José Ignacio Martínez Val / Director de Martínez-Val Abogados

El románico aragonés

José Ignacio Martínez Val

España, como cualquier isla o península muy cerrada del orbe, es peculiar en relación con regiones más amplias, extensas y pobladas. Aquí todavía mantenemos costumbres ya extinguidas hace siglos en otros países, como las batallas entre humanos y bestias en un anfiteatro con arena. O las procesiones. O las luchas de clase al más puro estilo decimonónico, considerando al empresario, por defecto, un negrero. Hoy día somos así. Algo primitivos en algunas cuestiones.

Pero esto, que podemos tildar, en términos generales, como algo negativo, no siempre es así. De hecho, hay cosas positivas en el hecho de que en España tengamos fósiles culturales. Una de ellas es la gran cantidad de arte románico (s. X – XII) que existe en el territorio peninsular.

Y una región que puede vanagloriarse de poseer arte románico para aburrir es Aragón, algo que en España y lo peor, en Aragón, es poco conocido. De hecho, en la Wikipedia no aparece referencia alguna al románico aragonés en la página dedicada al románico español. Y qué coraje da que esto sea así.

El románico, arte, en general, modesto, sobre todo si lo comparamos con el majestuoso gótico o el excesivo barroco, pero envuelto en un halo de misticismo y magia, sobre todo si pensamos que estuvo en boga hace un milenio, se desarrolló en Aragón especialmente en el norte de nuestra región. Obvio por otra parte, si tenemos en cuenta que, siendo un arte cristiano, en su apogeo, los territorios cristianos en lo que hoy es Aragón se situaban prácticamente en los valles pirenaicos.

Así, donde abunda el románico como la hierba en Escocía es en las comarcas pirenaicas y prepirenaica, donde existen cientos de ermitas, iglesias, puentes y castillos, muchos de ellos en muy buen estado. Escó, Sigüés, Puente de la Reina, Jaca, Borau, Larrosa y su espléndida Santa María de Iguacel, Jaca y su catedral, San Juan de la Peña, Santa Cruz de la Serós, Siresa y su monasterio, Navasa, el Serrablo (Larrede, Orós Bajo, Gavín,…), Asín de Broto, Broto, Aínsa, Sercué, Bisaurri, Murillo de Gállego, Bolea, Agüero, Berbegal, Peralta de Alcolea, Yaso, Chalamera… Decenas de municipios con importantes muestras de arte románico.

Pero, poco a poco, fue descendiendo hacia latitudes más meridionales, conforme se iba conquistando territorio a los musulmanes.

Así, yendo hacia el sur, y ya en la provincia de Zaragoza, la única comarca donde hay un número apreciable de muestras de arte románico es en las Cinco Villas, llevándose la palma en esta fantástica comarca, por cantidad y relevancia, la localidad de Uncastillo, aunque también encontramos restos destacables en Sos, Biel o Asín.

En el resto de Aragón, nos encontramos con muestras de románico más aisladas (e incluso inexistentes en muchas zonas de Teruel) pero no por ello poco relevantes: Tarazona, Zaragoza, Pedrola, Alcañiz, Veruela, Azuara…

En definitiva, los aragoneses deberíamos presumir, hacer gala y sentirnos orgullosos de ser una de las regiones españolas más importantes de arte románico, algo que, como otras cuestiones de las que nos deberíamos sentir orgullosos, lo llevamos en silencio. Tan en silencio que ni sabemos que tenemos este abundante, impresionante y espectacular patrimonio artístico en nuestras fronteras. Creo que es hora de conocerlo, visitarlo y darlo a conocer urbi et orbi. Amén.

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