Un viaje por uno mismo para llegar al bienestar: Zaragoza acoge el Festival Mundial de la Felicidad

Hace diez años 194 países se pusieron de acuerdo para declarar el 20 de marzo como Día Mundial de la Felicidad

Dicen que la felicidad está en las pequeñas cosas, pero hay que saber encontrarla. Y precisamente para saber hallarla en aquel lugar donde nace, en el interior de cada uno, está el Festival Mundial de la Felicidad. Desde este jueves y hasta el domingo, Zaragoza se convierte en la capital mundial de la felicidad con más de 30 talleres y 150 ponencias que invitan a parar en un mundo en el que parece que no hay cabida para ello. La felicidad en el trabajo, la salud mental y emocional, las políticas públicas y cientos de claves para entender que la felicidad se basa en la gratitud y que, por ello, hay que practicarla y comprenderla, se pondrán sobre la mesa en un evento pionero que recae en la capital aragonesa por primera vez.

«A lo que nos invita este festival es a entender que no solamente hay que tener sino que hay que ser, hay que hacer un viaje al interior y en momentos de crisis es cuando realmente tenemos que profundizar en quienes somos», ha reconocido este jueves Luis Gallardo, presidente de la World Happiness Foundatión. Y a hacer ese viaje emocional y espiritual es a lo que ha invitado a los asistentes a la inauguración que ha tenido lugar en el Paraninfo. En un mundo con mucho ruido, el Aula Magna se ha llenado de silencio durante unos minutos y, con los ojos cerrados, cada uno ha hecho un recorrido por su ser y por esos impulsos que le han llevado a inscribirse en este Festival Mundial que conectará más de 80 países durante estos días.

Para algunos la motivación era encontrar el equilibrio. Para otros, conocerse. Sea como sea, expertos de la talla de Teresa Viejo, divulgadora y embajadora de buena voluntad de Unicef, el doctor Javier García Campayo, referente en España en la introducción del mindfulness en programas de salud o Carlos Sentís, CEO de World Impact Alliance, abordarán ese camino a la felicidad que, aunque pueda parecer lo contrario, tiene una base científica.

«Este festival marca una frontera de conocimiento entre las ciencias médicas propiamente dichas como la neurociencia y las ciencias contemplativas», ha reconocido la vicerrectora de Transferencia e Innovación Tecnológica, Gloria Cuenca. Y es que estas ciencias no hacen más que explicar que la felicidad, la gratitud, la solidaridad y el optimismo son practicables y que solo depende del individuo el saber hallar la felicidad, incluso en los momentos más oscuros.

Hace diez años 194 países se pusieron de acuerdo para declarar el 20 de marzo como Día Mundial de la Felicidad. Un derecho universal que los ponentes han querido ensalzar en la inauguración condenando la situación en Ucrania porque «los que son felices no provocan guerras».

Las plantas de bambú tardan siete años en crecer y aunque parece que durante seis años la planta permanece inmóvil la realidad es que se va nutriendo de manera pausada para florecer. Y ese es precisamente el símil que se ha utilizado en la inauguración para poner de manifiesto que, la felicidad debe practicarse y estudiarse diariamente a través de viajes por uno mismo porque los resultados, aunque tarde, llegarán.

Así, durante cuatro días, miles de personas podrán asistir a un festival que pretende dar un poco de luz y paz en un mundo con mucho ruido y demostrar que la felicidad solo depende de nosotros.

Print Friendly, PDF & Email