La falta de colmillo condena al Real Zaragoza a otro empate (0-0)

Los maños controlaban a un rival potente. Foto: Real Zaragoza (Tino Gil)

El Real Zaragoza no lograba pasar del empate a cero ante el Real Valladolid en el Estadio Municipal de La Romareda, en un encuentro en el que sí recuperaron su espíritu competitivo, pero en el que volvieron a evidenciar su falta de colmillo en la zona atacante. Los pucelanos acabaron con diez, mientras que los de JIM suman un encuentro más sin ver portería y, eso sí, con una imagen de entereza mayor que en jornadas anteriores.

Un mar de bajas encabezadas por Cristian, además de las salidas ya confirmadas, facilitaban la elección del once titular para JIM. De hecho, sorprendía la suplencia de Narváez y el no debut como titular de Grau, nada más. Enfrente un Real Valladolid en racha, con cuatro victorias consecutivas y en posiciones de ascenso directo. Eso sí, apenas cinco minutos duró la supuesta superioridad vallisoletana sobre el césped, con un inofensivo disparo de Plata a las manos de Ratón.

A partir de ahí, creció el Real Zaragoza en presión, en robo y en velocidad. Con Borja Sáinz y Nano Mesa como estiletes, Bermejo percutiendo por dentro y Azón bregando como en él es habitual. Eso sí, como un león sin colmillos. Por encima de la decena de disparos se marcharon los de JIM al descanso y la realidad es que Masip sólo tuvo que intervenir en uno, sin necesidad ni siquiera de manchar su indumentaria.

Pero los maños sí se quedaban con las sensaciones, buenas por fin tras su irregularidad manifestada en jornadas anteriores. Y más teniendo en cuenta el rival al que se medían. Francés y Jair dominaban ante la movilidad de Plano y la fortaleza de Weissman, Gámez no dejaba espacios para que Morcillo intimidara y Chavarría mostraba entereza frente al peligroso Plata. Por dentro, entre Petrovic, Francho y Bermejo ahogaban la salida de balón de Aguado y Roque Mesa.

Es decir, un equipo bien plantado, competitivo, pero con el mismo mal de siempre. Nano Mesa las tuvo de todos los colores, marchándose todas altas. También Borja cuajó una gran jugada individual con un disparo más que defectuoso. Francho probaba desde fuera enviando la pelota a la grada. Pero, a pesar del 0-0, el Real Zaragoza salía reforzado de una primera mitad donde, justo es decirlo, quien sí sacó sus colmillos fue la hinchada con una sonora pañolada y pitada dirigida al palco en el minuto 32. Demuestran, una vez más, que el león jamás estará dormido.

Segunda parte

El Real Valladolid daba un paso adelante en la segunda mitad. De hecho, en el 48, Weissman hacía temblar el larguero de Ratón tras ganar un centro lateral y disparar a la media vuelta. Se salvó el cuadro maño. La sensación es que JIM necesitaba mover pronto el banquillo para dar aire a un equipo que se había desfogado en la presión en el primer acto y llegaron rondando el minuto 60 con las entradas de Narváez y Grau, debutante, en detrimento de Nano Mesa, cojeando y llorando en el banquillo, y Bermejo.

El balón era claramente visitante y al Real Zaragoza le costaba ya pisar el área de Masip. Sí lo hizo Borja Sáinz, en fuera de juego, pero también había emergido el guardameta visitante para sacar un gran pie abajo. En defensa no se sufría en exceso, gracias en gran parte al partido defensivo que estaba realizando Petrovic, providencial por alto y por bajo al corte.

También gustaba, y mucho, Grau. Buen pie, zurdo, cabeza arriba y notable desplazamiento. De hecho, fue el causante principal de que el choque se volviera a equilibrar en cuanto a posesión. En lo que sí se desequilibró fue numéricamente. En el 83, torpeza de Plata, del Valladolid, con una durísima entrada a Borja Sáinz que le costó la roja directa sin titubeos por parte del colegiado. Era la última jugada también del extremo, en un buen partido, entrando Puche al terreno de juego para los últimos cinco minutos más añadido.

Trataría de volcarse el cuadro blanquillo en la recta final, pero lo cierto es que lo hacía ya con mucho más corazón que cabeza. Y sin la clarividencia suficiente como para hacer daño al Real Valladolid, ordenado pese a estar con uno menos y dando ya por buena la igualada. Aun así, tuvieron la más clara en una contra en la que de nuevo Petrovic emergía gigante para imponerse a Cristo y Sergio León.

Al final, otro 0-0, un nuevo choque sin conocer la victoria y también sin ver portería. Eso sí, las prestaciones mejoraron respecto a anteriores encuentros, el clavo ardiendo al que, a buen seguro, se aferraron los creyentes.

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