Las psicólogas no creen a las niñas que acusaron a su padre de violarlas en Zaragoza

El juicio ha sido visto para sentencia esta mañana en la Audiencia Provincial de Zaragoza

Las psicólogas del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA) no vieron “creíbles” las manifestaciones de las tres hijas del varón acusado de abusar sexualmente de ellas durante, según dijeron las entonces menores, diez años. Las psicólogas, que han defendido seguir un protocolo de actuación, han expresado ante el tribunal que las presuntas víctimas eran incapaces de explicar “episodios concretos” y que relataban más los abusos sexuales sufridos en EEUU, antes de venir a España. La aparición de un preservativo con restos de ADN del acusado y su hija biológica debajo de donde presuntamente se realizaban los abusos sexuales, también ha centrado la sesión. Según han defendido dos agentes de la Policía Científica la aparición del ADN no solo se podía dar «por un roce» sino «por un frotamiento».

Estas psicólogas del IMLA también han defendido que sus respuestas “eran vagas” y que las tres compartían “un prototipo de relato”. Estas especialistas, siguiendo el protocolo tipo en este caso de actuaciones, tampoco encontraron, como han denominado, “complicaciones”. Es decir, las menores relataron que habían sufrido los abusos sexuales durante diez años y que, según han declarado las psicólogas, no les supieron decir alguna interrupción o complicación durante estos actos. Más aún, según expresaron, en una vivienda en la que vivían siete personas (el acusado, su esposa, las tres hijas y dos hijos biológicos del varón).

Sin embargo, la psiquiatra que trató a dos de las tres niñas desde 2019 no duda de la veracidad del relato y apunta a que hay “una coherencia interna de la narrativa”. Esta doctora ha afirmado que, cuando las atendió, una de las menores presentaba “un episodio depresivo muy grave” y que llegó incluso a recomendar su ingreso hospitalario en el área de agudos.

También han declarado esta mañana dos agentes de la Policía Científica que analizaron un preservativo, encontrado en un cajón del sofá donde dormía el acusado y donde supuestamente ocurrían los abusos, con restos biológicos de la hija biológica y del propio acusado. Preguntado por la defensa sobre si estos restos podrían haberse dado por un simple roce, los agentes han respondido que no y que “no es simplemente con tocar, ha tenido que ser un frotamiento”. Al lado de este preservativo, se encontró también un utensilio para alargar el pene.

Las peritos forenses del IMLA que realizaron un análisis físico de las menores tampoco encontraron signos de que estas hubiesen sufrido penetraciones vaginales sucesivas, tal y como narraron este martes ante el tribunal.

A pesar de las muestras científicas expuestas, la Fiscalía ha elevado la pena de 24 a 30 años de prisión debido, según ha explicado, a que una de las menores elevó ayer que también sufrió penetración. La fiscal defiende que lo presentado por las psicólogas del IMLA es un protocolo que puede tener sus desavenencias y que la declaración de las presuntas víctimas fue “rotunda”. Sobre la declaración de las forenses, la fiscal ha señalado que igual el pene del varón “fuese más pequeño de lo normal”, debido a la aparición del alargador, y que no provocase signos de penetración.

La acusación particular ve la prueba del preservativo y que los restos de ADN se han producido “por frotamiento” como prueba de culpa y pide para el acusado 39 años de prisión. La defensa del reo pide la absolución apoyándose en el alegato de las psicólogas y forenses del IMLA.

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