Mª Luisa Rubio Orús / Profesional de la Educación, escritora y pintora

Difuminando el miedo

M.ª Luisa Rubio

Aterrizaje donde hice mi petición al cambio de casa… Me encuentro con un Centro de Infantil y Primaria de Difícil Desempeño. Anteriormente había visto varios vídeos sobre el Colegio al que iba a ir nueva, y, de repente, me encuentro con LAS CLASES.

Amparo, la Jefa de Estudios, opinaba sobre el tema. Otros adultos participaban en el cortometraje documental. Pero cuando vi el desparpajo de los niños, miembros del grupo, ¡me emocioné todavía más!

Sin embargo, no todo estaba ni quedaba ahí. Durante unas horas de la tarde del pasado día 10 de este mes tuve el honor de ser una más de entre el público del Primer Festival de Cine Escolar celebrado en la Facultad de Educación de Zaragoza.

Allí estuve unas horas, junto con algunos de mis compañeros, una madre, unos pocos chavales; y Rosa Llorente, la flamante Directora del Ramiro Soláns, un cole en el que se idean y ejecutan muchos proyectos desde hace tiempo, receptor de premios y ejemplo de buenas prácticas.

Fue muy grato conocer a Ainara Zubillaga, Directora Educativa de la Fundación COTEC, donde trabajan «para promover la innovación como motor de desarrollo económico y social». COTEC escogió al Solans para filmar la película LAS CLASES, que dirigió Orencio Boix Larrey, un talento de las cámaras, con el que asimismo estuve conversando a gusto.

Ya en casa me venían planos y fotografías a la mente. Orencio los ha combinado muy bien, alternando un engranaje de filtros sin enrevesamiento. El movimiento de personas y lugares nos traslada a una creatividad llena de arte. Algo de esto le comenté al autor recién terminado el acto.

Y la verdad es que no te cansas de ver. Todavía permanecerías más rato en la butaca para seguir observando con todo el detenimiento que eres capaz de concentrar.

Comenzamos con doña Filosofía caminando: dos personajes dialogan sobre Escuela y Sociedad. Son Marina Garcés y Carlos Magro, los cuales van apareciendo a lo largo de la sesión tras otras escenas. Los Centros Educativos no pueden cambiar nada solos. Necesitan del entorno y mucho más allá.

Y, sinceramente, el más que fotografiado barrio Oliver se mueve mucho en estas, así como en otras cuestiones culturales, algo relevante para dignificar y tener muy en cuenta. Hay mucha colaboración. Diría que es algo similar a una gran familia que vela por todos sus miembros, entre los cuales me incluyo. Cuando no nos tocó otra que estar en casa bajo llave, nuestra Escuela, Vecinos y Voluntarios mostraron una cordial unión.

Entradas y salidas por una puerta que transforma a la gente: es allí donde se intercambian opiniones y experiencias entre padres, familiares y profesores. Una especie de magia que se reproduce en la pantalla con una fidelidad pasmosa.

Sin embargo, el pánico estaba ahí: tras el confinamiento había muchísimas reservas a la hora de llevar a los chavales a LAS CLASES. El retorno a las aulas no fue nada fácil. El equipo del Oliver no estaba por la labor de exponer la salud de los más pequeños. De ahí que hubiera que hacer llamada tras llamada, sin dejarse a nadie, animando a que volvieran ya que se estaban tomando las máximas medidas sanitarias pertinentes para evitar al Covid-19 en la más amplia medida de todo lo posible. Plasmado tras el cristal del cámara, como si de un caleidoscopio se tratase, se percibe el cariño de los cálidos brazos abiertos, un clima acogedor de muchachos con ojos expectantes y sonrisas de alegría.

El filme transmite esta calidez con lealtad. Y lo mismo sucede con los episodios surgidos dentro de LAS CLASES. Preocupaba mucho cómo se sentían los chicos y si les apetecía estar en el Cole. Lo fundamental era ir quitando capas de miedo y que se sintieran bien del todo. Sobre todas las cosas, se tenía en el corazón la interacción entre ellos después de haber estado tanto tiempo encerrados.

La desconfianza por el citado virus seguía siendo normal. Unos lo manifestaban más que otros. Y los avisos telefónicos por parte del profesorado continuaron con su viaje durante todo el curso postenjaulamiento. No había disponibilidad para que nadie se quedase descolgado. Plataformas digitales, correos electrónicos y WhatsApp. Conexión y contacto se hicieron uno.

Esta integridad e inclusión priorizadas se palpan en el ambiente captado por la modernidad de Boix. Así como los actores de cualquier edad, que, con su facultad de ser auténticos, hicieron las delicias de quienes les contemplábamos desde nuestros asientos.

LAS CLASES no solamente depositan sus sueños entre las paredes y el patio del Centro Educativo R. Soláns, sino que se aventuran a coser entre hilvanes los deseos compartidos con las teclas en la sala de ordenadores, en las casas de alumnos entre dibujos animados y deberes, entre reflexiones hogareñas y cocina.

Desde las ondas sonoras de Radio Ramiro, sabiamente desperdigadas en orden y concierto, se traslada la mirada hacia adentro. Entrevistas y riesgos para la transformación…

Rascaduras contra la pandemia y ya menos pesadillas. Salen otros temas y se avanza con admiración por lo sencillo. Se valora más lo cotidiano y se viven momentos con calidad intensiva. Significado de la palabra introspección a favor de la praxis.

Los debates en el espacio del café, hablando emotivamente. Réplicas y contrarréplicas naturales entre el rodaje de las figuras atrapadas en libertad y la vibración de los cables en las venas. Los sentimientos se distribuyen servidos en la bandeja de la nostalgia por el pasado de camparla a nuestras anchas.

La honra de la presencia es mutua. Los sustos se van borrando del mapa mental del desasosiego. Los frutos de la paciencia comienzan a salir a flote. Y es entonces cuando los susurros de la originalidad ocupan el espacio de virtud. Es la profundidad, el trascender.

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