El Museo de Zaragoza recuerda la figura «intelectual y estadista» de Manuel Azaña

La muestra podrá visitarse hasta el próximo mes de junio

Demostró ser un relevante escritor y periodista, aunque fue su faceta política la que realmente lo hizo pasar a la historia como el presidente de la Segunda República, cargo que desempeñó durante todo el desarrollo de la Guerra Civil Española. Manuel Azaña fue, en definitiva, un intelectual, y guardó además una estrecha relación con Zaragoza, ciudad en la que se licenció en Derecho en 1897. Hoy, 80 años después de su fallecimiento en el exilio francés, la vida de esta figura trascendental ha regresado a la capital aragonesa con una exposición que, desde el pasado 29 de abril y hasta el próximo 19 de junio, acoge el Museo de Zaragoza.

Una muestra bajo el nombre «Azaña: intelectual y estadista. A los 80 años de su fallecimiento en el exilio» que el consejero de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Felipe Faci, ha visitado este miércoles junto a varias autoridades del Gobierno central, como el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez; el presidente de Acción Cultural Española, José Andrés Torres, y la delegada del Gobierno en Aragón, Rosa María Serrano. Desde la legalización del matrimonio civil y el divorcio hasta la concesión de la autonomía a Cataluña o la puesta en marcha de una reforma agraria, las reformas de Azaña durante el bienio social-azañista dejaron una huella imborrable en la política, que hoy en día sigue vigente independientemente del partido que gobierne.

Así lo ha reconocido Faci, que ha afirmado que “es un lujo tener en Zaragoza una exposición de una figura tan relevante para la política española que debería ser conocida por todo el mundo”. Fernando Martínez ha querido agradecer la buena acogida del Gobierno de Aragón a este trabajo que busca “divulgar y reconocer la trayectoria vital, intelectual y política de Manuel Azaña, una de las personalidades más eminentes de la España del siglo XX”.

Azaña destacó, según el secretario de Estado de Memoria Democrática, “por su compromiso ético y, fundamentalmente, por la gran calidad de su pensamiento, que lo convierte en uno de los grandes estadistas de la España Contemporánea”. A lo largo de varios meses, esta exposición itinerante se ha podido disfrutar, entre otros lugares, en la Biblioteca Nacional de Madrid, la ciudad natal de Azaña, Alcalá de Henares, o Granada.

Una de las comisarias de la muestra, María Ángeles Egido, ha asegurado que “siendo conscientes de que se trata de una figura controvertida, con muchos claroscuros”, quisieron “poner el foco de atención sobre dos de sus condiciones fundamentales”. La primera, su condición de intelectual: “Azaña cultivó todos los géneros: fue ensayista, periodista, traductor, dramaturgo, novelista e incluso obtuvo el Premio Nacional de Literatura”, ha explicado Egido. La segunda, ha proseguido la comisaria, “fue la de estadista, en el sentido de que tuvo en mente un proyecto para la transformación de España”.

La exposición proporciona una imagen completa de Manuel Azaña en su triple dimensión: humana, intelectual y política. Esta subraya, además de su labor como Ministro, Jefe de Gobierno y Presidente de la República, su condición de intelectual de prestigio, así como las duras condiciones de su exilio, que concluyó con su fallecimiento en noviembre de 1940 en la ciudad francesa de Montauban, donde su recuerdo sigue presente ocho décadas después.

Desde su infancia y juventud en Alcalá de Henares y pasando por su posterior desarrollo en Madrid, esta muestra se va adentrando en tres etapas cruciales de la historia de España: la Segunda República, la Guerra Civil y el exilio. En total, un conjunto de 200 obras, procedentes tanto de la Biblioteca Nacional como de otras instituciones nacionales y extranjeras, entre las que destacan algunas fotografías y vídeos que eran hasta ahora muy poco conocidos.

“La República será democrática o no será”, ha recordado la comisaria de la exposición, una frase que resume todo lo que pretende representar esta muestra y, al mismo tiempo, lo que supuso la figura y la obra de Manuel Azaña. Una figura fundamental para comprender la Memoria Democrática de España, que, tal como ha afirmado Egido, “últimamente está siendo puesta en cuestión”.

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