Estas curiosas tradiciones de Semana Santa solo se pueden disfrutar en Aragón

Cornetas, bombos y tambores están más que preparados para hacer vibrar de nuevo las calles y los corazones de todos aquellos que esperan con ansia estas fechas. Foto: Laura Trives

Ya se escuchan los redobles que, año tras año, marcan la cuenta atrás para la Semana Santa. Cornetas, bombos y tambores están más que preparados para hacer vibrar de nuevo las calles y los corazones de todos aquellos que esperan con ansia estas fechas. Este 2022 todavía más si cabe, tras los dos años de parón que han tenido que sufrir las principales procesiones y actos religiosos por la pandemia. Ruido y sobre todo pasión se fusionan en una semana cargada de riqueza cultural que merece la pena disfrutar en España y que, en Aragón, se vive de una forma especial.

No son pocas las tradiciones que llenan las calles aragonesas de ambiente devoto, y muchas de ellas se caracterizan por ser únicas y propias de la comunidad, que vive estas celebraciones religiosas de forma muy particular. De hecho, no es casualidad que la Semana Santa zaragozana esté reconocida como Fiesta de Interés Turístico Internacional y Nacional, o que la celebración de la muerte y resurrección de Jesús en muchas localidades aragonesas lo sean de interés regional.

Ruido y sobre todo pasión se fusionan en una semana cargada de riqueza cultural que merece la pena disfrutar en España. Foto: Laura Trives

Algunas son tan curiosas e incluso desconocidas que resulta necesaria una recopilación de las más relevantes. Eso sí, todas ellas tienen algo en común: los habitantes de cada municipio se vuelcan en estas fiestas de una forma que no deja indiferente a nadie, y así lo volverán a hacer del 10 al 17 de abril.

El esqueleto de la procesión del Santo Entierro de Ateca

Mide metro y medio, está engarzado con alambres y, por la anchura de sus caderas, se deduce que es femenino. Se trata de un auténtico esqueleto humano, completo, con más de 350 años de historia a sus espaldas. Cada Semana Santa se pasea por las calles de Ateca proclamándose el verdadero protagonista de la procesión del Santo Entierro por delante de los vecinos del pueblo, que salen al paso caracterizados de personajes bíblicos.

“La muerte de Ateca” salió por primera vez en 1661. Foto: Blog Turismo Ateca

“La muerte de Ateca” es el nombre del esqueleto portado sobre unas andas a hombros por cuatro mujeres ataviadas con túnicas negras. Salió por primera vez en 1661 y todavía hoy continúa presidiendo una de las tradiciones aragonesas más peculiares que parte la tarde del Viernes Santo de la parroquia del pueblo. La localidad, vecina de Calatayud y de unos 1.800 habitantes, observa con respeto el camino de este “Paso de la muerte”, y es que la leyenda asegura que, si el esqueleto se detiene frente a alguna vivienda, ésta vivirá al año siguiente, por seguro, una irremediable tragedia.

Las plañideras de Graus

Los lamentos de las mujeres de Graus estremecerán a cualquiera que se pasee por el municipio oscense el Miércoles Santo, último día completo de la Cuaresma, o lo que es lo mismo, el día que Jesús fue entregado por el Sanedrín tras la traición de Judas. En la conocida como procesión de Las Beatas o El Farolé no solo destacan los pequeños faroles que iluminan la noche con su luz tenue. Impacta, sobre todo, la recreación de la agonía de Jesús camino del Calvario, un vía crucis en el que los lamentos de las plañideras acaparan todo foco de atención. Los llantos desconsolados de estas mujeres rompen el silencio sepulcral de las calles grausinas, que cada Semana Santa brillan con una luz especial.

Recuperada por la Cofradía de la Magdalena y la Soledad, la conocida procesión del Miércoles de Dolor estaba, tradicionalmente, reservada a las mujeres, mientras que los hombres asistían a la del Viernes Santo. Desde los años ochenta, un nutrido grupo de personas, en su mayoría jóvenes, escenifican en el casco antiguo de Graus las distintas estaciones que recuerdan el camino del Calvario, con todos los personajes que fueron testigos de este hecho: la Verónica, la guardia romana, las tres Marías y Jesús, que carga la cruz durante todo el recorrido.

Desde la Basílica de la Virgen de la Peña de Graus, tiene lugar la procesión de las Beatas o del Farolé (Vía Crucis). Foto: Blog Turismo en Graus

La procesión, que antiguamente partía de la basílica de la Peña, comienza desde hace algunos años en la iglesia de San Miguel. Es la gente del propio pueblo la que se encarga de representarla como si de un teatro se tratase, en una tradición más que arraigada que invita a turistas de todas partes del mundo a curiosear, y que se ha consagrado ya como una de las costumbres más singulares de la provincia de Huesca.

La subasta de los pasos en Biel

En las Cinco Villas, los habitantes de Biel pujan en el anochecer del Viernes Santo en “La subasta de los pasos”. Allí se enfrentan por poder llevar, en la procesión, cada palo de las andas de los nueve pasos que ofrece la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús. Un acto singular que se repite en la localidad desde hace más de un siglo y que otorga a quien más puja el innegable honor que trae consigo poder portar las peanas.

La tradición tiene origen en las antiguas discusiones en las que se veían envueltos los vecinos de Biel cada Semana Santa por poder llevarlos, en las que incluso llegaban a las manos. Ahora, los fondos recaudados en estas subastas -muchas veces cifras considerables- se destinan al mantenimiento del patrimonio litúrgico, lo que permite reponer los hábitos de los cofrades y las velas que se entregan en la procesión. Una puja rodeada de expectación que congrega ante la ermita a todo el pueblo y a los numerosos visitantes que acuden a Biel para pasar en este rincón aragonés una semana cargada de emociones.

El lanzamiento de las lágrimas en Alcalá de Gurrea

Las calles de Alcalá de Gurrea se preparan cada Jueves Santo para el desfile de una procesión muy especial: “Las lágrimas de Nuestra Señora”. Una lluvia de pétalos de flores, que los vecinos de la localidad oscense propician desde sus ventanas y balcones en la calle Mayor, llena de color la villa y sorprende a todo el que acude a contemplar este acto, conocido como “El lanzamiento de las lágrimas”. Un símbolo de las lágrimas que María derramó ante la Pasión, y que puede verse en otras procesiones de la comunidad, como puede ser la de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor Jesús de la Humildad entregado por el Sanedrín y de María Santísima del Dulce Nombre, que desfila el Domingo de Ramos por la tarde.

Matracas y carraclas ponen el broche de oro y ayudan a hacer del de la Dolorosa un paso todavía más sorprendente, y es que la extendida tradición de los toques de tambor nunca ha llegado a calar en Alcalá de Gurrea, que tradicionalmente sustituía los habituales repiques de campanas de la Semana Santa por el sonido de estos dos instrumentos de percusión.

La Rompida de la hora en la Puebla de Híjar

Aunque de sobra conocido, si se habla de la Semana Santa aragonesa no se puede pasar por alto este acto, celebrado en varios municipios del Bajo Aragón. La Rompida de la Hora es una tradición única en Aragón que deja boquiabiertos a todos los que se animan a venir a la comunidad en estas fiestas y que vive su máximo esplendor en la localidad turolense de Calanda.

Procesión del Pregón en Calanda. Foto: Agustí Amorós

Pero también rompen la hora los municipios de Albalate del Arzobispo, Alcora, Alcorisa, Andorra, Calanda, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda y Urrea de Gaén. Un acto en el que tambores y bombos resuenan al unísono en representación del estruendo que se escuchó en la Tierra tras la muerte de Jesucristo, con el único objetivo de hacer ruido.

La de la Puebla de Híjar es una de las más singulares, puesto que en esta los vecinos salen a la plaza de España a las 0.00 horas del Jueves Santo vestidos con ropa de calle. El hecho de que salgan sin túnica pretende desde hace años reflejar, con orgullo, el origen humilde de muchos lugareños, que no tenían la capacidad económica suficiente para disponer del hábito, y facilita también la integración de cualquier visitante.

El Abajamiento de Castejón de Monegros

Después de reposar durante todo el año en el interior de la ermita del Hospital, el Cristo articulado de Castejón de Monegros, datado del siglo XVII, sale a las calles del municipio cada Viernes Santo para protagonizar el tradicional acto del “Abajamiento”.

También conocido como el “Descendimiento del Cristo”, en esta ceremonia los cofrades de la Sangre de Cristo trasladan en procesión a Jesús hasta la iglesia parroquial con el fin de que conforme el Monumento, junto a la imagen también articulada de la Dolorosa. A lo largo de toda la jornada, ambos permanecen custodiados por un mínimo de cuatro soldados romanos, que se turnan en guardias de una hora y que portan cascos y lanzas de, al menos, 150 años de antigüedad. El movimiento de la imagen de la Virgen, que cabecea imitando el gesto natural del llanto, dota de un gran realismo a la escena, pero ni siquiera esta consigue superar la potencia visual del posterior “Abajamiento”, cuando los soldados desclavan a Jesús de la Cruz y le desprenden de su corona de espinas. Durante el ritual, la iglesia, que dos horas antes ya está repleta de gente, se mantiene en tinieblas, y solo un foco ilumina el desarrollo del acto.

Pero esta no es la única curiosidad relacionada con la Semana Santa que aguarda la comarca oscense de Los Monegros, donde también se puede disfrutar, entre otras tradiciones, del canto del reloj de Peñalba, las balconadas de Lanaja o las Cortesías de Sena.

El Sermón de las Tortillas en Teruel

Y como colofón a una semana festiva, la ciudad de Teruel alarga sus tradiciones hasta el Martes de Pascua, posterior a la Resurrección de Jesús, cuando muestra su lado más gastronómico con el Sermón de las Tortillas.

La ciudad de Teruel muestra su lado más gastronómico con el Sermón de las Tortillas

Los turolenses salen al campo durante todo el día acompañados por una abundante cesta de comida, y allí familias y amigos se reúnen y disfrutan de manjares entre los que nunca falta el jamón de Teruel, pero mucho menos una apetecible y sabrosa tortilla.

Los orígenes de esta celebración se remontan a la Baja Edad Media y, aunque a día de hoy se ha despojado de todo significado religioso, continúa siendo un éxito como fiesta popular, una fiesta que consigue que cada martes después de Pascua la ciudad se siga quedando vacía y los parajes naturales, como el de Fuentecerrada, se llenen de alegría para terminar la Semana Santa por todo lo alto.

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