Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

De tractoristas y mantenedores del territorio hablando como Céline

Luis Iribarren

Es el cumpleaños del Ulyses de Joyce, obra escrita entre resacas en el inquietante por trapichero puerto de Trieste. Lugar-casino, salida al mar de Austria que pasada a Italia nos ha legado las obras de Svevo y Magris.

La conexión del Mediterráneo con los bárbaros del norte actualizada. El punto de encuentro entre serbios, judíos y gotas de algún italiano véneto.

El Ulyses es la cuna en que se mece la libertaria en relaciones Molly Bloom, gibraltareña de seguiriya, y tantos legendarios personajes como el judío errante Bloom (la flor en los apellidos es indicativo) que renovaron con su inglés irlandés universal, gran ironía, el idioma de las turbulentas e inquietantes creaciones en materia de poderosos amorales de Shakespeare.

Desarrolla los decenios de lapso en que navegan las fazañas de la Odisea en una travesía de un solo día de las vidas y delirantes psiques de un conjunto disjunto de dublineses. Es como si todas las aventuras del Quijote hubieran tenido lugar en un único escenario y momento, la vida interior de Alonso Quijano reflejada como antecesora de todo Freud.

A mí me llega más la renovación del idioma francés hecha por Céline diez años más tarde en “Viaje al Final de la Noche”, monumento literario nada cortesano. En que se habla directo y cualquier cosa puede molestar a un pusilánime, a tanto presunto educado.

Terminaremos con alguna sentencia del médico colaboracionista con los nazis por omisión, lo que no fue poco para excomulgarlo y más que lo estaría pese a la calidad de su prosa en este presente en que cualquier cosa dicha o escrita molesta por agresiva.

La escritura de Céline es payesa, a la yugular. Podría haber sido autor de frases como las que siguen, oídas por mí este fin de semana. Los aragoneses de montaña tenemos esa parte de emigrantes necesarios, de cerrar la borda y marchar:

A ver si el problema de regar y la sequía es que nos estamos pasando de superficie.

Tal como va el precio de la urea, cómprate un arcón congelador o puede que vayas a pasar hambre.

La solución de muchos si sube el precio de los nitrogenaus, es echar la mitad. Cosa que con el gasoil no se podrá hacer. Si no le das de comer al campo, a ver qué sacas.

Podar o biello y dejar o nuevo, aunque os forestals no món o fagan al revés.

De lo que se echa de riego al árbol, el técnico dice que se evapora más de la mitad. Por eso no verás que diga que me gustan los leñosos.

Si echas urea en el campo de 20 días de hielo seco está tan dura la tierra que no se lo traga.

La cosa pinta mal pero pa bar ni letras de pika (pick-up) que no falte.

Desengáñate, no te las cojo aunque sean mejores, el personal quiere ver las trufas redondas cuando se las capolo con guantes en su presencia, aunque las feas huelan más.

Nosotros aún trabajamos hace treinta años con las manos cogiendo ovejas y levantando sacos, para qué tanto Amazon en Aragón y tanto proyecto si no hay gente para trabajar y todos queremos que nuestros hijos vivan solo del ordenador y el móvil.

Porque tú, ¿llegaste a hacer algo con las manos o solo estudiar?

No te digo nada cómo estarán los de las granjas de pollos que tienen que poner las naves a 23 grados en las noches de rosada, por lo menos los cerdos se calentaban entre ellos. Igual ahora tienen menos confort.

De este pensamiento sincrético y sintético pasemos al de Céline seleccionado, clásico por molestar cien años más tarde:

Los ricos no necesitan matar en persona para jalar, dan ese trabajo a los demás. No hacen el mal en persona. Pagan y se hace lo posible por complacerlos.

Las mujeres de los ricos, bien descansadas, se vuelven bonitas. Tal vez eso valga, al menos es una razón para existir.

Ya se sabe que esas cosas son muy difíciles de arreglar y que arreglarlas siempre cuesta muy caro.

Y volvió la música con  la verbena, la que acompaña al recuerdo más lejano, el de la infancia. En esos sitios donde los pobres van a juntarse los fines de semana para saber qué ha podido ser de ellos.

22 de febrero de 2022, mi padre hubiera cumplido 88 hoy. Debe ser un número áureo, felicidades Fernando. Pareces musulmán porque tu mirada en el nicho de Berdún donde ya no estás mira a Sangüesa donde naciste.

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