Francisco Javier Aguirre / Escritor

Absoluto y permanente

Francisco Javier Aguirre

Si hay algo absolutamente imposible es el propio concepto de absolutez. Ni siquiera los miembros de las antiguas monarquías de ese cariz podían demostrar racionalmente su condición. Como el resto de los mortales, estaban expuestos a contrariedades y contingencias de todo tipo, desde las sanitarias hasta las económicas, pasando por las climáticas, las accidentales y un largo puente de dificultades diversas absolutamente imprevisibles. De manera que lo de monarca absoluta (también había antiguamente monarcos absolutos, aunque no se denominaran así, hagamos chanza de esos desmadres del lenguaje pretendidos hoy por algunas, algunos, algunes, etc.) no dejaba de ser una fórmula ficticia confrontada con la realidad mostrenca. Así que, analizándolo fríamente, cuando alguien pretende utilizar el adjetivo absoluto o el adverbio absolutamente en cualquier sentido, está cometiendo una tropelía intelectual. También se puede sustantivar el término si hablamos de ‘lo absoluto’, pero entramos en categorías filosóficas y teológicas que no procede contextualizar aquí. Mi intención en este comentario es ir a pie llano.

Hace algún tiempo, dentro de uno de los grupos de WhatsApp a los que pertenezco, se suscitó una polémica en la que uno de los partícipes me hizo llegar el siguiente mensaje: “Estás absolutamente equivocado en todo lo que piensas y dices”. Me quedé perplejo, no por mi discrepancia o mi disidencia en cuanto al criterio ajeno, sino porque se tratara de algo absoluto. Mi respuesta ante tan pueril afirmación no pudo ser otra que la siguiente: “Admito estar absolutamente equivocado en todo lo que pienso y digo, pero al mismo tiempo estoy seguro de que tienes toda la razón, aunque no absoluta, en todo lo que piensas y dices. Fin de la cita”. El colofón, esa apostilla final, evidentemente tiene su retranca, alusiva a cierto latiguillo de un político de tiempos pasados con el que seguramente mi contertulio tenía o incluso tiene vinculaciones ideológicas, muy respetables, por cierto, aunque yo no las comparta.

El caso es que mantener cualquier postura absoluta en estos tiempos, por muy doctor que uno sea en cualquier ciencia o disciplina, y por mucho que el referido sujeto profese en una universidad, no deja de ser una postura infantil, más digna de lástima que de ira.

No hay nada absoluto en la vida. Lo mismo que no hay nada permanente. Aunque pueda afirmarse, sin temor a estar equivocado, equivocada, etc., que la única ley permanente en el universo es la Ley de la Impermanencia. Esta sí que es una verdad absoluta.

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