El 80% de los ictus son evitables si se controlan los factores de riesgo

Los profesionales del Miguel Servet se han reunido con diversas asociaciones para mejorar la atención de estos enfermos

En Aragón se producen entre 2.500 y 3.000 ictus al año que conllevan algún grado de minusvalía, una patología que se considera evitable si se controlan los factores de riesgo que se pueden modificar. Así, los expertos insisten en que más del 80% de los ictus son evitables si se controlan estos factores: tensión arterial, consumo de tabaco o alcohol, dieta, actividad física…

A pesar de ello, los pacientes creen que todavía hay carencias en la información que se recibe de esta enfermedad; por ello, los profesionales del Hospital Miguel Servet se han reunido esta mañana, dentro del programa «El paciente, protagonista», con diversas asociaciones para mejorar la atención de estos enfermos.

El ictus es una enfermedad cerebrovascular de gran impacto social y sanitario que se produce cuando hay una rotura (15% de los casos) u obstrucción (85% de los casos) en un vaso sanguíneo que reduce el flujo de sangre que llega al cerebro. Debido a que el cerebro no recibe la cantidad necesaria de sangre, las células nerviosas no reciben oxígeno y dejan de funcionar. Esta enfermedad «refleja un problema cardiovascular largo, es decir, se han estado dañando las arterias durante mucho tiempo y, finalmente, una de ellas se ocluye o se rompe», ha explicado el jefe de sección Neurovascular del Hospital Miguel Servet, Javier Marta Moreno.

Con este foro de encuentro, asociaciones y profesionales buscan saber cómo se ve la enfermedad desde las dos caras de la moneda para llegar, así, a mejorar la atención médica e implementar medidas de humanización que contribuyan a mejorar la experiencia del paciente. El doctor Marta ha señalado que «se ha avanzado mucho» con el paso de los años, especialmente con respecto a «la empatía del profesional hacia el problema de salud y la forma de acercarse al paciente y saber que para él es un momento muy duro. Hay dos momentos clave: el ingreso en el hospital, cuando te dicen lo que hay, que has tenido una lesión cerebral y hay que enseñar a digerir eso; y luego cuando te dan el alta y la vuelta a casa». Por ello, según Marta, los médicos deben «saber escuchar y dedicar tiempo al paciente, que es lo realmente complicado, porque precisamente lo que nos falta es tiempo».

Desde las asociaciones de pacientes, reclaman más control una vez se les ha dado el alta y que «en Atención Primaria sería primordial contarles qué es lo que tienen, por qué toman su medicación…», ha comentado el presidente de la Asociación Ictus de Aragón (AIDA), Miguel Lierta Lario. Desde AIDA invierten su tiempo en prevenir e informar a la población aragonesa de los riesgos que supone sufrir un ictus. «Vamos por las 33 comarcas de Aragón contando qué es un ictus, los síntomas y qué deben hacer cuando creen que a una persona le ha dado un ictus. También les hablamos de los factores modificables: alimentación, vida sana, ir con frecuencia al médico… que parece una tontería pero es muy importante», ha destacado Lierta.

Prevención e identificación de un ictus

Los médicos no dejan de remarcar que un ictus es una enfermedad evitable si se tienen en cuenta lo que llaman factores modificables, es decir, acciones que el propio paciente puede llevar a cabo para reducir las posibilidades de sufrir un ictus. El doctor Marta, ha señalado que «para cuidar las arterias es fundamental controlar la presión arterial, no fumar, el control del azúcar, los lípidos… todo esto está muy ligado a estilos de vida, por eso es importante difundir entre la población la importancia de una dieta saludable, con pocas grasas, con pocos azúcares, una vida con ejercicio, sin tabaco, sin alcohol…». Además, Marta ha recomendado tomarse la presión arterial cada dos o tres meses a partir de los 40 o 45 años.

Asimismo, el doctor ha incidido en los síntomas que el público debe reconocer como señal de que se puede estar sufriendo un ictus, y que pueden ir desde dificultad para hablar hasta parálisis o torpeza en manos o piernas. «Los síntomas son un reflejo de la zona cerebral afectada por el ictus. Si lo que falla es la zona del habla, se tendrá un problema del habla; si lo que te falla es de movilidad de la mano o de la pierna, tendrás un problema en la pierna», ha explicado Marta, por ello «el mensaje para llevar a casa es que cualquier defecto del habla, cualquier desviación de la cara, cualquier parálisis o torpeza de la mano, o combinación de todas, te lleve a llamar al 061, donde te harán un checklist rápido y te dirán si parece o no parece un ictus», ha finalizado.

Reducción de ruidos en el hospital

A raíz de las opiniones de los pacientes y las encuestas que realizan desde hace unos años, en el hospital están empezando a implementar medidas de reducción de ruidos que incomodan y hacen su estancia más desagradable. «Son medidas sencillas que podemos realizar nosotros mismos y no suponen ningún sobrecoste, como lubricar las puertas para evitar ruidos por la noche o dar los cambios de turno en un despacho en lugar de en control de enfermería que, además de evitar molestias a los pacientes, es mucho más cómodo porque no hay interrupciones», ha explicado la supervisora de la Unidad de Cuidados de hospitalización de Neurología, María Jesús Chopo. Otra de las medidas es la minimización de luces, especialmente por las noches, para evitar interrumpir el descanso.

«Nosotros no somos conscientes de estos ruidos porque forman parte de nuestra actividad del día a día y cuando te paras a pensar te das cuenta que con una mínima intervención puedes beneficiar al paciente», ha comentado Chopo, por ello ahora han retomado un proyecto que hace años no se llegó a materializar y que consistía en «una especie de semáforos que, cuando la voz se eleva por encima de unos decibelios, se enciende una lucecita roja para indicar que hay un problema».

Los técnicos y los enfermeros son los que más tiempo pasan con estos pacientes en unas estancias «no demasiado largas, pero sí muy intensas porque dependen de nosotras para casi todo». Por ello son más sensibles a sus necesidades e intentan ponerse en su lugar y comprender cómo les afectan los ruidos de su alrededor. Igualmente, ha señalado Chopo, trabajan muy de cerca con la familia ya que su implicación les facilita mucho el trabajo y porque entienden que un ictus «supone un impacto emocional muy grande y rompe los esquemas de cualquier familia».

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