Cabalgar no hace caballeros

En una antigua feria de ganado, un tratante acordó vender un potro a razón de 2 pesetas por el primer diente, 4 por el 2º, 8 por el 3º, etc. Finalmente, viendo lo que el comprador pretendía pagar por el animal, el vendedor, molesto, rompió el acuerdo. Ambos juraban que les sobraban razones para mantener sus posturas. ¿Qué razones defendía cada uno?

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Puesto que un potrillo nace con 4 dientes, el comprador estaba encantado con pagar por él 30 pesetas (2+4+8+16).
Pero el vendedor sólo tenía ojos para el caballo en que el potro se iba a convertir, por eso esperaba cobrar por los 36 dientes de un caballo adulto. Sólo por el último diente (el número 36), cobraría nada menos que 68.719.476.736 pesetas, es decir, 413.000.000 euros. Y falta por sumar el valor de los 35 dientes restantes.

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