La mágica noche de la víspera de Reyes

Cabalgata de Reyes a su paso por la calle Alfonso I. Gerardo Sancho, 1972. Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-88485
Cabalgata de Reyes a su paso por la calle Alfonso I. Gerardo Sancho, 1972. Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-88485

Si en Navidad hay un instante en el que se plasma la ilusión de los pequeños, y no tan pequeños, es el 5 de enero, víspera del día de Reyes; momento en el que desfila la Cabalgata de SS.MM. los Magos de Oriente y las familias se lanzan a la calle para ver pasar comparsas ricamente ataviadas y a cual más vistosa acompañando a Melchor, Gaspar y Baltasar. Desfile como lo vemos ahora… porque esta tradición, como tantas cosas que ahora consideramos como de toda la vida, no lo es tanto. Cierto es que la primera “Cabalgata” tuvo lugar hace unos dos mil años, por supuesto lejos de nuestra Zaragoza, y con los mismos protagonistas, pero en un entorno muy diferente, adorando a un niño y llevándole, eso sí, unos regalos que poco tienen que ver con los de hoy día.

La primera idea de representar este acontecimiento en Zaragoza la tuvo el entonces propietario de la mítica “Quinta Julieta”, Enrique Sagols Ferrer, quien en 1904 obtuvo la patente de invención consistente en “El procedimiento para entregar o repartir juguetes o regalos en los que hagan la entrega o reparto formen una cabalgata representando los reyes magos u otras figuras mitológicas o grotescas”, aunque el Sr. Sagols debió de pensárselo mejor ya que no se puso en práctica.

Remontándonos en el tiempo, lo más parecido a una comparsa navideña que hubo en Zaragoza fue la que tuvo lugar en 1935, cuando, gracias al SIPA, salió desde las Casas Consistoriales, entonces en la calle de Predicadores dirigiéndose hasta el Hogar Pignatelli para entregar juguetes a los niños desfavorecidos allí acogidos. Se trataba de un desfile encabezado por la Guardia Municipal a caballo, seguida por la banda municipal y SS.MM. los Reyes Magos escoltados por antorchas, montados en briosos corceles acompañados de pajes infantiles, camiones militares con un cargamento simulado de juguetes, y tras ellos un último vehículo desde el que se arrojaban caramelos a los niños, y no tanto, que observaban el desfile.

SS.MM los Reyes camino del Ayuntamiento. Gerardo Sancho, 1963.Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-1 1004
SS.MM los Reyes camino del Ayuntamiento. Gerardo Sancho, 1963.Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-1 1004

Podemos imaginar por un momento las sensaciones de aquellos pequeños, que seguramente nunca habían visto tal derroche, lo mejor arropados posible en el frío invernal, viendo pasar por unas calles oscuras a esa comitiva con los Reyes, iluminada con antorchas, lo que les daría una imagen un tanto irreal aunque muy apropiada envueltos en los sonidos de gritos y aplausos a su alrededor. También el ver pasar ante ellos los camiones repletos de juguetes, imaginando que alguno de ellos podría ser el que a la mañana siguiente estuviera en el salón de su casa respondiendo a la carta que con tanto cuidado habían escrito.

Retratos de niños con Reyes Magos. José Luis Cintora junto a su hermano. “Bazar X”, 1954. Javier Redrado Marín. “Grandes Almacenes El Águila”, 1957. Marta Hidalgo Nourry. “Galerías Preciados”, 1971
Retratos de niños con Reyes Magos. José Luis Cintora junto a su hermano. “Bazar X”, 1954. Javier Redrado Marín. “Grandes Almacenes El Águila”, 1957. Marta Hidalgo Nourry. “Galerías Preciados”, 1971

Apenas unos años más tarde, el ritual de escribir a los Reyes Magos esa misiva de su puño y letra casi no había cambiado, momento en el que exponían sus deseos e ilusiones de recibir al menos alguno de los regalos que en ella quedaban reflejados. Aunque el instante más especial era el de entregarla en persona a uno de los tres Magos, y si además iba acompañado de una fotografía que lo inmortalizara, mucho mejor. Podemos imaginar esa salida de casa, abrigados con el pasamontañas, las manoplas y la bufanda con varias vueltas sobre el cuello para soportar el frío de un invierno recién comenzado, y con las ganas de hacerla llegar a sus destinatarios. Con ella bien guardada en un bolsillo de su abrigo, se dirigían a los comercios donde estaban los Reyes en sus tronos, acompañados de sus pajes.
Durante los años 40 y 50 ese era el único momento en el que podían verlos, ya que las Cabalgatas como tales, con sus múltiples variaciones, no se celebraban como empezaron a hacerlo años más tarde. Era el tiempo de ir a las calles del centro de la ciudad, donde estaban los comercios con sus escaparates adornados y mostrando sus mejores galas para atraer a los zaragozanos, o al menos pararse a mirarlos. En esas calles céntricas, como la calle Torre Nueva, Alfonso I, Don Jaime I, el Coso o en pasajes como el del Ciclón, se respiraba un bullicio que hacía palpable el espíritu navideño.

En algunos de esos establecimientos, como “Los Grandes Almacenes El Águila” o el “Bazar X” era donde los niños podían entregar sus cartas y hablar con los Magos de Oriente. En las fotografías que acompañan al texto se aprecian sus rostros con una mezcla de seriedad y curiosidad en el momento de hacer la entrega y de posar para el fotógrafo, que seguramente en muchos casos era una de las pocas ocasiones en las que lo podían hacer.
Hoy en día hacerse una fotografía nos resulta algo normal y familiar, un acto al que no le damos importancia, pero parémonos a pensar en lo excepcional que resultaba en esos años y en lo especial que para los niños debía ser posar delante de una cámara.

La Cabalgata a su paso por la calle don Jaime I. Gerardo Sancho, 1977 Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-88485
La Cabalgata a su paso por la calle don Jaime I. Gerardo Sancho, 1977
Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-88485

Un momento solemne en el que un Rey ataviado con ricos ropajes, sentado en un trono sobre un estrado y al que había que acercarse y mirar desde abajo, esperaba a los pequeños que se acercaban a él. Esos ropajes contrastaban en muchos casos con los de esos niños, algunos de los cuales llevaban abrigos heredados de sus hermanos mayores, zapatos gastados seguramente de haber pasado por varios dueños y ajustados lo mejor que se podía para seguir cumpliendo su función. En otros casos, sin embargo, podían lucir sus mejores galas para ese momento, contraste de las diferentes posibilidades económicas de las familias en aquellos duros años 50 y principios de los 60, que como testigo de esa época nos muestran las fotografías.

Llegados a la década de los 60 vemos en imágenes las Cabalgatas que con sus carrozas y adornos tomaban forma para ir evolucionando hasta las que conocemos hoy día. Los adornos consistían en muchos casos en unos globos que rodeaban a las carrozas, globos que además de su función decorativa tenían otra más publicitaria… y es que ¡quién iba a desaprovechar un público tan numeroso para, de paso que se colaboraba en la vistosidad de las carrozas, poner el nombre de una bebida, unos calzados, una emisora de radio!… y que utilizaban el recorrido -por entonces se limitaba a la calle Alfonso I, parte del Coso, calle Don Jaime I y plaza del Pilar- como un escaparate en movimiento.

Los infanticos rodean a los Magos a su salida del templo del Pilar. Gerardo Sancho, 1963. Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-11004
Los infanticos rodean a los Magos a su salida del templo del Pilar. Gerardo Sancho, 1963. Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-11004

Entre los niños que acudían a ver a los Reyes no podían faltar los Infanticos, tan conocidos en nuestra ciudad, como se ve en la fotografía donde esperan su salida a las puertas de la Basílica del Pilar y uno de los cuales parece estar a punto de recibir un balón, regalo que seguro aprovecharía con sus compañeros para distraerse entre sus horas de estudio y cantos a la Virgen. Avanzamos algo más en el tiempo y entramos en los años 70, con la aparición de nuevos grandes almacenes, como Galerías Preciados en el paseo de la Independencia, lugar en el que los Reyes también se instalaron para recibir las cartas.

Las fotografías muestran las carrozas a su paso por la calle Alfonso I y el paseo de la Independencia donde se mezcla la comitiva con la iluminación navideña de ambas vías. Las imágenes de 1972 muestran una calle que nos parece estrecha, la de Alfonso I en su tramo final, llegando a la plaza del Pilar, con el edificio del Ciclón a la izquierda, y en la que casi podemos sentir el agobio de estar rodeados de gente que apenas deja espacio para el paso de las carrozas, bajo las luces con forma de estrellas y árboles de Navidad que iluminan la calle. Como contraste, la amplitud del paseo de la Independencia, con la fachada de Galerías Preciados que se unía también a la iluminación callejera. Pero en ambas se adivinan los ojos curiosos de los niños buscando entre las carrozas donde Sus Majestades llevan los regalos, esos que han escrito en sus cartas, como aquellos de la Cabalgata de 1935, y con las mismas ganas de comprobar si a la mañana siguiente se los habrían puesto los Reyes en sus casas.

Paseo de la Independencia y Galerías Preciados. Gerardo Sancho, 1972. Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-57386
Paseo de la Independencia y Galerías Preciados. Gerardo Sancho, 1972.
Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-57386

Todas estas imágenes de las carrozas o las calles iluminadas abarrotadas de gente nos muestran las horas anteriores al momento más mágico de las Navidades de entonces, la Noche de Reyes, en la que los niños, una vez en casa y ya sin los abrigos, gorros, pasamontañas o manoplas que les habían ayudado a olvidarse del frío en la calle, se disponían a dejar los zapatos bajo una ventana antes de irse a dormir, con un poco de agua y alguna galleta para ayudar a Reyes y camellos a seguir su camino. Y era en ese momento, cuando el silencio ya se había hecho después de tantos sonidos y tantas sensaciones vividas, cuando los padres empezaban a ser los reyes de la casa y pasaban a ser los protagonistas de la noche mágica, seguramente con más ilusión que los propios niños.

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Cabalgata de Reyes a su paso por la calle Alfonso I. Gerardo Sancho, 1972. Archivo Municipal de Zaragoza 4-1-88485