José Ignacio Martínez Val / Director de Martínez-Val Abogados

Visado y arancel

José Ignacio Martínez Val

En este país llamado España solemos utilizar poco (y/o mal) la materia gris que la evolución nos ha regalado a la hora de adoptar, en general, medidas que sean prácticas y favorables a la unión del país; pero esta carencia aún es mayor cuando hablamos de medidas pasivas o indirectas, es decir, que den altos resultados, incluso mejores, sin implicar mucho esfuerzo y exposición como supone tener que intervenir legal o militarmente un territorio regional, algo que siempre implica prohibir dentro de sus fronteras, lo que a la postre queda mal y parece que eres facha y quieres oprimir. ¿Para qué gastar energías que además se van a volver en tu contra?

Así, en base a dichas premisas y como medidas indirectas para la defensa de la “unión española”, se me ocurren varias ideas:

Que te dicen los indepes que no se respeta la norma del 25% de castellano en las escuelas, pues no se homologan los estudios de cualquier ciudadano catalán o vasco (o de la región que fuese) que no haya estudiado según el estándar que marca el Estado. A ver cuántos padres y estudiantes estarían dispuestos a que los estudios de sus hijos en el resto de España valiesen lo mismo que los de un ciudadano de Burundi.

Que un municipio pone un cartel de que son un municipio de la república catalana libre y soberana pues se cierra el comercio entre ese municipio y el resto de España o se les mete un arancel a los productos de ese municipio como si fuesen productos de Nagorno-Karabaj. Varios municipios de Lérida o Tarragona fronterizos con Aragón colgarían en los Ayuntamientos la bandera de San Andrés al día siguiente.

Que alguien se declara indepe y repugna a España, démosle gusto y cumplamos sus deseos. En cuanto pasen la frontera con el estado demoniaco español, que solo puedan viajar o residir con una especie de visado y, evidentemente, de cara a aprovecharse de ayudas, ventajas o derechos por ser español, pues nada de nada.

En cuanto a empresarios y gente relevante de la sociedad catalana, la medida más directa y efectiva es que solo hubiese relaciones comerciales y sociales con aquellos que abiertamente fuesen unionistas. Cero relevancia y relaciones con aquellos que fuesen indepes.

Que nos sale indepe un presidente de una Cámara de Comercio de alguna ciudad o provincia catalana, no hay problema. Se le expulsa de la Cámara de Comercio de España hasta que la dirija alguien unionista.

Y la guinda del pastel: el Barça y luego vendría el Athletic Club (y cualquier deportista individual reconocidamente indepe) fuera de la liga española (o de competiciones nacionales) de inmediato.

Les he expuesto cinco medidas (habría muchas más y les invito a reflexionar sobre ellas) de fácil aplicación e implementación (si se quisiera) pero que son ciencia ficción, a día de hoy, para izquierda y derecha. En España, seguimos creyendo en ese mantra estúpido de que cediendo, cediendo y cediendo y encajando, encajando y encajando insultos y desprecios desde Cataluña o País Vasco, estas regiones, poco a poco, se van a españolizar y/o el nacionalismo se reducirá. Jajaja. Noooooooo. Mientras ser nacionalista/indepe otorgue riqueza y poder dentro de la región a empresas y personas, habrá nacionalistas/indepes que además querrán seguir teniendo el poder y vivir del tema para lo cual intentarán mantener siempre viva la llama del nacionalismo/independentismo aplastando a todo aquel que ose poner en riesgo dicho sistema. Hasta el día que ser nacionalista/indepe no reporte sufrir desventajas, pérdida de beneficios y derechos o demérito y desdoro real en el resto de España, todo el rollo que hay instalado en Cataluña y País Vasco seguirá vivo; en el mejor de los casos simplemente se mantendrá latente y dispuesto para que, a la mínima, se desate su furia y odio contra el resto del país. ¿De verdad los españoles nos tenemos que acostumbrar y debemos asumir el vivir con esa anomalía?

No podemos tener miedo a una independencia real (y si sucediese hay otros medios no tan amistosos para mantener la unión y ninguna nación extranjera se gastaría ni medio euro en defender una causa catalana o vasca) pues vascos y catalanes viven en y de España. Por más que les pese, viven en la Península Ibérica (aka España), son regiones pequeñas, somos, con gran diferencia, sus mayores compradores y jamás podrían sustituir el territorio y mercado español por el de ningún otro país del mundo. Muchas de sus multinacionales tienen sede española (o ibérica incluso) en Cataluña o País Vasco con lo que una independencia haría que esa multinacional abriese fábrica o sede en España. Las comunicaciones se cortarían a niveles propios de dos países extranjeros. Los envíos de paquetería y el transporte recíproco serían mucho más caros. ¡Y no tendrían Telecinco! En resumen, tienen tanto que perder, que una independencia real es prácticamente imposible razón por la cual los gobiernos españoles, fácilmente, podrían apretar las tuercas, y mucho, para asfixiar y ahogar con éxito, a largo plazo, al independentismo. Y dicha obviedad me lleva a reflexionar que lo que hoy padecemos en este país ocurre por dos cuestiones básicas: una, porque somos tontos y vagos y no sabemos/queremos abordar el problema y dos, porque en Madrid interesa que esto siga así pues facilita a algunos la gobernanza del país. Y no sé cual de las dos es predominante.

Print Friendly, PDF & Email