La farsa del Monumento a los Sitios

Desgarradora escena del Monumento a los Sitios en la que Agustina de Aragón, acompañada de otros defensores de la ciudad, se dispone a encender la mecha del cañón en la defensa del Portillo. Modelo de yeso para el altorrelieve de bronce. “La Ilustración Artística”. Nº 1402. 09/11/1908
Desgarradora escena del Monumento a los Sitios en la que Agustina de Aragón, acompañada de otros defensores de la ciudad, se dispone a encender la mecha del cañón en la defensa del Portillo. Modelo de yeso para el altorrelieve de bronce. “La Ilustración Artística”. Nº 1402. 09/11/1908

“Hora es de que se perpetúen en mármoles y bronces y que se hagan perennes los hechos heroicos que encierran los Sitios de Zaragoza”. Así comenzaba su discurso don Segismundo Moret el 28 de octubre de 1908 tras la inauguración del Monumento a los Sitios en la plaza principal del recinto de la Exposición Hispano Francesa, que ya estaba próxima a concluir.
El secretario de la Junta Magna del Centenario de los Sitios, Sr. Vizconde de Espés, a su vez, en su discurso previo a la inauguración, decía que “Heroísmo sin par es la gloriosa epopeya de nuestra Independencia y solamente era dado traducirlo dignamente en mármoles y bronces a un artista cuyo espíritu de grandeza se identificara con la Historia”.

El germen del Monumento a los Sitios nació apenas dos semanas después de la firma de la capitulación de Zaragoza en el segundo Sitio, el 20 de febrero de 1809, ya que en un Real Decreto expedido en Sevilla por la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino el día 9 de Marzo de 1809, y firmado por su vicepresidente, el señor marqués de Astorga, relativo a los Sitios de Zaragoza, en su disposición IX se decía “Que en su plaza se erija un Monumento para memoria perpetua del valor de sus habitantes y de su gloriosa defensa”. Disposición confirmada plenamente por las Cortes de Cádiz en 1811 y 1813.

La Comisión ejecutiva de la Junta del Centenario concedió el 19 de mayo de 1907 la construcción del Monumento a los Sitios a Agustín Querol, exigiéndole el compromiso de honor de que la obra estaría acabada a tiempo de ser inaugurada al comienzo de las fiestas del Centenario. El escultor presentó tres bocetos y el 8 de agosto dicha comisión escogió el definitivo, “bello por su estilismo y sublime por los recuerdos de patriotismo y valor que traen a la mente aquellas figuras que en abigarrado tropel asemejan arrastrar los cañones, luchar con denuedo para vencer a las huestes francesas, mientras otras figuras yacentes y mutiladas por la metralla, nos recuerdan también cómo supieron morir por la patria aquellos héroes”.

Los 50.000 kg de bronce necesarios para las figuras fueron proporcionados en marzo de 1908 por el Ministerio de la Guerra, procedentes de cañones inutilizados y la primera piedra del conjunto se colocó el 22 de ese mismo mes sin ninguna solemnidad, asistiendo únicamente el comisario regio y los señores de la comisión ejecutiva, previamente bendecida por el prelado Sr. Soldevila en la iglesia parroquial de La Seo.

Querol dio un gran protagonismo a las mujeres en la defensa de Zaragoza. En este altorrelieve aparece un grupo de ellas, entre las que se encuentra María de la Consolación Azlor, condesa de Bureta, arrastrando un cañón, destacando el realismo de la que porta a su bebé en brazos mientras lo amamanta. “La Ilustración Artística”. Nº 1398. 12/10/1908
Querol dio un gran protagonismo a las mujeres en la defensa de Zaragoza. En este altorrelieve aparece un grupo de ellas, entre las que se encuentra María de la Consolación Azlor, condesa de Bureta, arrastrando un cañón, destacando el realismo de la que porta a su bebé en brazos mientras lo amamanta. “La Ilustración Artística”. Nº 1398. 12/10/1908

Como las cosas de palacio van despacio, y casi aprovechando que el monarca no asistió a la inauguración de la Exposición Hispano Francesa, no pareció que se dieran mucha prisa en la construcción del conjunto escultórico. De hecho, no fue hasta el 28 de octubre de 1908 cuando SS.MM. los reyes don Alfonso XIII y doña Victoria Eugenia inauguraron el Monumento a los Sitios. Ese día amaneció con niebla, que amenazaba deslucir tan brillante acto, lo que no impidió que desde primeras horas de la mañana hubiera una animación extraordinaria en los terrenos de la antigua Huerta de Santa Engracia. Los batallones de Gerona, Galicia y Aragón, con banda y música, se colocaron en sus puestos dando la espalda a uno de los pabellones efímeros, el de Fomento. Al frente se situaba la tribuna regia, flanqueada con dos escudos con las cifras 1808 y 1908, en la que se colocaron dos sillones de tapicería azul de estilo gótico moderno. El monumento, a la espera de ser inaugurado, estaba cubierto por cuatro grandes lienzos con los colores nacionales; del centro del que daba frente a la plaza de Santa Engracia pendía un grueso cordón.
A las once y media de la mañana llegaron los reyes, ella ataviada con un traje de seda color heliotropo y sombrero de color lila, más un rico gabán de pieles, él con el uniforme de capitán general de Infantería. Nadie quería faltar a la cita ese día, y hasta el sol, casi coincidiendo con la llegada Real, hizo acto de presencia dando calor veraniego a una mañana de otoño. Brillo no le iba a faltar al descubrimiento de los bronces del monumento de Querol.

Tras la lectura del acta relativa a la ceremonia por el vizconde de Espés, en la que consta que “terminada la obra ha llegado el instante de su inauguración”, los monarcas se acercaron a la gradería del Monumento acompañados del Sr. Moret, que hizo entrega del cordón al Rey, quien con movimiento rápido y enérgico tiró de él haciendo caer los lienzos. Al fin apareció ante los ojos de todos la creación de Querol en toda su grandeza. En el Libro de Oro de la Exposición se narra que “La obra que perpetúa en mármoles y bronces la epopeya zaragozana estaba allí terminada, palpitante, llena de vida, de fuego y de pasión. El Monumento de los Sitios estaba allí; el que había soñado nuestro pueblo, el que encarna las tradiciones gloriosas que nos legaron nuestros antepasados. Arriba, la figura de Zaragoza serena y majestuosa, ofreciéndose en sacrificio en aras de la Patria…”

Momento de la inauguración del Monumento a los Sitios por parte de SS.MM. Alfonso XIII y Victoria Eugenia, el 28 de octubre de 1908 en los terrenos de la Exposición Hispano-Francesa. Ignacio Coyne. 1908. Colección particular
Momento de la inauguración del Monumento a los Sitios por parte de SS.MM. Alfonso XIII y Victoria Eugenia, el 28 de octubre de 1908 en los terrenos de la Exposición Hispano-Francesa. Ignacio Coyne. 1908. Colección particular

Tras ese momento, el Sr. Moret pronunció un encendido discurso y el Sr. Maura finalizó el acto con una breve intervención, tras la cual los reyes realizaron una visita por algunos de los pabellones.
Y allí quedó el Monumento, ya inaugurado, para que con más tranquilidad los visitantes lo pudieran admirar, desprovisto de colgaduras que lo taparan ni autoridades que coparan la atención del momento.
Bien está lo que bien acaba, tanto es así que la Comisión ejecutiva del Centenario y la Junta Magna felicitaron al escultor por su obra.
Quizá alguno de esos visitantes pensaría que los 50.000 kg. de bronce que solicitó don Agustín para fundir los grupos escultóricos, a pesar del cálido sol de otoño, ese que casi parecía de verano, brillar, brillaban poco. Será cosa de la emoción del momento, que nos nubla la vista, dirían otros.

Pabellones, Monumento y atracciones siguieron haciendo las delicias de zaragozanos y foráneos que se acercaban al recinto hasta el 4 de diciembre de 1908, cuando se clausuró la muestra.

En enero de 1909, apenas un mes después de la clausura, la prensa se hace eco de una unánime aspiración del pueblo zaragozano, que no es otra que poder admirar cuanto antes en bronce la obra escultórica de Querol. ¿En bronce? Pero… ¿no se había inaugurado ya el Monumento de los Sitios el 28 de octubre con toda la pompa y boato y todos hacían referencia a la magna obra en bronce y mármol que estaba “terminada, palpitante, llena de vida…”?

No, lo que los reyes inauguraron, con ese enérgico tirón de don Alfonso al cordón, era un monumento de piedra y… yeso. Yeso, los grupos escultóricos que representaban al heroico pueblo zaragozano y la grandiosa imagen alegórica que lo corona, con la palabra “Patria” a sus pies, eran los modelos de yeso que había realizado Querol y que iban a servir para después fundir las obras en bronce. Los problemas y los retrasos que la casa fundidora Ballarín había sufrido desde la concesión de la obra hasta la fecha prevista de su inauguración, que tenía que ser durante la Exposición Hispano-Francesa, motivaron que las obras no estuvieran preparadas y, para evitar el fracaso de no poder inaugurarlo a tiempo, se recurrió a los modelos originales para dar la impresión de que todo había ido según lo previsto y que el monumento estaba listo para ser inaugurado.

La encarnizada defensa de la “Sublime Puerta” correspondiente al convento de Santa Isabel en el Arrabal, el 18 de febrero de 1809, tras sesenta días de asedio. Fragmento del negativo original. Fototipia Thomas. ca. 1915. Archivo Mollat-Moya
La encarnizada defensa de la “Sublime Puerta” correspondiente al convento de Santa Isabel en el Arrabal, el 18 de febrero de 1809, tras sesenta días de asedio. Fragmento del negativo original. Fototipia Thomas. ca. 1915. Archivo Mollat-Moya

El incidente más grave, del que se hicieron eco varios diarios nacionales, fue el que sucedió el 21 de octubre cuando se estaba fundiendo la estatua principal que coronaba el Monumento, ya que al salir del crisol el metal y conducirlo al molde se produjo una explosión, derramándose por fuera. Estos diarios ya dieron por hecho que por tal causa la inauguración no se podría efectuar en la fecha fijada. Ya hemos visto que sí lo fue y en qué circunstancias.

Un día antes, Querol había ordenado que se facturasen para Zaragoza, a gran velocidad, todos los modelos de las esculturas.

Del drama que se avecinaba dio cuenta más tarde en una crónica el Diario de Tortosa, “Partirían los vagones dentro de dos horas facturados á la cercana estación del Prat, donde los reexpedirían directamente a Zaragoza, enganchándolos al tren de lujo que saldría aquella misma tarde de Barcelona. Un pariente del artista marcharía con el convoy para llenar en la estación de Prat, las diligencias de entrada y salida.

Antes de marchar de la Estación quiso ver Querol de qué manera se habían acondicionado los yesos. Le acompañó el Jefe del movimiento, merecedor de plácemes, por el celo e interés que demostró en secundar los deseos del artista.
Los dos vagones estaban ya cerrados y dispuestos para el enganche; abrieron los portillos y recibimos una mala impresión: esparcidos por el interior, entre montones de paja, se hallaban trozos de yeso grandes y pequeños, todo hecho un revoltillo, a pedazos la colosal estatua, a trizas el grupo del cañón; cabeza por aquí, brazos por allá; ruedas por un lado, armas por el otro…. ¿si pensaría dar Querol, con el espectáculo de aquellas reliquias, una idea de las ruinas de Zaragoza á raíz de los famosos sitios? No de otro modo nos explicábamos su interés por el traslado.
En el andén, revueltos entre los restos de la paja, se hallaban algunos pedazos de yeso. Se recogió uno y después de examinado por Querol, fue á unirse con las demás piezas en el interior de los coches. Era la culata del revólver de Agustina de Aragón.”

Una vez llegados a Zaragoza, milagrosamente recompuestos y convenientemente pintados de cobre para la ocasión, los modelos se colocaron apurando al máximo el tiempo y consiguieron hacer el efecto de una obra acabada y que sin embargo no lo estaba.

Monumento a los Sitios, poco después de su inauguración con los yesos pintados para simular el bronce, arropado por los edificios de la escuela de Artes y Oficios, tal como la diseñó Félix Navarro, y del Museo Provincial. En el lateral, el Pabellón efímero dedicado a Fomento. Fondos SIPA. 1908. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza
Monumento a los Sitios, poco después de su inauguración con los yesos pintados para simular el bronce, arropado por los edificios de la escuela de Artes y Oficios, tal como la diseñó Félix Navarro, y del Museo Provincial. En el lateral, el Pabellón efímero dedicado a Fomento. Fondos SIPA. 1908. Archivo Histórico Provincial de Zaragoza

Quizá ahora se entiende un párrafo que “El Noticiero” incluía el 28 de octubre al hablar de los preparativos del día anterior, “Esta noche se dará la última mano a los trabajos de instalación de los grupos escultóricos. El monumento presentaba ayer tarde un efecto sorprendente”.
El 18 de enero de 1909 don Florencio Jardiel, presidente de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País e integrante de la Comisión organizadora de la Exposición Hispano-Francesa, daba cuenta de la “pronta terminación del bello monumento”, así como de una carta de Querol y de la casa fundidora comprometiéndose a entregar los trabajos de bronce en un plazo de tres meses y medio a contar desde el día en que se recibieran los modelos. Sobre todo era urgente desmontar cuanto antes la figura de yeso que, representando a la Patria, se alzaba en la cúspide del monumento para remitirla a la casa fundidora y el propio escultor mandó operarios a Zaragoza para desmontar los altorrelieves.

Sin embargo, el proceso se alargaba; en mayo de 1909, el propio Jardiel daba cuenta de otra carta de la casa fundidora manifestando que la figura que simboliza a la Patria y otros grupos estaban en disposición de ser fundidos. Vísteme despacio que tengo prisa… y mientras tanto el pedestal de piedra se había quedado desnudo esperando su traje definitivo. Tan solo quedaron, labrados en la piedra, el general Palafox, la Torre Nueva, la Virgen del Pilar y un águila representando a la fuerza del ejército francés.

Hubo que esperar hasta septiembre para que, al fin, llegaran a Zaragoza los “bronces artísticos”. El Sr. Jardiel ya tenía en su poder los talones que certificaban que había sido expedida esa mercancía en “pequeña velocidad”. Tampoco vamos a correr ahora y que descarrile el tren, debieron de pensar.

Panorámica de la entonces plaza de Castelar embellecida con jardines, en la que aparece la figura alegórica de la Patria sobre el pedestal del Monumento a los Sitios. Al fondo, la Escuela de Artes y Oficios y el grupo escolar Gascón y Marín. Negativo original. Fototipia Thomas. ca. 1915. Archivo Mollat-Moya
Panorámica de la entonces plaza de Castelar embellecida con jardines, en la que aparece la figura alegórica de la Patria sobre el pedestal del Monumento a los Sitios. Al fondo, la Escuela de Artes y Oficios y el grupo escolar Gascón y Marín.
Negativo original. Fototipia Thomas. ca. 1915. Archivo Mollat-Moya

Esta vez sí, el 22 de septiembre los bronces ya estaban al pie del monumento e incluso el que representaba a las mujeres zaragozanas empujando los cañones estaba en su sitio. La figura principal, la que representaba a la Patria, se componía de dos piezas y para colocarla se precisó colocar un andamiaje en el que se invirtieron seis días de trabajo. Ya faltaba menos.
Tuvieron que llegar las fiestas del Pilar de ese año 1909 para que por fin el Monumento a los Sitios quedara totalmente acabado. El 11 de octubre se anunciaba que dos días después iba a quedar completamente concluido y que la figura que lo coronaba ya estaba colocada, así como el resto de grupos escultóricos, que se habían montado sin el menor incidente. Tan solo quedaba limpiar los bronces con cera y aguarrás…

Y así, casi un año después de su inauguración oficial, el monumento que entonces, decían, ya estaba terminado, al fin lo estaba. Ahora sí, mármol, piedra y bronce estaban tal y como Querol los imaginó y elaboró, y no la farsa que se produjo durante la Exposición de 1908, con los reyes como protagonistas. Los heroicos defensores de la ya Inmortal ciudad de Zaragoza al fin habían sido honrados como merecían. No sé si ese día hacía un sol veraniego o ni siquiera otoñal, pero los bronces pudieron brillar en el lugar en el que estaban destinados, aunque esta vez nadie dio un enérgico tirón para descubrirlos.

Izquierda: Monumento a los Sitios, boceto definitivo original de Agustín Querol. Foto Joarizti. BNE. Derecha: Patria, figura alegórica que corona el monumento. Modelo de yeso para la figura final de bronce. “La Ilustración Artística”. Nº 1398. 12/10/1908
Izquierda: Monumento a los Sitios, boceto definitivo original de Agustín Querol. Foto Joarizti. BNE. Derecha: Patria, figura alegórica que corona el monumento. Modelo de yeso para la figura final de bronce. “La Ilustración Artística”. Nº 1398. 12/10/1908

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Desgarradora escena del Monumento a los Sitios en la que Agustina de Aragón, acompañada de otros defensores de la ciudad, se dispone a encender la mecha del cañón en la defensa del Portillo. Modelo de yeso para el altorrelieve de bronce. “La Ilustración Artística”. Nº 1402. 09/11/1908