Lorena Álvarez y su magia despidieron ayer en Delicias al invierno

El concierto tuvo lugar en el centro cívico Delicias de Zaragoza

Este domingo, como un destello tímido, apareció Lorena Álvarez (San Antolín de Ibias, Asturias 1983) en el centro cívico de Delicias. Su concierto se retrasó a este 20 de marzo y la sala, abarrotada del público habitual del centro, también contó con la presencia de jóvenes sensibles con la música tradicional o, simplemente, amantes de los planes domingueros en la ciudad.

La asturiana es una música especial. Ha cocinado pop indie en una cazuela vieja pero buena llamada folk. Una alegría musical, sincera y rítmica. Este domingo vino a cumplir con un público que le acompañó en todo momento, una conversación que hizo que te sintieras como en casa. Y es que, con más razón, debía un concierto en Aragón.

Su último trabajo nació de una residencia artística en Hecho (Huesca) en el verano de 2020 y consiguió grabar unos temas que guardaba por ahí con los Rondadores de la val d’Echo y lo hicieron muy bien. El grupo de pulsa y púa congenió estupendamente con Álvarez y produjeron cuatro canciones, un EP animoso y feliz, como desayunar fruta al sol.

Este domingo, apareció con una blusa chesa como con dos acordeones en cada brazo y acompañada de dos jóvenes con laúd y bandurria. Una experiencia mágica y, sobre todo, sincera, captó los oídos del público y una más, y una más y otra. Y así es como deben ser los conciertos en directo: cautivadoras. Y de eso sabe Lorena, sabe ganarse al público, desde el niño al mayor.

Arrancó con Dos Pájaros en un Almendro, la canción más rápida de su último EP que coció en el Pirineo. Siguió con Burro, La Mano Ardiendo (una jota a su manera muy lograda), también estuvo Novias y volvió a cerrar con Dos Pájaros en un Almendro. Un éxito hacerlo, esa canción funciona de maravilla como un telón.

Un fuerte reconocimiento a los dos músicos que acompañaron en todo momento a la artista. Disfrutaban de lo que hacían y eso al público, nos encantó. También un éxito la puesta en escena, bordados, mesas y velas. En un par de canciones, justo las versiones, se colocaron en una tabla y bebieron vino. Hasta un varón subió al escenario y acompaño con palmas lo que tocaban por pedirles probar el vino.

Amable y feliz, así podría describirse lo que ocurrió ayer en el centro cívico Delicias. El concierto que cerró cuando empezó la primavera.

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