Jorge Gay: «Pintar es ir hasta el final a verte el alma»

El pintor aragonés ha sentido fascinación por innumerables obras

Van Gogh dijo que la vida no sería nada si no tuviésemos el valor para crear cosas nuevas. Y para Jorge Gay (Zaragoza, 1950) la vida palpita con más fuerza cada vez que se enfrenta a un lienzo en blanco. Allí, en esa ventana abierta al mundo, intenta ordenar la memoria y resolver los misterios de un universo que es mucho más bello gracias al arte. Para él, pintar es viajar hasta el interior de cada uno, tan tan adentro como para ver y entender el propio alma. Y es que con ese sutil y pasional movimiento del pincel o de las propias manos sobre el lienzo, el pintor hace del pensamiento un signo que se torne presencia. Mondrian, Rafael… el pintor aragonés ha sentido fascinación por innumerables obras, no solo de pintura sino también de danza, literatura, música. Una pasión común a todas sus piezas ya sean dibujos, pinturas o murales. Gay ha estudiado en Madrid y Barcelona y vivido en Roma, Venecia o París, y ha aprendido y se ha perdido en cualquier lugar donde el arte sea fascinante, pasional y bello.

Pregunta.- «Naufragar en este mar es dulce, en él navega la pintura. Así que, en esta inmensidad, mi pensamiento anego y naufragar me es dulce en este mar». ¿Alguna vez se ha sentido perdido, como un náufrago, en este mundo del arte?
Respuesta.- Este es el final de uno de los Cantos del poeta italiano Leopardi. Entresaqué ese verso del poema y lo puse encabezando mi página web. Navegar en esa inmensidad que es el arte me es dulce. En ese encabezamiento también añado que los que entraron al mar descubrieron que amarlo exigiría una larga tarea, una inmensa paciencia. Esa es la paciencia que requiere entrar en el mundo de la pintura para saber desentrañarla y aprender a amarla. Muchas veces te sientes perdido, pero la pintura es un oficio que requiere perseverancia, obstinación, constancia, insistencia… y cuando me he sentido perdido he procurado insistir, perseverar; ir a la búsqueda hasta volver a encontrarte. De eso se trata la imaginación.

P.- ¿Qué es para usted la pintura?
R.- La pintura tal como yo la entiendo es muchas cosas. Es una manera de interpretar el mundo. Pintar es hacer del pensamiento un signo que se torne presencia. La pintura es una mirada antigua, un gesto remoto que hacen los humanos desde las cavernas: desde Altamira o Lascaux…ese es su encanto; pintar es una respuesta más al misterio del universo. Pintar es ordenar la memoria y construir un mundo; no hacer réplica de él. Pintar no representa. Cuando pintas construyes. Pintar no sólo es, aunque también lo sea, jugar con los colores. Pintar es ir hasta el final a verte el alma. Pintar es una respuesta más al misterio del universo, y lo importante, lo imprescindible es que tengas algo que decir; algo que contar, algo que aportar. Que a pesar de todos los avatares sigas teniendo el deseo y la necesidad de pintar.

El artista inscribe su obra en la pintura figurativa y con ella procura penetrar bajo la apariencia de las cosas

P.- ¿Cómo definiría su obra?
R.- Pinto para contar la vida, para cantar la vida y celebrarla; intentando poner siempre lo que falta sin añadir nada a lo que sobra. Mi obra, sin negar ninguna otra opción, se inscribiría en lo que se llama pintura figurativa y con ella procuro penetrar bajo la apariencia de las cosas; ir a encontrar su estructura, para asirla, comprenderla y desvelar el misterio del mundo, el espíritu de las cosas. Crear con ella un paisaje, un lugar que invite a la belleza; la belleza que convoca nuestra memoria y nos despierta. Con mi pintura intento metaforizar el mundo y con ello hacer vibrar; intento que fascine y provoque una nueva interpretación de lo que nos rodea.

P.-¿Qué le inspira?
R.- Me inspira el trabajar; sentir que puedo seguir trabajando, que tiro hacia adelante. Que participo del arte como de la vida. Mi obra va cargada de pasado para intentar hacerla futuro. Alargar la vida de los que se fueron y hacerla nueva para los que llegan. Me inspira el poder hacer un paisaje nuevo para seguir haciendo creíble el mundo.

P.- Dijo una vez: “Pinto por si todavía faltase alguna pintura por hacerse” ¿Echa algo de menos en el mundo del arte actual? ¿Falta algo por hacerse?
R.- Sé que todo es muy complejo, que el mundo es difícil y muchas veces está envuelto en tiniebla, (sólo hay que ver lo que ocurre en estos días a las puertas de Europa) por eso, además de la denuncia o la constatación de la barbarie que tantas veces el arte refleja, siempre agradezco encontrar una obra que se torne armoniosa, cálida, envolvente, prometedora… que anuncie la celebración de la vida.

P.- ¿Cómo ha sido el proceso de llevar Los Fugaces Párpados a la pantalla?
R.- La película “Los Fugaces Párpados” nace para hacer crecer lo que, en su momento, fueron una exposición y un libro de poemas que tuvieron el mismo título; y para que quedase memoria de ello en otro formato, con otro recorrido. Algo que creciese por caminos nuevos, mezclando conceptos y sensaciones que provocaran reflexiones y emociones nuevas.

Coincidió en el tiempo que a esa necesidad que sentí se sumaron otras voluntades que, de alguna manera y por otras derivas, se proponían hacer algo similar: Marta Horno, la directora de cine, quería filmar la exposición y tenerla como archivo y biblioteca para futuros proyectos. El mundo, la vida, nos puso en el mismo camino. Así es el arte.

Eso ha ocurrido en “Los Fugaces Párpados”. La vida hizo que diferentes maneras de construir el arte se unieran: música, cine, pintura, poesía… Y lo hacían con el propósito de crear algo nuevo; un proyecto que sumara voluntades, una voluntad nueva para interpretar el mundo. Así, sumando voluntades, fueron creciendo “Los Fugaces Párpados” hasta hacerse realidad; navegando en la música que hizo Joaquín Pardinilla para poder traspasar el jardín del sueño. “Los Fugaces Párpados” es esa suma, un compendio, una quimera visual, retazos de la vida de un pintor que fijaba el mundo en su mirada para poder decirlo con el corazón.

Pero “Los Fugaces Párpados” es también, y sobre todo, una defensa casi numantina de la pintura. La pintura como gesto remoto, como el que tuvieron los de Altamira. La pintura como mirada ancestral ante la realidad. La que siempre buscó detener el tiempo e intenta encontrar la materia primigenia. El oficio de pintar como algo que toca y que palpa, que invita a sumergir el pincel en la materia del mismo modo que el hombre de ayer entreabrió la tierra con sus manos para reconocer el origen.

P.- El Síndrome de Stendhal es la fascinación absoluta por una obra de arte desmesuradamente bella. Quizás no a tan gran escala, pero, ¿recuerda alguna obra en concreto o algún momento en que haya sentido esta fascinación?
R.- He sentido fascinación por mucha pintura. Disfruto con la contemplación. Ha habido muchas obras que me han entusiasmado, muchísimas: tanto en pintura como en música, cine, teatro, danza…, pero si tuviera que elegir serían dos dibujos: Recuerdo como sublimes uno de Mondrian en un pasillo de la Fundación Guggenheim de Venecia y el gran cartón de Rafael para la Escuela de Atenas en la Pinacoteca Ambrosiana de Milán.

Para Gay, el oficio de pintar es sinónimo de perseverancia, constancia, lucidez, tozudez e insistencia

P.- ¿Alguna vez se ha enfrentado a una sequía creativa? ¿Cómo hace para salir de ese lienzo en blanco?
R.- El oficio de pintar es sinónimo de perseverancia, constancia, lucidez, tozudez, insistencia. Para salir del lienzo en blanco hay que estar dispuesto a la tenacidad. Somos vulnerables y frágiles y el pintor necesita de soledad, ensimismamiento y concentración: desde ese lugar es como se empieza a salir del lienzo en blanco.

P.- Cuánto hay de Aragón en su obra? ¿Cuánto hay de quién es?
R.- Somos lo que hemos visto, somos del paisaje donde se educaron los ojos del corazón. Somos del lugar donde se nos revelo la luz y descubrimos el mundo. Donde se nos constató e hizo presente. Esa revelación es la fiesta de nuestra niñez, la que nos hace eternos. Pintar es saber perpetuar esa emoción primera.

P.- Ha vivido en diferentes ciudades, supongo que en cada una de ellas había una forma de entender el arte. ¿En qué se diferencian cada una de ellas? ¿Puede elegir alguna?
R.- Viajar abre los poros del entendimiento, de la comprensión, de lo solidario…. Y ponerte a la altura de la circunstancia en la que te embarcas, eso es aprender. He estudiado en Madrid y Barcelona. He vivido en Venecia, Roma, Paris… En todos intenté aprender y ensanchar mi horizonte y espero poder parafrasear a Goya que al final de sus días decía “todavía aprendo”. Sería muestra inequívoca de vitalidad, de pujanza y de embeleso ante la vida…. Aunque también tan importante como marchar es saber volver.

P.- ¿Cree que es necesario educar y fomentar esa sensibilidad artística para que las futuras generaciones aprendan a mirar y a valorar el arte?
R.- Esta respuesta necesitaría una tesis pero resumiendo puedo afirmar que es imprescindible la educación. Absolutamente necesario educar para tener percepciones privilegiadas de lo misterioso, de la comprensión sensible de la vida y poder a su través preservar los frágiles momentos de la revelación; aquellos en los que se descubre la luz sobre la vida.

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