Zaragoza acompaña a una Virgen María que llora la muerte de su hijo

No hay nada más fuerte en este mundo que el dolor que siente una madre por su hijo o hija. Así, con lágrimas, mostró al mundo la Virgen María el desconsuelo que supone perder a tu hijo, que murió crucificado en el monte Calvario. Zaragoza acompañó este Martes Santo, tregua de la lluvia mediante, a la Cofradía del Descendimiento de la Cruz y Lágrimas de Nuestra Señora que celebró el 50 aniversario de la procesión de las Lágrimas.

Un desfile con homenaje al capellán del Hospital Miguel Servet y recuerdo a los enfermos y víctimas del Covid, así como con agradecimiento al personal sanitario que ha luchado contra la pandemia. Una salida con tintes aragoneses, más allá del tambor y el bombo, como son las saetas joteras, y con una emoción especial en los cofrades de una de las hermandades más numerosas de la ciudad.

El Martes Santo también dejó el traslado del Cristo del Refugio, portado a hombros por los hermanos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro, primera agrupación penitencial de la Semana Santa de Zaragoza, fundada en 1937. Como novedad este año, recorrió el paseo Independencia de la capital aragonesa para finalizar en San Cayetano, donde aguarda el paso titular de La Piedad.

Zaragoza fue testigo, en pleno corazón del barrio del Gancho, de la oración que Jesús rezó en el monte de los Olivos antes de ser arrestado. La Real Cofradía de la Oración de Nuestro Señor en el Huerto recorrió Conde Aranda para finalizar en la plaza de El Justicia. También procesionaron la Hermandad de Cristo Despojado de sus vestiduras y Compasión de Nuestra Señora, la Cofradía de la Crucifixión del Señor y de la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, la Cofradía de la Institución de la Sagrada Eucaristía y la Cofradía de Cristo Abrazado a la Cruz y de la Verónica.

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