La Zaragoza heroica e inmortal que resistió con coraje ante los franceses en el Segundo Sitio

La V recreación histórica de los Sitios ha llegado a Zaragoza con expectación

¡¡¡Que vienen!!! Es 21 de diciembre de 1808 y 50.000 soldados napoleónicos entran en Zaragoza dispuestos a arrasarlo todo. Saben que la ciudad no se rinde y conocedores de esa resistencia titánica del Primer Sitio entran con la Grande Armée a una Zaragoza en la que vecinos y soldados se convierten en uno y salen a las calles a defenderse. 50.000 son los habitantes de la capital aragonesa y 30.000 los soldados de tropas españolas que han llegado hasta allí para acabar con los franceses. Disparos. Los franceses entran por el palacio de la Aljafería llenándolo todo de pólvora y con la mejor de las artillerías. ¡Viva Zaragoza!, ¡Viva la Virgen de Pilar!, «Por Fernando VII, ¡Vencer o morir!». El miedo de la guerra brilla en los ojos de las tropas españolas, pero no se van a echar atrás. Los cañonazos procedentes de los bastiones del palacio de la Aljafería sobrecogían este domingo a un público que ya en el siglo XXI asistía a una recreación fiel y emotiva de lo que fue el Segundo Sitio de Zaragoza en la quinta edición de la recreación histórica.

Napoleón se toma este segundo asedio como una afrenta personal y es que Zaragoza rompió todas las reglas de la guerra del siglo XVIII. Una ciudad que resistía a los cañonazos una, dos y hasta tres veces sin apenas ejercito profesional, sin muralla, sin armamento y con el palacio de la Aljafería como único sitio para resistir y resguardarse de la tropa más poderosa del mundo. Aún así, en el Primer Sitio salieron victoriosos y, por ello, este domingo las tropas napoleónicas no iban a acobardarse de nuevo. Entre el estruendo de los tiros y los cañonazos, que bien han valido algún susto de los allí presentes, y la magistral actuación de los 400 recreadores, Zaragoza ha vuelto a 1808 con la narración de un asedio crudo y violento en el que la fama de heroica e inmortal sobrevolaba de nuevo la estela de la ciudad.

La infantería francesa y polaca se enfrentaba con las tropas catalanas y de marina en el foso del Palacio de la Aljafería ante los aplausos y sorpresa de los asistentes. «Esto es una pasada», exclamaban algunos jóvenes en los alrededores del palacio mientras, a su lado, unos niños no paraban de repetir si los disparos eran de verdad y si ese tal Napoleón que «lleva un sombrero muy raro» había existido de verdad o era de mentira. El frío del invierno de aquel 21 de diciembre de 1808 contrastaba con el sol y la temperatura agradable de este domingo. Quizás, eso haya hecho que la expectación sea máxima y que centenares de vecinos se hayan agolpado en los alrededores de la Aljafería. O, quizás, que la recreación histórica sea una de las más importantes de España a nivel napoleónico sea el atractivo de esta iniciativa que, cada año, suma más adeptos.

Y, entre tanto disparo y olor a pólvora, la jota de los Sitios de Zaragoza llenaba el palacio de la Aljafería y los alrededores de una melodía dulce y emotiva que era sinónimo de resistencia y fuerza. Palafox se retiraba de la batalla por tifus y el padre Basilio Boggiero rezaba por las almas de los allí presentes. «¿Zaragoza se rendirá? La muerte al que esto diga», escribía Galdós. Y, tras unos meses, de penuria, hambre y una ciudad desolada por la muerte, Zaragoza se rindió ante las tropas napoleónicas no sin demostrar el coraje, la valentía y la inmortalidad.

Print Friendly, PDF & Email