Los juguetes que alegraron nuestra infancia

Chiquillo disfrutando de sus regalos navideños. El juguete más reseñable es el tranvía de 2 pisos con imperial descubierta, hecho en hojalata por juguetes Hispania de Barcelona a partir de 1918. Estaba basado en los tranvías de Barcelona reales de la serie 169-193, fabricados por Girona entre 1908 y 1909 sobre trucks Brill/Preston y motores (2) de AEG. Colección Miguel Pascual Laborda
Chiquillo disfrutando de sus regalos navideños. El juguete más reseñable es el tranvía de 2 pisos con imperial descubierta, hecho en hojalata por juguetes Hispania de Barcelona a partir de 1918. Estaba basado en los tranvías de Barcelona reales de la serie 169-193, fabricados por Girona entre 1908 y 1909 sobre trucks Brill/Preston y motores (2) de AEG. Colección Miguel Pascual Laborda

Conforme llega la Navidad la ilusión se acrecienta en los niños. La larga espera durante el año se hace cada vez más cuesta arriba, es el momento de hacer balance sobre si se ha sido lo bastante bueno como para ser merecedor de la lista escrita a los Reyes Magos o si el temible carbón asomará por la puerta en la mañana del 6 de enero. Pero los niños son optimistas por naturaleza y solo esperan que se les complazca con lamines, atenciones y juguetes, algo a lo que la familia contribuye con igual ilusión, no exenta de los típicos nervios de última hora por conseguir el anhelado juguete de moda y que casualmente se encuentra agotado, desde el centro comercial más exclusivo hasta el más humilde comercio lúdico de barrio. Ni siquiera los pedidos interneteros globalizados son capaces de absorber la codicia de los pequeños en estas fechas, provocando más de un disgusto en el momento de abrir los regalos. Menos mal que a partir del día 7, una vez pasado el berrinche inicial, SS.MM los reyes de Oriente tienen a nuestro servicio toda una legión de pajes para cambiar, gracias a los tickets regalo, aquello que no es de su agrado.

Los niños juegan siempre: solos o acompañados, de pie o sentados, en lunes o en domingo, llueva o truene, haya juguetes o no… y es que el juego es una actividad necesaria para el desarrollo de las personas, también es algo inherente al ser humano, es lo que nos hace racionales, inteligentes, creativos, emocionales y sobre todo felices. Tal vez por eso a los pequeños les encantaba y les encanta aparecer en las representaciones teatrales de Navidad disfrazados de pastorcillos, lavanderas, Ángel anunciador o la Sagrada Familia al completo, con el beneplácito de sus progenitores, en muchos casos en lucha descarnada por conseguir el papel protagonista para sus hijos. Otros, en cambio, se conformaban y se conforman con ser la estrella anunciadora, los camellos o el narrador del Nacimiento viviente. Lo que está claro es que en estas fechas siempre se monta un Belén, si bien en la actualidad, este sea vía Whatsapp en el grupo de padres del colegio correspondiente.

Nacimiento viviente en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús. Niños celebran la Navidad desempeñando personajes del Belén. 1963. Fotografía cedida por Javier Redrado Marín
Nacimiento viviente en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús. Niños celebran la Navidad desempeñando personajes del Belén. 1963. Fotografía cedida por Javier Redrado Marín

Aunque debemos ser conscientes de que la Navidad no siempre ha sido una época fácil ni generosa con los niños españoles…

En los años 40, España era un país triste, gris, pobre y asolado por las consecuencias de una guerra civil todavía con cicatrices y costuras difíciles de cerrar. Un territorio donde el silencio y la resignación ante los caídos en el frente seguían presentes en la memoria de todos.

El hambre, la muerte y la represión pasaban de costado entre la infancia de una Zaragoza de provincias. Niños huérfanos se contaban por decenas en los hospicios y colegios de la ciudad, muchos de ellos apartados de sus madres republicanas, fusiladas en las cárceles habilitadas para ellas; apoyadas en muchos casos por la iglesia católica que entregaba a los hijos de las represaliadas políticas a familias pudientes afines al régimen franquista.

Fray Gumersindo de Estella describe en sus diarios los gritos y las torturas en la cárcel de Torrero a las que fueron sometidas. Este párroco proclive a la reconciliación y el perdón guardó celosamente la memoria de quien ya no puede defenderse. Con estos mimbres, muchas de nuestras criaturas aprendieron a ver, oír y callar… también a jugar y a crecer en una sociedad muy distinta a la que sus padres soñaron para ellos.

En medio de tanta desolación, la Navidad era un respiro muy necesario para fomentar la ilusión y la esperanza. Esperanza que se alimentaba de sueños casi siempre inalcanzables o solo permitidos para unos pocos elegidos.
Las niñas de varias generaciones albergaron con optimismo el milagro de ver cumplido el sueño de poseer una muñeca llamada “Mariquita Pérez”, símbolo de status social y económico en la España de la posguerra.

Los niños tenían otras inquietudes y repartían sus pedidos a los Reyes Magos entre los balones, los indios y vaqueros, los trenecitos o caballitos de madera, cometas y galdrufas. Las niñas solían pedir a los “magos” juegos de café y té, cocinitas, tablas de planchar, combas, muñecas y vestiditos para estas.

Escaparate de la boutique Carrión en 1942, con sus inconfundibles “Mariquita Pérez”. Este establecimiento fue el primero en vender la afamada muñeca en Zaragoza
Escaparate de la boutique Carrión en 1942, con sus inconfundibles “Mariquita Pérez”. Este establecimiento fue el primero en vender la afamada muñeca en Zaragoza

En Zaragoza, una mujer audaz donde las haya, trabajadora, luchadora y de personalidad arrolladora llamada Teresa Carrión Damborenea, abrió una boutique en 1942, – que para eso ella hablaba un perfecto francés, – en la calle de Jerónimo Zurita nº 6. Poco importó que fuera viuda y que la escasez estuviera a la orden del día. Al poco tiempo de abrir su tienda de regalos, echarpes y abanicos, objetos de decoración y prendas de vestir asumiría la venta de esta muñeca, “Mariquita Pérez”, siendo la primera empresaria en apostar por este juguete en Zaragoza.

Dos juguetes de los entonces llamados “sport”; el triciclo y el patinete “Vespi” imitación a la moto Vespa. El caballito, fuerte Fort-San con indios y vaqueros, arrastre mariposas, tren a cuerda de Rico, autocar Studebaker de Payá y camión de madera con cabina en baquelita, posiblemente fabricado en Onteniente o Denia. 1957. Colección Miguel Pascual Laborda
Dos juguetes de los entonces llamados “sport”; el triciclo y el patinete “Vespi” imitación a la moto Vespa. El caballito, fuerte Fort-San con indios y vaqueros, arrastre mariposas, tren a cuerda de Rico, autocar Studebaker de Payá y camión de madera con cabina en baquelita, posiblemente fabricado en Onteniente o Denia. 1957. Colección Miguel Pascual Laborda

Después vendría el “prêt-á-porter” con el que las niñas de familias más acaudaladas de la época, vestirían las mismas ropas que sus muñecas. Teresa y su hija Carmen Gracia Carrión seguirían vendiendo sueños a modo de baúles y vestidos de esa muñeca hasta 1963, momento en el que comenzó la comercialización de la muñeca “Dulcita”.

Unos pequeños calendarios acompañaban al juguete con letras más grandes que las que traía el cuento anudado a su brazo y poesías fáciles de recordar para las niñas recién iniciadas en la lectura, escritas al parecer por la hija de la fundadora de la muñeca, de nombre Leonor:

En Enero salgo al mundo
sólo con un delantal
pero el resto del año
¡la de trajes que me harán!

En julio, como iré al mar,
Un traje para bañarme,
y cuando salga del agua,
albornoz para secarme.

En octubre mi uniforme,
pues ya el curso comenzó
y es preciso que me instruya
y empiece mi educación.

En diciembre duermo y sueño
que llegan los Reyes Magos,
todo el año he sido buena,
me traerán muchos regalos.

Era evidente que solo las familias más adineradas podían permitirse un juguete así. ¡Una muñeca que iba a la moda, a esquiar, al mar y le traían buenos regalos los Reyes Magos! Tanto era así, que, “Mariquita Pérez” tenía el prohibitivo precio de 95 pesetas en el 39, año en el que se comercializó por primera vez, y 110 pesetas en 1942.

Caja General de Ahorros de la Inmaculada Concepción. Detalle a resaltar, en el escaparate no se ven juguetes bélicos. 1954. Colección particular
Caja General de Ahorros de la Inmaculada Concepción. Detalle a resaltar, en el escaparate no se ven juguetes bélicos. 1954. Colección particular

Hablamos de una España abocada a la reconstrucción y como no, al ahorro. Las cajas y bancos se apresuraban a fomentar sorteos navideños en los que mediante una pequeña imposición en la cuenta se optaba a sustanciosos juguetes. El requisito principal, ser menor de 12 años y tener una libreta abierta en la entidad financiera con una determinada cantidad. Igualmente, la obra social iba en consonancia de la mano de la Iglesia Católica en determinados ámbitos, así, el cine PAX abriría sus puertas en 1963 a través de las cadenas de cine Film Dux, dependientes del Arzobispado en la figura de Mosén Francisco Izquierdo Molins, algo muy necesario en esos años. También fundador de Radio Popular de Zaragoza, vecino de edificio del cine, situado en los bajos del Palacio Arzobispal, donde hoy se encuentra la Capilla de San Pascual Bailón para la Adoración Perpetua de la Eucaristía.

Mañana del día de Reyes en el cine PAX, propiedad del Arzobispado de Zaragoza. Ese año proyectaron “Siete pistolas para los MacGregor”. Gerardo Sancho Ramo. 1968. Archivo Municipal de Zaragoza
Mañana del día de Reyes en el cine PAX, propiedad del Arzobispado de Zaragoza. Ese año proyectaron “Siete pistolas para los MacGregor”. Gerardo Sancho Ramo. 1968. Archivo Municipal de Zaragoza

El Arzobispado de Zaragoza organizaba festivales navideños y sesiones de cine matutinas. La más esperada era la ofrecida el día de Reyes en la que invitaba a niños de clases desfavorecidas al pase de una película infantil y les obsequiaba con un regalito. También acudían niños de las Escuelas Nacionales con el mismo propósito.

Los antiguos sindicatos “verticales” (OSE) durante la época de Franco organizaban un acto similar en los salones del Casino Mercantil. Esta “tradición” perduró hasta aproximadamente los años de la Transición española. Algunas empresas privadas de empaque, como el antiguo Banco Hispano Americano hacían otro tanto para los hijos de sus trabajadores y es que la caridad en esas fechas se encontraba a la orden del día.

Los juguetes eran baratos: muñecas pequeñas para las niñas y coches para los niños; también juegos recreativos (oca, parchís, etc.). El objetivo era de alguna manera complementar los regalos de Reyes de las familias con menor poder adquisitivo. Los niños y niñas recibían juguetes “propios de su sexo”.

Scalextric, set GT-64 al que le han añadido algunos otros coches. El camión porta coches es de la firma Gozán y al fondo vemos el famosísimo Citroën Tiburón Payá cable dirigido. Cartera, estuche y muñeca completan la carta a los Reyes. 1957. Colección Miguel Pascual Laborda
Scalextric, set GT-64 al que le han añadido algunos otros coches. El camión porta coches es de la firma Gozán y al fondo vemos el famosísimo Citroën Tiburón Payá cable dirigido. Cartera, estuche y muñeca completan la carta a los Reyes. 1975. Colección Miguel Pascual Laborda

En aquellos años 70 causaron sensación en los escaparates comerciales juguetes como el Scalextric, el juego de tocador de la Señorita Pepis, el Exin Castillos, los Juegos Reunidos Geyper, Magia Borrás, Ibertén, Cheminova, Quimicefa, Tente, la bicicleta plegable BH, el Cinexin y toda una suerte de cocinitas y cacharritos que seguían haciendo las delicias de los más pequeños de la casa. Las Nancy arrasaban con todos sus complementos con paso lento pero firme camino del portal, para hacer llegar al niño su cariño y su amistad…algo que causaba cierta ansiedad entre los infantes de la época, creyendo que no llegarían a tiempo para la felicitación navideña. La Barbie, por el contrario, de aspecto más voluptuoso y atlético, generaba un cierto debate en la sociedad española al presentarse como una mujer en miniatura con cintura de avispa y medidas inalcanzables para las jovencitas influenciables.
Años más tarde, aquellos niños setenteros que no recibieron el deseado juguete, se aseguraron de que en años posteriores los Reyes Magos trajeran a sus propios hijos aquel codiciado objeto de deseo para su propio beneficio, algo que muchos de ellos a día de hoy todavía no han admitido. Lo que viene a ser un regalo en diferido.

Sea como fuere, aquel lejano debate que un día se dio sobre si Papá Noel sí o Papá Noel no, realmente popularizado por la Coca Cola, jamás le restó un ápice de protagonismo a nuestros queridos Reyes Magos llegados del Lejano Oriente, y que conseguían alargar, aunque solo fuera por un día, las vacaciones de Navidad, ese día 7 que servía para jugar con los regalos recibidos, aquellos juguetes que quedan insertados de manera entrañable en la memoria y el recuerdo de nuestra infancia.

En primer término vemos el Cinexin. A su derecha, una máquina de coser Eureka y sobre ella (asomando en su caja) un coche de Román. Arriba a la derecha, una batería de cocina de Juguetes Purama, en el centro, una muñeca de Famosa y a la izquierda otra batería de cocina, seguramente de la firma PSE. El futbolín es de la casa Vicente Aguilar Forment, y el helicóptero que hay sobre él, de Jyesa.1957. Colección Familia Abadía
En primer término vemos el Cinexin. A su derecha, una máquina de coser Eureka y sobre ella (asomando en su caja) un coche de Román. Arriba a la derecha, una batería de cocina de Juguetes Purama, en el centro, una muñeca de Famosa y a la izquierda otra batería de cocina, seguramente de la firma PSE. El futbolín es de la casa Vicente Aguilar Forment, y el helicóptero que hay sobre él, de Jyesa.1975. Colección Familia Abadía

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Chiquillo disfrutando de sus regalos navideños. El juguete más reseñable es el tranvía de 2 pisos con imperial descubierta, hecho en hojalata por juguetes Hispania de Barcelona a partir de 1918. Estaba basado en los tranvías de Barcelona reales de la serie 169-193, fabricados por Girona entre 1908 y 1909 sobre trucks Brill/Preston y motores (2) de AEG. Colección Miguel Pascual Laborda