Proteger al chico Juan

Juan tiene 13 años. El último día que vino al instituto lo trajo la Policía nacional. A ratos desbaratado, cariñoso, le gusta el baloncesto y cada vez más consumir drogas.

Los Servicios Sociales del Ayuntamiento lo han estudiado y lo han derivado al Servicio de Menores del Gobierno de Aragón, donde están tan saturados. También ha pasado por la Unidad de Salud Mental por Psicología pero va poco y no se puede hacer que vaya más.

Al instituto dejó de venir hace mucho, aunque se le llama y se intenta, pero no se ve con otros compañeros de 1º ESO haciendo lengua y mates. Ahora sus colegas de calle son mayores de edad y alguno ya conoce Zuera.

Esto es Huesca, nos conocemos todos, pero eso a él no le sirve para nada.

Y así estamos, han pasado 4 meses desde el primer informe del Jefe de Estudios donde ya se ponía que todo lo que no se invierta en prevención se hará en cárcel. Todo un sistema trabajando y demostrando que este chico se nos ha escapado por las grietas como si fuera cristal y cada día se estrella contra el suelo con más consumos y más «espiazado».

¿Opciones? La del pataleo de esta carta, de otra al Justicia de Aragón, al Defensor del menor… ¿Y? Él seguirá en la calle hasta que llegue la crónica de una muerte anunciada.

No hay recursos para atender a un crío al que le han tocado malas cartas en la vida. Otro ejemplo de un niño roto con todo un sistema lento para evitar el desastre. Pero él existe de verdad y hoy volverá a las calles de Huesca. ¿Llegaremos a tiempo de protegerlo?

Lola Giménez, orientadora

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