Aquel embaucador que vive de los que necesitan creer: el Tartufo de Pepe Viyuela llega al Principal

Pepe Viyuela se convierte en Tartufo, en el Principal del 7 al 10 de abril. Foto: Laura Trives

El Tartufo de Molière es mentiroso, hipócrita, perverso, un ser despreciable que nadie querría tener cerca. Pero Orgón lo quiere tener cerca, de hecho, lo defiende por encima de todo, a pesar de que el falso devoto busca quedarse con todos sus bienes al tiempo que seduce a su esposa. Ese es el poder del Tartufo, que viene envuelto en un aroma embaucador, en un encanto afilado y peligroso que destila seducción a su paso. Esa es la debilidad de Orgón, que todo el mundo necesita creer en algo para sostenerse. Del 7 al 10 de abril, esta dramaturgia universal llega al Teatro Principal de la mano de Pepe Viyuela. Una comedía crítica que habla de hipocresía, de mentira, de engaños. Un seductor que Molière escribió hace cuatro siglos y que podemos encontrar en el hoy en un mundo que, tras una pantalla, nos demuestra que todos necesitamos creer para vivir.

«¿Dónde están los tartufos del hoy? No los señalamos con el dedo, pero todos los tenemos en el imaginario colectivo. Por poner un ejemplo, Donald Trump y esa victoria electoral demostraron cómo se pueden conseguir las cosas a través del engaño, cómo las personas pueden dejarse manipular si perciben encanto. O los influencers que, a través de las redes sociales, muestran un mundo mágico y plenamente feliz que no es más que un engaño, pues seguro que tienen su parte triste, esa parte más oscura», ha relatado este miércoles Pepe Viyuela, que se convierte en un Tartufo que es un reto interpretativo.

El Tartufo de Lantia Escénica es un caso único y, por qué no, arriesgado. Una obra basada en una traducción en verso, datada del siglo XIX, de un texto de Molière, lo que la convierte en la única en el panorama teatral español representada en verso. A eso se suma la complejidad de un personaje despreciable, de esa devoción extrema, que no es más que un engaño, y de una exacerbación de la hipocresía que lejos de asustar a Pepe Viyuela se transforma en una «ilusión», pues todo aquel que ha leído a Molière conoce «la delicia de sus creaciones». Viyuela, junto a un reparto de excepción de otros siete actores, presenta una comedia crítica que habiendo superado ya las 100 representaciones es una apuesta segura para reír pensando.

«El público sale entusiasmado. Siente la punzada de la comedia crítica, esa en la que Molière era un auténtico experto, y de la que no te deja indiferente. La grandeza de Molière radica en que te hace reír pensando y te congela la sonrisa en ese momento en que te das cuenta de que lo que te está provocando risa realmente no tiene ninguna gracia», ha confesado el cómico.

Dice Ernesto Caballero que su Tartufo se presenta ante el entregado público como un juego teatral sin trampa ni cartón porque, paradójicamente, en el teatro todo es trampa y cartón. Una dramaturgia psicológica en la que, seguro, al público le vendrán nombres que son sinónimo de engaño y fascinación. Una comedia crítica que es una apuesta segura para todos aquellos que disfruten de la reflexión.

Molière escribió su Tartufo en 1695, aunque tendría que esperar cinco años para ver estrenada su sátira. Una sátira que hoy acusaríamos de delito de odio. Molière murió representando su Tartufo y vestido de amarillo, un hecho que bien podría resumir lo que fue la vida de este genio de la dramaturgia universal. Ahora, cuatro siglos después, nos demuestra que fue un visionario y que, ciertamente, el engaño disfrazado de encanto es una constante en la historia de la humanidad. Y es que, al fin y al cabo, todos necesitamos creer en algo para sostenernos.

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