Fin a la racha del Real Zaragoza en un partido desesperante (0-2)

Los maños no cuajaban buen partido. Foto: Real Zaragoza

Todas las rachas se acaban y, por desgracia, las positivas también. Mal partido del Real Zaragoza ante un Leganés que tendió una serie de trampas en La Romareda, sonriendo porque los blanquillos cayeron prácticamente en todas. Al final, un 0-2 que supone la primera derrota del cuadro dirigido por JIM desde el mes de agosto, poniendo un freno a la dinámica ascendente de los aragoneses.

JIM introducía cuatro cambios en el once titular: Nieto en el lugar de Chavarría, Zapater por James, Nano Mesa por Borja Sáinz y Francés en detrimento del sancionado Gámez. Es decir, buscaba físico ante una noche de lo más desapacible, con la lluvia como protagonista. El choque comenzaría accidentado, enrarecido, con Fede Vico lesionado por parte del cuadro pepinero y con Randelovic entrando al césped. Pronto besaría el santo.

Corría el minuto 14 cuando emergía una pifia monumental de Carlos Nieto en la cesión atrás a Cristian y el extremo, con más suerte que talento, batía al argentino llevando la frialdad a las gradas de La Romareda. No se encontraban los maños y, tras el aviso previo de Javi Hernández, tocaba remar tras un inicio dubitativo. El partido se ponía complicado, ya no sólo por el resultado sino porque el Leganés, fiel a su guion, trataba de cerrarse atrás y buscar las contras. Que con el césped mojado parecía la opción más beneficiosa para sus intereses.

Lo que sí resultaba extraño era ver nervioso al Real Zaragoza, especialmente en cada pelota que pasaba por la defensa. Erráticos, imprecisos y precipitados. Y sin un disparo a puerta en 30 minutos. Mientras, el Leganés basaba su fortaleza en presionar bien la salida de balón y esperar los errores, que llegaban, siendo fieles a la realidad, con demasiada facilidad. En ataque, sólo lo que Nano Mesa a base de rasmia podía conseguir y alguna arrancada de Francho.

Al menos, hasta el descanso, los maños lograban minimizar sus pérdidas y gobernar más el choque, aunque fuera a base de un fútbol más directo. Eso mientras le permitía un Leganés que, literalmente, perdía tiempo desde el minuto 9 de partido, lo que desesperaba a propios y extraños. Su plan era descentrar y, aunque fuera con artes totalmente opuestas a lo que es un deporte, lo lograban. Todo evidentemente con la inestimable colaboración del colegiado Arcediano Monescillo, conocido ya de sobras en La Romareda por sus actuaciones.

Segunda parte

Quedaba toda la segunda mitad para hacer, básicamente, todo lo contrario a la primera. Comenzando por cambios de JIM, con Narváez y Vada saltando al césped en lugar de Bermejo y Zapater. Eso y una actitud totalmente diferente, de ir a morder. La tuvo Giménez en el 47 tras una gran jugada trenzada, mejor pase de Francho al espacio y una definición desviada con la pierna menos buena del delantero. Pero ya pintaba a otra historia el partido, aunque poco tardó el Leganés en volver a repetir estrategia: al suelo, perder tiempo y aliarse con el colegiado.

También, de vez en cuanto, soltaban alguna contra con Arnáiz como protagonista. Pero Lluís López sí tenía el día inspirado en defensa para tapar las vías de agua de un Real Zaragoza volcado. La efervescencia de los maños se iba apagando y, evidentemente, JIM tenía que reaccionar de nuevo. La frustración, lógica por todo lo que estaba sucediendo, la canalizaban entrando en el juego del Leganés: sólo beneficiaba a los pepineros, viendo Eguaras y Vada sendas cartulinas amarillas.

Probaría Nano Mesa en el 62, primer disparo entre los tres palos, pero sin problemas para Asier Riesgo. Después Narváez, en el 63, topándose de nuevo con el veteranísimo guardameta. Pero el Leganés lo mataría. Gaku Sibashaki engancharía un gran disparo lejano, sin oposición, imposible para Cristian, poniendo el 0-2 en el 65. Buscando una reacción milagrosa, Petrovic y Borja Sáinz al campo en lugar de Eguaras y Nano Mesa.

También Azón formaría parte del elenco de cambios con Francho como damnificado. El todo por el todo, ya en el 80, aunque el Real Zaragoza se movía con mucho más corazón que cabeza. Y eso ante un Leganés bien ordenado, no era síntoma de remontada. Con 0-2 finalizaría el partido, doloroso marcador y doloroso fin de la racha de trece partidos consecutivos sin conocer la derrota.

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