Francisco Javier Aguirre / Escritor

La repoblación rural

Francisco Javier Aguirre

Vivir al compás de las tendencias que surgen frecuentemente en muchos ámbitos puede llegar a ser patológico. La popularizada fórmula de ‘marcar tendencia’ suele incluir una cierta despersonalización de la voluntad y la opinión propias. Ocurre lo mismo cuando alguien se empeña en seguir la moda a rajatabla. La colectivización del gusto es una de las lacras que afectan a la sociedad contemporánea.

Como consecuencia de la pandemia recientemente padecida, ha surgido una especie de moda de ‘lo rural’. Hay personas y familias que por gusto o necesidad han decidido trasladar su residencia habitual a un pueblo poco habitado. Los medios tecnológicos disponibles son cada vez mayores y eso permite desplazamientos estables que facilitan el desarrollo de diferentes actividades profesionales o artísticas. Volver al pueblo no es ya simplemente un recurso vacacional o de evasión festiva, como ha venido ocurriendo en España durante el último medio siglo.

Sin embargo, esa reubicación poblacional no es tan sencilla como puede parecer. En muchas zonas rurales del interior del país, sobre todo en Castilla y Aragón (la desafortunadamente llamada ‘España vacía’: varias veces he insistido en que esa denominación es un insulto a quienes viven allí, porque en el vacío no hay nada), resulta un tanto difícil encontrar una buena vivienda porque hay propietarios que no venden, esperando tal vez coyunturas mejores para sacar más partido a su dominio. El caso es que tampoco restauran, permitiendo que con el paso del tiempo se deterioren las casas abandonadas en lo que lo que podemos llamar el centro urbano de los pueblos.

El problema parte a veces del desacuerdo entre los herederos de una vivienda que fue habitada por las generaciones anteriores. Si una casa tradicional ha sido heredada por 4 o 5 hermanos, pongamos por caso, basta con que uno no se avenga a razones, o no quiera vender su parte, para que el resto se encuentre inmovilizado en caso de querer pignorarla o convertir aquella casa en su vivienda habitual.

Ha surgido en la Comunidad de Castilla-León una iniciativa de alto vuelo para repoblar el territorio, con fórmulas muy originales, que está encontrando dificultades del tipo mencionado. Entre los propietarios de viviendas antiguas en nuestros pueblos hay que difundir la idea de que o se restaura para alquilar, o se vende a quienes proceden del medio urbano y desean establecerse allí.

De otro modo, una repoblación consistente del mundo rural nunca llegará a consolidarse manteniendo el carácter propio y el ambiente ancestral de la zona. Todo ello es compatible con la adecuación interior de las viviendas para el disfrute de los adelantos que proporcionan las nuevas tecnologías, sin traicionar el valor histórico de lo propiamente rural.

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