Canario: «Los años que jugué en el Real Zaragoza fueron los mejores de mi vida»

Canario recibe el título de "legendario" por parte del vicepresidente, Fernando Sáinz de Varanda

Darcy Silveira, conocido por todo el zaragocismo como Canario, es uno de los más grandes jugadores que ha pasado por las filas del Real Zaragoza a lo largo de la historia. El brasileño llegó a la capital aragonesa en 1963 y estuvo hasta 1968, en los que califica como los mejores años de su vida. A pesar de que sigue yendo a La Romareda, el fútbol es totalmente diferente, con un estilo de juego defensivo y carente de emoción que “aborrece” a cualquiera. Hace apenas una semana, el brasileño recibió el homenaje del Real Zaragoza como una auténtica “leyenda”.

Pregunta.- ¿Cómo vivió el homenaje?
Respuesta.-Me emocioné cuando salí al palco y la gente me aplaudió, me gustó mucho, pero me dio un poco de pena la manifestación y que la gente no entrara hasta los 10 minutos. El Zaragoza está en una situación difícil, pero tampoco hay que tirarlo abajo. Hay que intentar ayudarlo, no digo que pongas tu dinero, pero no se puede pedir que lo pongan otros.

P.- El club anunció una venta próximamente…
R.- Todavía no sabemos nada. Es una pena, pero son muchos millones los que debe el Zaragoza, no es tan fácil como parece. No es llegar, poner dinero y se acabó. Es muy complicado.

P.- La situación deportiva tampoco acompaña.
R.- La pena es que lleva muchos años en Segunda. No es un equipo como ha sido toda la vida, campeón de varias copas. Cómo fue y cómo está… La ciudad no se lo merece, debería estar en Primera hace tiempo. Hace dos años parecía bastante fácil, el del confinamiento. Perdió los últimos cuatro partidos de Liga en casa y, si hubiera ganado dos, estaría en Primera.

P.- ¿Se puede lograr verdaderamente el objetivo de ascender?
R.- Es bastante difícil. Si no marcas goles, no puedes ganar partidos. Los goles son amores, y veo al Zaragoza que en vez de tirar a puerta van para los lados. No veo esa confianza para ganar, y hasta lo dicen los jugadores. A ver si con los nuevos fichajes se puede traer a alguien que meta goles, porque sin gol es imposible. La victoria es gol, y el Zaragoza empata o pierde porque no mete gol.

P.- ¿Sigue yendo al fútbol?
R.– Voy porque me gusta, pero el fútbol de hoy en día lo aborrezco. Los equipos van siempre para atrás y no me gusta. El defensa puede pasar la pelota a un delantero y que la devuelva a su portero. Me gusta el fútbol para adelante, para ganar, pero ahora todos juegan a no perder porque hay mucho dinero metido en el futbol. Se han metido empresarios, políticos, chinos… gente que solo va a ganar dinero.

P.- ¿También le pasa en La Romareda?
R.- Sufro mucho. He hecho un par de partidos algo que no había hecho en mi vida: terminar el primer tiempo y marchar. Veía el sufrimiento que iba a pasar y no aguanto. Los porteros me preguntaban si me iba ya y les respondía que sí, que no me encontraba bien, pero era una excusa. Violeta me preguntó si seguía yendo y le dije que mientras pueda iré, pero él me dijo que no, que lo pasa muy mal.

P.- La afición también ve que la situación es muy complicada…
R.- La gente está acostumbrada a ver el Zaragoza de otra manera, jugando al futbol de maravilla. Podías ganar todo. En mi época, una Copa de Ferias, un Carranza y dos Copas del Generalísimo. A La Romareda venían equipos buenos, de primera categoría, y ahora no.

Canario es ovacionado por la afición el día del homenaje

P.- Para un campeón de Europa con el Real Zaragoza tiene que ser difícil…
R.- Me duele mucho, como el otro día, con tanta gente gritando “directiva fuera, directiva fuera”. Si los directivos son los que ponen el dinero, ¿cómo se van a ir? No los puedes echar. Tienen una papeleta muy complicada. Espero que se arregle y antes de morirme ver al Zaragoza en Primera División, pero lo veo muy difícil.

P.- A usted la afición le guarda un inmenso cariño…
R.- El futbol me ha dado todo, y la gente de Zaragoza también. Estoy muy agradecido porque conmigo siempre se ha portado muy bien. Todavía me paran y me preguntan cosas. También gente joven que les digo “perdóneme, eso lo sabes por tu padre y tu abuelo, porque no habías nacido”.

P.- Usted también ha vivido como aficionado momentos históricos, como el de la Recopa…
R.- Ese día me alegré mucho. Nayim no marcaría otro gol igual. Íbamos a ir a París con José María García. Resulta que pidió que nos dieran unos pases y la Federación nos lo negó, y montó todo en el Boston. Estuvimos viendo el partido, comentando, y lo pasamos muy bien. El Zaragoza ganó y fue una alegría inmensa. Después fuimos a la televisión, que estaba en el Parque Grande, arriba, y nos invitaban a paella y a hablar.

P.- ¿Qué se necesitaría para recuperar un equipo bueno?
R.- Uno como el nuestro sería bastante difícil porque vinimos cada uno de un lado, yo el primero. Cuando estaba en el Madrid, aquí estaba un paisano, Duca, que me llamaba mucho y me decía por qué no venía, que se estaba muy bien. No podía porque tenía contrato con el Madrid, pero no llegamos a un acuerdo, me llevaron a Sevilla y al año siguiente vine. Estuve cinco años, del 63 al 68. Villa llegó de la Real Sociedad, Santos del Tenerife, Marcelino del Racing de Ferrol… Y así todos.

P.- ¿Cuál fue el secreto?
R.- Formamos un equipo de categoría porque jugábamos a futbol. Hubo partidos que, ganando 4-0 o 5-1, nos pitaba la gente. En el fútbol de hoy en día, sin hacer nada, solo tocando el balón, la gente aplaude. Me quedo pensando qué es esto. Recuerdo una semifinal con el Barcelona que ganamos 6-4 en La Romareda y la gente silbaba y pitaba. Eso ya no se ve, como tampoco la final del 7-3 contra el Eintracht de Frankfurt.

P.- En su etapa madridista también formó parte de un equipo magnífico.
R.- Tenía amistad con todos, éramos grandes compañeros. Con Alfredo (Di Stefano), con Del Sol, con Puskas, con Paco Gento, tenía muy buena relación. Pero con quien tenía una amistad diferente era con Pachín, que se murió hace poco. Éramos muy amigos. Cada vez que podía, iba Madrid a verlo. De la delantera quedo solo yo. Echas la vista atrás y te duele un poco.

El «Magnífico» Canario recibió también una camiseta con el 7 a la espalda

P.- Ellos tendrán buenos recuerdos de usted también…
R.- Cuando se murió Gento pusieron la final de la Copa de Europa contra el Eintracht en la cadena del Real Madrid, que la ponen cada dos por tres. Dice la FIFA que fue la mejor final que ha habido en la historia del fútbol. Una final de 7-3 no se veía, era muy difícil y hoy en día menos.

P.- Qué diferente es el fútbol…
R.- Ha cambiado a peor. En mi época era espectáculo y ahora negocio, es muy difícil arreglarlo. El Barcelona lo está pasando mal, pero pega el braguetazo y va para arriba. En el resto de los equipos, como en el Zaragoza, no funciona así, y eso también es lo que me hace sufrir y lo paso muy mal. Por eso muchas veces no voy al campo o, viendo el partido en la televisión, según se pone, le digo a mi mujer que vea lo que quiera. No estoy para sufrir ya.

P.- Del buen fútbol que le gusta a usted, ¿qué partido tiene señalado con la camiseta del Real Zaragoza?
R.- Todos en los que ganamos campeonatos y el famoso de Leeds, porque nos estábamos duchando cuando nos hicieron salir a saludar tres veces poniéndonos rápidamente un pantalón. No dejaban de aplaudir. Fue más espectacular porque daban el partido por ganado sin jugar, y a los 15 minutos les dábamos una paliza. De ahí es la anécdota del bus. El autocar llevaba una madera que ponía “Real Zaragoza Club de Fútbol”. Un aficionado me la quiso cambiar por una bufanda, le di la madera y el chófer casi me mata. Me dio igual, me quedé con la bufanda.

P.- ¿Qué se sentía al saber que toda Europa os admiraba?
R.- Nos tocaban siempre las islas, por Inglaterra. Íbamos encantados porque ganábamos casi siempre. Inglés entendíamos muy poco, pero sabíamos que decían “ya vienen estos tíos otra vez, siempre nos ganan, no podemos con ellos”. Nos aplaudían en todos lados. Los cinco años que estuve jugamos buenísimos partidos. Me gustaría encontrarme con más de aquellos jugadores, que hay muchos que no veo. En esa época teníamos amistad con casi todos los futbolistas.

P.- ¿Qué momento fue el más difícil?
R.- Lo pasé mal cuando me fui de malas maneras y no sé por qué. Quería era terminar mi vida deportiva aquí, pero Usón me dijo “usted es mayor, no puede jugar más a futbol, está mayor, adiós muy buenas”. Llegué a casa pálido, mi mujer me dijo que qué pasaba, que estaba muy blanco. No iba a exigir dinero, quería terminar mi vida deportiva aquí, que era donde me dieron tanto cariño.

P.- Siguió jugando a fútbol, pero no fue lo mismo…
R.- Me tuve que ir a Mallorca, jugué un año en Segunda y ascendimos. Tuve que llevar dos hijos y dejar dos aquí con un amigo. Cuando volví, vino el Gijón a buscarme y dije que no jugaba más. Me da mucha pena, porque hubiese dicho que hicieran lo que quisieran conmigo, que solo quería seguir. Cobraba 200.000 pesetas, no era mucho dinero, había gente qué cobraba mucho más.

P.- ¿A qué se dedicó cuando dejó el fútbol?
R.- Me monté una cafetería en Tenor Fleta. Estuve unos años y traspasé. Me metí a trabajar porque me llamó Carmelo, que también vivió aquí. Me dijo que le gustaría que fuera a trabajar con él y estuve en su bingo 17 años muy buenos, gracias a Dios. Busqué trabajo para solucionar mi vida.

P.- ¿Y ahora?
R.- Vivo bastante bien, no me falta de nada, pero con la porquería de la pandemia es diferente. Teníamos todos los miércoles una comida en el Actur con Pepe Díaz y nos juntábamos 10, 12, 14, y ahora desde la pandemia de las narices ya no. El otro día nos vimos y éramos ocho porque la gente tenía miedo y no se atrevía, cuando siempre éramos hasta 16. Ahora no podemos y da pena.

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P.- ¿Qué recuerdo no se le va a olvidar de la ciudad?
R.- No se me va a borrar nada de la afición, que me quiere mucho y me paran todavía. Tengo a un señor en la plaza de las Canteras que parece que tiene un imán. Salgo de cualquier sitio y él me está esperando. Estoy muy bien, encantado de la vida. Me quieren, me aprecian y me dan mucho cariño. Que se acuerden de ti con 87 años, te llamen y te hablen te deja encantado de la vida.

P.- Seguro que habrá alguno que le haya quedado más…
R.- Cuando nos subíamos al autobús tras ganar títulos, aunque era un poco peligroso. Un frenazo y te ibas al otro barrio. Veníamos en tren hasta Calatayud, bajábamos y subíamos al techo del autobús. Era un homenaje impresionante, con todo el mundo aplaudiendo, era una maravilla. La avenida Madrid hasta el Pilar… No se puede olvidar, se me pone la carne de gallina. Fueron los mejores años de mi vida.

P.- ¿Mejor que en Madrid?
R.- En Madrid estuve muy bien, y soy campeón de Europa con el Real Madrid, pero estuve tres años y aquí cinco. Del Madrid me fui por Muñoz, que no llegamos a un acuerdo. Me dijeron que las puertas siempre las tenía abiertas y me dio pena irme. Jugar con Del Sol, Di Stefano, Puskas y Gento no lo puede cualquiera. Pero aquí en Zaragoza fue una maravilla y sigo viviendo con una ilusión bárbara.

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