Así son cinco de las esculturas más fotografiadas del centro de Zaragoza

Esculturas más fotografiadas del centro de Zaragoza
La escultura popularmente conocida como "el Caballito de La Lonja" es un monumento dedicado al fotógrafo Ángel Cordero Gracia. Foto Laura Trives

Cuántas veces habremos callejeado por Zaragoza sin pararnos a observar el arte a nuestro alrededor y sin preguntarnos cuál es la historia detrás de los muchos monumentos que desde hace décadas decoran las calles de la ciudad.

Algunas de las esculturas en esta lista probablemente sean de los rincones más fotografiados de la capital aragonesa y, en muchos casos, sus historias son tan interesantes como las vidas de las personas o los acontecimientos a los que rememoran.

Esculturas tan icónicas como el Caballito de la Lonja, los Niños con Peces frente a la plaza del Pilar o los Leones que custodian el Puente de Piedra son un buen ejemplo de ello. Acompáñanos en este viaje al pasado a través de las historias de cinco de las esculturas más fotografiadas en el centro de Zaragoza, aunque hay muchas más.

Caballito de La Lonja

Muchos habréis crecido viéndolo, incluso es probable que tengáis una foto subidos a su grupa, pero, ¿sabéis cuál es la historia del Caballito de La Lonja?

Ubicada en Paseo Echegaray y Caballero, detrás de La Lonja, para ser más precisos, la escultura del Caballito, popularmente conocida como «el Caballito de La Lonja», es en realidad un monumento dedicado al fotógrafo Ángel Cordero Gracia.

La escultura de bronce, obra de Francisco Rallo Lahoz, fue inaugurada en 1991. Foto: Laura Trives

El fotógrafo perteneció a la generación de «minuteros»: fotógrafos ambulantes que se colocaban con sus máquinas de madera en espacios públicos y concurridos de la ciudad como parques, plazas o ferias. Durante décadas estos profesionales retrataron a la ciudadanía, entregándoles la instantánea «al minuto», de ahí su curioso apelativo.

Nuestro protagonista, Ángel Cordero Gracia permaneció con su máquina y su caballito de cartón piedra detrás de La Lonja entre 1925 y 1978. Más de 50 años en los que estuvo retratando a los niños que con gran ilusión se subían al pequeño equino. Un lugar que hoy le recuerda con este monumento que ya forma parte de la historia y el imaginario colectivo de la ciudad.

La escultura de bronce, obra de Francisco Rallo Lahoz, fue inaugurada en 1991 y supone una recreación a tamaño real. Para ello, el escultor tomó como modelo el caballito de cartón piedra utilizado por el propio Ángel Cordero Gracia.

Leones del Puente de Piedra

Nada mejor que la figura de un león, emblema y símbolo de la ciudad, para guardar Zaragoza. Y todavía mejor que un león, ¡cuatro! Un conjunto de cuatro leones custodian el Puente de Piedra de Zaragoza, dos situados a cada entrada del puente: dos miran a la calle Don Jaime y otros dos lo hacen hacia el Arrabal.

Los dos leones, situados a cada lado del Puente de Piedra, son obra de Francisco Rallo Lahoz. Foto: Laura Trives

El origen de estos leones se remonta al año 1656 y su colocación tenía como finalidad conmemorar la culminación de las obras acometidas en el Puente de Piedra.

La estructura del Puente de Piedra que hoy conocemos comenzó a construirse en el siglo XV con piedras procedentes de Muel, La Muela y el Castellar. Sin embargo, las continuas crecidas del Ebro han provocado su destrucción y reconstrucción en varias ocasiones a lo largo de los siglos. Tras la del año 1656, a cargo de Felipe de Busignac y Borbón, se decidió conmemorar el fin de la reconstrucción con la colocación de cuatro leones, animal de gran significado para la ciudad.

Los leones que hoy vemos no son los mismos de entonces. Una desafortunada remodelación del puente en el año 1907 provocó que estos fueran retirados. Más de 80 años después, el escultor Francisco Rallo Lahoz realizó las esculturas en bronce que todos conocemos y pudo llevar a cabo su propia visión del proyecto.

Las estatuas de los leones representan a cuatro leones vigilantes y protectores de la ciudad. Para su elaboración, Francisco Rallo tomó referencias de todos los sitios a su alcance. Estudió los diferentes tipos de leones; sus hábitos; y visionó varios documentales y enciclopedias de arte, llegando incluso a visitar el zoológico de Valencia para captar al máximo los detalles y movimientos de un ejemplar real.

Finalmente, se decantó por la imagen de un león africano que, apoyado sobre un pequeño peñón rocoso, domina el territorio a sus “pies”. Rallo quiso representar a sus leones en actitud de alerta, con los músculos en tensión, las fauces entreabiertas y el rabo levantado. El resultado final fueron las esculturas de cuatro leones siempre en guardia para defender la ciudad ante cualquier amenaza.

El arquitecto José Manuel Pérez Latorre fue el encargado de diseñar los pedestales, de siete metros de altura cada uno, sobre los que descansan estos leones.

Niño sentado mirando a la Torre Nueva

¿Quién no ha pasado por la plaza San Felipe y se ha sorprendido al ver la curiosa escultura de un niño sentado en mitad de la plaza? Esta pieza escultórica se llama “Muchacho sentado mirando a la Torre Nueva” y fue levantada en recuerdo de la torre que le da nombre. Se trata de una figura en bronce hiperrealista, obra de Santiago Gimeno Llop.

El «Niño sentado» forma parte de un memorial conmemorativo a la Torre Nueva. Foto: Laura Trives

La desaparecida Torre Nueva fue una gran torre mudéjar construida a principios del siglo XVI. Destacaba por una inclinación de casi tres metros sobre su eje y permaneció en pie hasta 1893. Debido a las constantes quejas que emitieron los burgueses de la zona, el Ayuntamiento acabó declarando la torre en estado de ruina con su consiguiente demolición. Esta torre de casi 80 metros, no solo era una de las construcciones más altas en la historia urbanística de Zaragoza sino que ha visto nacer leyendas en torno a ella.

La escultura del “Niño sentado” no destaca por sus dimensiones ni tampoco por representar a ningún personaje ilustre. Por el contrario, representa la escena cotidiana de un muchacho anónimo, sentado de tal forma que parece que está mirando al mismo lugar en el que un día se encontraba la Torre Nueva.

Esta escultura formaba parte del conjunto de una remodelación promovida por parte del Ayuntamiento en la plaza San Felipe. En 1991, se inauguró un primer monumento conmemorativo, en el mismo lugar en el que una vez había estado la Torre Nueva. Sin embargo, a raíz de varias polémicas y una orden judicial se ordenó su derribo poco tiempo después. El niño sentado que mira en dirección al Memorial es lo único que queda del mismo.

Las generaciones más jóvenes no llegaron siquiera a conocer la Torre Nueva pero una escultura, un mural y una leyenda la han inmortalizado a pesar del tiempo.

Eduardo Jimeno Correas

Esta escultura, quizás por su ubicación en plaza Ariño, pase más desapercibida para los viandantes. A pesar de ello, la historia detrás de la obra escultórica y, por ende, de la personalidad a la que representa está estrechamente relacionada con la historia cinematográfica no solo de Aragón, sino de España.

La escultura de «Eduardo Jimeno Correas» conmemora la grabación de la primera película del cine español. Foto: Laura Trives

Visible desde la calle Don Jaime, la escultura homenajea al director de cine Eduardo Jimeno Correas, zaragozano de nacimiento y considerado el primer director del cine español. Correas filmó «Salida de Misa de Doce del Pilar», la primera película que se conserva de la historia del cine español.

Pese a no superar los dos minutos y medio de duración la cinta tenía una longitud de 12,40 metros y contenía 651 fotogramas. La película filma la multitudinaria salida de los asistentes a la misa de doce del Pilar el 11 de octubre de 1896 en Zaragoza. Posteriormente, Correas rodó una segunda versión de la salida de misa en la que el público saluda efusivamente a cámara agitando sus sombreros.

La grabación se llevó a cabo desde un balcón próximo a la Basílica del Pilar con el cinematógrafo que Eduardo Jimeno Correas y su padre, Eduardo Jimeno Peromarta, habían adquirido en la fábrica de los Lumière en Lyon con el objetivo de exhibir películas en Zaragoza. Sin embargo, aprovechando que el cinematógrafo servía tanto para proyectar como para grabar, el director decidió grabar eventos reales cotidianos, como ya habían hecho anteriormente los hermanos Lumière en Francia.

La escultura que hoy le homenajea busca representar al cineasta en el proceso mismo de la grabación de esta cinta. La recreación, obra de Manuel Arcón, está basada en documentación fotográfica de la época conservada por los herederos del director. En especial destaca la cámara representada, puesto que corresponde completamente con las características de la que originalmente utilizó Correas para filmar su Salida de misa de doce del Pilar.

En un primer momento se contempló la posibilidad de instalar la escultura en la plaza del Pilar, lugar original de la filmación de su famosa película, pero finalmente se decantaron por su actual ubicación, a unos 300 metros de la misma.

Niños con peces

Por su ubicación, frente a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar, este conjunto de esculturas aparece con toda seguridad en buena parte de vuestros recuerdos y fotos de familia. Y no solo eso, sino que por su localización en la zona central de la plaza del Pilar estas dos fuentes han sido testigos de muchos acontecimientos clave de la historia de Zaragoza.

El conjunto escultórico «Niños con Peces» fue en sus inicios un bebedero para palomas. Foto: Laura Trives

Aunque no siempre fueron así. Antes de los dos grupos de esculturas que hoy conocemos hubo primero dos fuentes de granito que servían como bebedero para las palomas de la ciudad. De hecho, todavía hoy cuesta no asociar este rincón de la ciudad a la constante presencia de palomas revoloteando sin cesar a su alrededor.

Con el fin de transformar estas dos fuentes de granito en elementos de valor artístico se encargó la creación de dos piezas similares que sustituyeran las fuentes que había en aquel momento. El proyecto cayó en manos del escultor Francisco Rallo Lahoz, responsable de otras esculturas aquí ya mencionadas.

El resultado fueron dos fuentes elaboradas en bronce que representan a dos grupos de niños con peces. De esta forma, las fuentes servían un doble propósito: mantener el uso anterior para las aves y tener una utilidad pública, aportando ese ansiado valor artístico para la ciudad. En abril de 1979 se aprobó el proyecto de las esculturas, manteniendo los antiguos basamentos de granito, y en octubre de ese mismo año se colocaron los dos grupos escultóricos tal y como los conocemos hoy.

El planteamiento detrás de estas esculturas tenía como objetivo armonizar con el estilo barroco de la fachada sur de la Basílica del Pilar. Por este motivo, Rallo apostó por el reencuentro con la naturaleza y las raíces mitológicas que tan habituales son en las fuentes de este periodo de la historia del arte.

El escultor basó su trabajo en un desarrollo espacial de las diagonales. Tomando como referencia la figura infantil más elevada traza un triángulo que se cierra con las otras dos. Una disposición que se repite en cada uno de los niños.

En 2020, cuando hubo que restaurar estas dos esculturas debido a la corrosión, se decidió que no volverían a ser unas fuentes, puesto que el agua había sido una de las responsables en los daños ocasionados. Contra todo pronóstico, estas dos figuras escultóricas que empezaron siendo dos bebederos para palomas han acabado siendo elementos indispensables del paisaje zaragozano.

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