La gesta de Montjuic cumple mayoría de edad: el día que el Real Zaragoza tumbó a la galaxia blanca

Galletti hacía el tanto de la victoria en la prórroga. Foto: Twitter Real Zaragoza

El 17 de marzo de 2004 quedará grabado, eternamente, en la memoria y corazón de los zaragocistas. Un equipo recién ascendido a Primera División se medía a toda una galaxia madridista, donde Zidane, Figo, Raúl, Roberto Carlos y un largo etcétera de estrellas parecía destinado a llevarse la Copa del Rey del terreno de juego de Montjuic. Lo que no esperaban, ni mucho menos, es lo que sucedió aquella noche mágica en la que se rompían pronósticos y se forjaban leyendas a la velocidad de la luz.

Ya en la previa se podía entrever cómo el favoritismo del que disponía el Real Madrid era el aliciente perfecto para que el Real Zaragoza, con su piel avispa, afilara el aguijón para atar el sexto torneo copero de su historia. Los de la capital eran favoritos en todo. Bueno, en todo no. Millares de zaragocistas estaban dispuestos a demostrar que el dinero ni lo es todo en el fútbol ni tampoco es sinónimo absoluto de felicidad. Y ese disfrutar del fútbol por encima de la obligación indiscutible de ganar fue clave en el verde.

Beckham, otro fichaje de talonario de Florentino Pérez, abría la lata batiendo a César Lainez tras un disparo magistral en un lanzamiento a balón parado que resquebrajaba, no rompía, las ilusiones aragonesas. Lo hacía en el 23, pero cinco minutos más tarde, el universo equilibraba la balanza. Gran centro de Savio Bortolini desde la izquierda, pelota que quedaba a los pies de Dani García Lara, incorporado el invierno anterior junto a Movilla, y el ariete batía a César Sánchez con un derechazo ante el que nada podía hacer el que después fuera guardameta zaragocista.

El estallido de alegría se notó hasta en la plaza del Pilar y todavía fue mayor al filo del descanso. En una jugada a balón parado, Álvaro Maior cabeceaba al palo contrario para que Villa recibiera dentro del área pequeña, siendo derribado allí por Guti cuando ya se cantaba el segundo. Penalti claro y Villa, el eterno Guaje, engañaba a César para hacer el 1-2. Su celebración, emulando el escanciado de sidra de su tierra asturiana, era sólo el reflejo de lo que se viviría posteriormente.

Y eso que todavía llegaría una nueva pedrada a balón parado en el momento más doloroso, a la salida de los vestuarios. Esta vez fue Roberto Carlos el que, con su tradicional golpeo de zurda, superaba a Lainez poniendo el 2-2 en el electrónico nada más reanudarse el choque tras el descanso. Pero el Real Zaragoza creía, Víctor Muñoz creía, y los miles de aficionados zaragocistas desde la grada no estaban dispuestos a arrojar la toalla tan pronto.

Por si quedaba más espacio para la épica, Rubén Gracia Cani veía la tarjeta roja en el minuto 66 y los maños se veían obligados a aguantar con uno menos el resto del tiempo reglamentario, al que se llegó con la igualada que precedía a la prórroga.

Galletti al rescate

En el 60 había saltado al campo “Huesitos” Galletti. Dani, goleador, era el damnificado. Y el argentino acabó siendo la cara más visible de la heroicidad maña. Apenas se notaba que era el Real Zaragoza el que jugaba con uno menos, pero allí emergía Guti para nivelar la balanza numérica con su expulsión nada más comenzar la primera parte de la prórroga.

El argentino batía a César con un gran disparo lejano. Foto: Real Zaragoza

Los minutos pasaban y la sensación del “sí se puede” iba creciendo a marchas forzadas. Hubo que aguardar, pero bendita espera, al 110 para el mayor grito zaragocista de los últimos 18 años. Movilla conducía cerca de la frontal del área rival, cedía para Galletti y el argentino, con un disparo repleto de efecto, rompía las redes madridistas ante la incredulidad de quien creía que se presentaba una batalla fácil. Para el recuerdo, la cara de Casillas en el banquillo sin dar crédito a lo que estaba sucediendo.

Hubo que sufrir, como no podía ser de otra manera, hasta que Carmona Méndez, colegiado del choque, señalaba el final del encuentro. Pero nada movería ya el resultado y el destino guiñaba el ojo a un equipo que creyó en sí mismo como David frente a Goliat. Aunque la carga emocional fuera enorme y completa, tuvo especialmente en Gaby Milito, descartado ese verano por el Real Madrid tras no pasar el reconocimiento médico, el baluarte que necesitaba para soportar el peso a sus espaldas.

Aquel 17 de marzo de 2004 se ganaba la sexta Copa de la historia del Real Zaragoza, su octavo título en total. Faltaría otro, ese mismo verano, tras vencer en la Supercopa de España al Valencia, de nuevo en una eliminatoria donde no se llegaba como favorito. Ha pasado tiempo, demasiado, y todo parece mucho más lejano viendo la situación actual. Queda la esperanza de que, algún día, la historia se vuelva cíclica y los maños puedan vivir de nuevo lo que supone hacer temblar una galaxia entera.

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