Mª Luisa Rubio Orús / Profesional de la Educación, escritora y pintora

Carta abierta a su Excelencia

Mª Luisa Rubio

Increíble, pero cierto. Al final, lo esperado. Sin embargo, hasta que no pasa, cuesta un tanto creerlo. Explosionó la bomba de relojería interna de una cabeza pensante que busca revivir victorias atrasadas.

¡Qué tristeza! Sin fin. Cuando las guerras deberían ir disolviéndose a marchas forzadas por propia lógica humana, va uno de los ricachones de país gigante y, ¡hala! a jugar a los botones.

¿Qué color tenía la tecla con la que has detonado la eclosión del huevo de la gallina de basura, que no de oro?

Vencerse a uno mismo es el mayor premio que puedes tener, lo máximo a alcanzar, y lo más difícil de mantener. Por eso, quizás, sale a relucir la cobardía con el demacrado brillo de los más bajos instintos de agresión, protegido por tanques y misiles.

En cuanto a la vida, esa paleta de pintura en la que se puede mezclar la materia para poder lograr el tono de gama que deseas, con la libertad que da el límite cuasi infinito de la difuminación, de la luz y la sombra, jugando al escondite de la querencia. Mas a ti no te basta esa baraja con la que nacemos, ni te conformas con las cartas que te han tocado. Hay que saberlas usar. Emplea tu creatividad para algo positivo, y el destino te corresponderá con algo similar.

Erre que erre con la deformación profesional de usar la lingüística de las buenas palabras para terminar con los denigrantes hechos que conducen al abismo y llevan al infierno.

Machacar personas no es ni políticamente correcto ni nada de eso ni de lo otro, es intolerable. No obstante, a lo mejor es el aburrimiento, las ganas de subirte el ego, el contagio de los afamados, que hablen de ti, aunque sea mal, y es así como pretendes no ser olvidado. Pues sábete que el Corazón de la Gente huye de los pésimos recuerdos que le atenazan el alma y que, quien siembra, recoge.

El mayor territorio a conquistar es el espíritu, que nunca muere. Así que tú mismo. Esto no es una aplicación de niños entre soldados de plomo ni cuentos de bailarinas y eso que Rusia, en esto clásico, es una maestra.

¿Qué dirán las futuras generaciones de la patria a la que relegas al plano de la demarcación, evitando un renacimiento con lo mejor de sus cualidades?

¿Qué narrarán las crónicas de la pluma de los años venideros cuando te dedicas a destruir los sueños gobernados por la templanza?

¿No le dará vergüenza a tu conciencia algún día? Tú también envejecerás y morirás. ¿Qué legado pretendes dejar a los tuyos evitando potenciar las cualidades mejores de los rusos?

¡Qué bien quedaría heredar las buenas huellas de actos ejemplares a seguir!

Y recuerde, Excelencia, lo que haga en vida, tiene su reflejo en la Eternidad y, así, muy mal lo lleva

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