El Real Zaragoza entra en la pomada sellando un póker de triunfos a costa del Fuenlabrada (2-1)

Puche y Azón, autores de los goles maños, celebran la remontada zaragocista. Foto: Real Zaragoza

Ahora sí, el Real Zaragoza está en la famosa pomada. Un triunfo de quilates ante el Fuenlabrada (2-1) le valía al cuadro de Juan Ignacio Martínez dormir en el noveno puesto y a cuatro del playoff. Dos goles de la cantera, firmados por Iván Azón y Puche, sellaron el póker de victorias y le dieron la vuelta al tanto en propia de Jair. Por cuarta semana consecutiva, la hinchada blanquilla sonríe a la vez que su equipo.

Volvía el cuadro maño a La Romareda con Cristian en portería y una línea de cuatro compuesta por Fran Gámez, Francés, Jair y Chavarria. Más adelantados se encontraban Petrovic, Eugeni y Jaume Grau, mientras que Bermejo y Narváez hacían la función de extremos. Arriba se ubicaba Sabin Merino. Ojo con el once del Fuenlabrada, con jugadores como Pedro León o Javier Ontiveros. Echando la vista al banquillo uno se encontraba con el exzaragocista Adrián o con Roman Zozulia.

El primer aviso llegaba tras una buena combinación entre Sabin Merino y Narváez que culminaba Bermejo, pero el balón se iba fuera. Se alcanzaba el minuto 10 de juego sin ocasiones destacadas por parte de nadie, con mucho tanteo y poca internada. Aun así, se adivinaban dos equipos valientes que necesitaban la victoria. Corría el minuto 15 cuando volvía a aparecer el balón parado para generar peligro. Un saque de esquina terminaba con el cuero en el área del Fuenlabrada y Jair rematando un balón que sacaba Pulido en boca de gol.

Despertaba el cuadro de JIM y, con ello, un asedio importante a la portería de Morro. Los centros comenzaban a sucederse, pero faltaba internarse un poco más para lograr el gol. El “ui” se volvería a escuchar con la más clara del partido. Jair tocaba de cabeza para dejar solo a Francés, que remataba dentro del área y, cuando se cantaba el gol, Tachi sacaba con la cabeza. Antes de la media hora llegaba Ontiveros para probar a Cristian de lanzamiento directo.

Pero como el fútbol no entiende de justicias ni de injusticias, llegaría el gol del Fuenlabrada. Jair desviaba una falta lateral que tocaba Pulido a centro de Pedro León y el cuero se colaba en la portería del arquero argentino. Previsiblemente, las tanganas llegaban al césped de La Romareda. La primera se saldaba con amarilla para Ontiveros y para Narváez. Todavía corría el minuto 37 y se veía claro lo que iba a suceder, solo los goles zaragocistas podían evitarlo.

Remontada tras el descanso

La tuvo Eugeni para el empate con un gran disparo desde la frontal del área en el minuto 46, pero Morro se estiraba para desbaratar los planes maños. Azón había entrado para pelearse arriba con Tachi y Pulido, y poco después se internaba en el área forzando el córner. Y a la siguiente, el canterano no fallaría. Centro de Chavarria, el recién ingresado Álvaro Giménez dejaba el cuero en el corazón del área, y el ariete remataba de cabeza para lograr la igualada. Había tiempo de todo y la victoria era posible.

A punto estuvo Eugeni de marcar el gol de su carrera en la siguiente jugada. Álvaro la dejaba al centrocampista -que no estaba en fuera de juego, en contra de lo qué dictó el linier- para llevársela, regatear y pegarle de rabona. Cuando se cantaba el gol, Pol Valentín la sacaba. Qué golazo hubiese subido al marcador. Ya en el 58, Morro fallaba para dejársela al 20 maño, que remataba mal y no encontraba portería.

Había que esperar hasta el 70 para ver otra clara, esta en las botas de Chavarria, que probaba de lejos y el cuero se marchaba lamiendo la cepa del poste. Y en el 72, Puche lanzaba un derechazo que obligaba a exprimirse a Morro. Hasta entonces, La Romareda se había podido deleitar con un par de brillos de Eugeni.

Pero volvería a sonreír el Real Zaragoza y su afición. En una jugada casi calcada al primer tanto, Chavarria centraba para Álvaro, que dejaba en esta ocasión a Puche para que rematase de cabeza e hiciese el 2-1. El estallido de La Romareda parecía oírse en la localidad madrileña. Eso sí, una vez celebrado, había que aguantar con uñas y dientes, fuera como fuese. Pero los once hicieron los deberes y, tras cinco de añadido, el árbitro pitó el final.

Tres puntos vitales, de oro o, por qué no, de diamante, era lo que había logrado el Real Zaragoza ante una afición que le llevó otra vez en volandas. Un póker de victorias no visto desde la era Natxo González hacía soñar a una hinchada enloquecida. Así, el cuadro maño se iba a dormir noveno, a cuatro del playoff y entrando de lleno en la pomada.

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