es que fue el cuarto más grande de Hispania, lo que quizás era un símbolo de un especial amor del emperador Tiberio por la ciudad. «Llama mucho la atención que sea más grande que el de Tarraco que era la capital. En Caesaraugusta todo se hacía a lo grande, lo que evidenciaba la importancia de la ciudad. Su hallazgo fue un triunfo conjunto de todos los zaragozanos, una apuesta decidida por conservar una historia que sigue latente y por preservar esos antepasados romanos que tenemos muy interiorizados», comenta la jefa del servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza, Romana Erice, que también participó en las excavaciones.

Con capacidad para unos seis mil espectadores, seguía el modelo del teatro Marcelo de Roma

Unas excavaciones en las que se descubrieron auténticas joyas como la cabeza de una de las hermanas del emperador Calígula o el torso de la Diosa Roma que allá por 1998 demostraron que el hallazgo casi acababa de empezar. Estas figuras formaban parte del frente escénico de un teatro en el que cabía un tercio de la población de la Caesaraugusta romana. Era un lugar especial y único, pues tenía particularidades como la existencia de un aditus o puerta central, algo que se observa en pocos teatros. Además, en él también había lugar para la innovación y los «efectos especiales» que dejaban alucinados a los asistentes, pues en la fosa escénica del coliseo los actores podían hacer «apariciones mágicas» dejando a todos boquiabiertos.

Es uno de los edificios mejor conservados de Caesaraugusta y es que quien lo visite podrá ver buena parte de sus estructuras, como la cavea (gradas), la orchestra (coro) o la cripta entre otros. Remontándonos a los antepasados romanos, el teatro cayó en desuso en el siglo III, momento en que sus piedras fueron expoliadas para ser empleadas en el recrecimiento de la muralla defensiva de la ciudad y la construcción de otros edificios de la época.

Sucesivos trabajos de investigación permitieron que hoy se pueda disfrutar como uno de los monumentos más atractivos de la ciudad

Afortunadamente sucesivos trabajos de investigación permitieron que hoy se pueda disfrutar como uno de los monumentos más atractivos de la ciudad y es que, tras su musealización en el año 2002, ya se han sumergido en los antepasados romanos de Zaragoza unas 800.000 personas, con 50.000 visitantes al año. Un lugar de encuentro con la cultura y el pasado en el que se pueden conocer en profundidad cómo fueron los hallazgos y el proceso hasta convertirse en lo que es hoy.

A través de unas pasarelas, los visitantes pueden contemplar los restos de las gradas

Ese 29 de abril de 1972 comenzó con una «bendita pirola» y llenó el alma de Jaime González de «agradecimiento y emoción» al descubrir que 50 años después había contribuido a disfrutar de una joya romana en pleno centro de la ciudad. «Pensar que por hacer el ganso un poco y por una serie de coincidencias fortuitas he sido partícipe de esto y ver que no se ha convertido en un centro comercial o un edificio empresarial, sino que gracias al trabajo conjunto de los vecinos es un teatro romano en todo su esplendor, no hace más que emocionarme cada vez que lo pienso», ha relatado Jaime González.

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