José Ignacio Martínez Val / Director de Martínez-Val Abogados

La España vacua

José Ignacio Martínez Val

Llevamos unos años que tela. Cada mes, cada semana, casi cada día, en los departamentos de i+d de la progresía siguen desarrollando nuevos productos ideológicos en busca de votos y puestos para los suyos. El penúltimo producto de dicha factoría de ficción es lo de la España vaciada.

Y me pregunto, ¿qué problema hay, realmente, en que haya zonas de España que estén vacías de humanos? Creo que ninguno (además la flora y fauna se desarrolla a su aire), salvo que los que allí mandan se quedan sin dinero y sin poder disfrutar. De hecho, ¿cómo se puede querer y hacernos creer que grandes zonas esteparias en general montañosas, donde llueve poco, hay poca agua encauzada, hace bastante frío y hay poca llanura fértil vayan a estar ampliamente pobladas? ¿Y por qué pretender evitar que la gente, como si fuese rehén de los amados líderes locales, no se vaya, si quiere, a otras zonas donde existe todo lo contrario y la vida puede ser más favorable? Me parece absurdo montar una campaña (y gastar recursos públicos en ella) con la absurda e inútil intención de que Soria, Teruel o el centro de Castilla sean zonas pobladas (que nunca lo han sido además) siendo que la vida en ellas es más dura y difícil y donde existen menos posibilidades de prosperar que en otras zonas donde hay agua en abundancia y/o, un clima mucho más benigno y/o estén bien comunicadas, etc.

¿De verdad que alguien con dos dedos de frente piensa que por instalar red de fibra de última generación, autovías o estaciones de AVE en Medinaceli, por ejemplo, va a ir a vivir allí más gente, se van a instalar más empresas y, en general, no se va a querer marchar población de cualquier modo a polos económicos y geográficos más favorables porque, simplemente, lo son como Zaragoza capital?

Una vez más, e independientemente de que deban mejorarse constantemente las infraestructuras de cualquier zona de España, nos encontramos ante un fenómeno y movimiento artificial, creado para el provecho y utilidad de los políticos que lo instigan y de quienes se arriman a estos con el espurio ánimo de crear chiringuitos y campañas constantes e interminables donde siempre son víctimas de algo y de alguien, tratando de estirar y de vivir del asunto que sea el máximo tiempo que se pueda.

Son incansables nuestros líderes (y sus palmeros) en idear estupideces y sumideros de dinero público para sus intereses.

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