El Museo Goya enriquece su colección con cinco nuevas obras de finales del XIX y principios del XX

A la izquierda "Odalisca" y a la derecha "Penitente", las dos obras incorporadas del pintor zaragozano Francisco Pradilla. Foto: Laura Trives

Hasta cinco nuevas obras se han incorporado este martes a la colección permanente del Museo Goya de Zaragoza. Las pinturas, de los autores Francisco Pradilla, Pedro Kuntz y Valentini, Emilio Sala y Mariano Sala están enmarcadas entre finales del siglo XIX y principios del XX y se situarán en la tercera planta del museo dedicada al legado de Goya.

La presentación de los cuadros ha contado con la asistencia del director de Fundación Ibercaja, José Luis Rodrigo, y la directora del Museo Goya, Rosario Añaños. Con esta incorporación el Museo Goya cuenta ya con 521 obras expuestas al público. El director ha manifestado la voluntad de la Fundación de ampliar el museo. “Nuestra vocación y deseo es que en Zaragoza tengamos uno de los mejores museos internacionales que se convierta en referente”, ha remarcado.

La directora del Museo ha expresado que el objetivo con la ampliación es “continuar con nuestra vocación de ser un centro vivo y en continua evolución, difundiendo el patrimonio y mostrar la cultura desde el aprendizaje”.

Con respecto a los artistas, Rosario Añaños ha explicado que “son pintores muy importantes que van de la pintura de la historia a la pintura del paisaje. Una pintura más preimpresionista que sigue esas dos tendencias».

Representados todos los artistas del momento 

Estas cinco nuevas obras que se añaden a la colección permanente del museo están enmarcadas a finales del siglo XIX y principios del XX. El cambio de siglo supone para la pintura española una transición que forja una nueva personalidad plástica e introduce un abanico de géneros pictóricos que aportan frescura a la península y pasa por un proceso en el que se nutre de otras culturas, al abrirse Europa a la influencia extranjera.

A la colección del pintor zaragozano Francisco Pradilla con la que ya contaba el museo se le suman dos nuevos cuadros: “Odalisca” y “Penitente”. La primera obra se trata de un óleo sobre lienzo pintado en 1876, año en el que el artista ya había pintado otro gran cuadro, “Danza de odaliscas”. En esta pintura, se representa a una odalisca en un ambiente nocturno. De carácter erótico, la protagonista está adornada con pulseras, esclavas, tobilleras, pendientes y joyas en el cabello recogido y se muestra sentada sobre un manto de hierba pajiza con el torso desnudo, vertiendo un líquido o ungüento de un recipiente cerámico a otro. Se trata de una escena singular, ya que los instrumentos musicales que se representan no son habituales en la pintura europea de la época.

La otra obra del artista zaragozano, que llegó a ser director del Museo del Prado y es considerado uno de los mejores pintores aragoneses tras la muerte de Goya, la realizó en 1901 durante su época en la que ya se encontraba retirado, cuando experimentó con gran número de técnicas, más allá del óleo. Esta acuarela muestra el perfil de un anciano ataviado con una túnica desgastada, que sujeta con una mano su sombrero mientras siente las cuentas del rosario con la otra. Pradilla capta magníficamente los rasgos físicos a la vez que realiza una sorprendente penetración psicológica.

En 1876 Emilio Sala pintó “Fiesta de disfraces”, un cuadro con pocas referencias, viendo la más notoria a Velázquez. Este óleo sobre lienzo forma parte de una larga serie de pinturas que el artista alicantino desarrolló como parte de un género que abarcaba la decoración mural de residencias particulares y edificios públicos.

Otro zaragozano, el pintor Mariano Alonso Pérez y Villagrosa, es el artífice del cuadro de 1906 «Sol y luna», el único de los nuevos de temática mitológica. Representa la caricia entre Helios (dios del sol; auriga acompañado de brillantes rayos de sol realizados mediante pinceladas ligeras) y Selene (diosa de la Luna; junto a un cuarto de luna que la identifica sobre su carro tirado por ninfas aladas, que portan un velo oscuro, semejante a una noche estrellada) y que tiene lugar en un amanecer dorado, el único momento en el que estos dos personajes se podían ver.

“El retrato de la marquesa de Luhan” es el quinto cuadro que completa la colección. Fue pintado por Pedro Kuntz y Valentini en 1856. Este autor italiano perteneció a la familia de los Mordaz. En esta obra, se puede ver a la aristócrata española, de pie, de cuerpo entero, con sobrio vestido de seda negro de corpiño ceñido y amplia falda acampanada, adornado con cuello y bocamangas blancas de encaje. Forma parte de los múltiples retratos que durante esta época se realizaron para la aristocracia.

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