Javier Mesa / Gestor Cultural

Ángel Guinda. Poesía en el centro penitenciario

Javier Mesa
Javier Mesa

A pocos se les ocurriría pensar que la Poesía es uno de los géneros literarios más leídos en los centros penitenciarios, pero así es.

Quizás porque el poeta siempre se dirige a lo más íntimo y universal del ser humano, quizás por la belleza que desprenden las palabras ordenadas poéticamente o quizás porque en un centro penitenciario los sentimientos se encuentran a flor de piel.

Ángel Guinda nos visitó, por primera vez, en el año 2006 y, en este caso, quedó claro, enseguida, que era él mismo quien desprendía belleza, bondad y pura poesía.

Vino a encontrarse con los internos, a “encontrarse” de verdad con ellos, recitando su poesía más personal a la que acompañaba de sus pensamientos más íntimos. Su influjo, sobre todos nosotros, fue inmediato y sorprendente. Y nos trasladó a un suave trance poético.

Frente a nosotros, una persona menuda y aparentemente frágil estaba desnudando su alma con palabras dulces y, al mismo tiempo, era capaz de lanzar duros y certeros dardos a nuestra conciencia. El silencio, frente a algo inédito hasta entonces para muchos, se palpaba.

Yo me removía intranquilo en la silla y le miraba a Ángel. Él, sereno, me devolvía la mirada como quien se sabe invulnerable porque la verdad le envuelve. Así de poderoso era el poeta. Así de mayúscula su Poesía.

Y, entonces, recitó:

“Mi vida recibe instrucciones de otras vidas
anteriores a mí, a las que sirvo
como fiel sucesor y en mí reviven…”

Y todos nos percatamos, entonces, de que durante esa hora intensa, el poeta no sólo nos había ofrecido su vida a bocajarro sino que nos había regalado a cada uno un trozo de su misma alma.

Su vida ya formaba parte de nosotros, como fieles sucesores, al haber revivido tan sólo una hora de la propia vida del Poeta.

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