Cinco murales que recuerdan las antiguas puertas que guardaban la ciudad

La Puerta del Carmen es la única de las doce puertas que sigue en pie. Fotos: Laura Trives

Con más de dos mil años de historia, Zaragoza mantiene muchos edificios de épocas antiguas, pero algunos se perdieron en guerras y asedios. No obstante, el recuerdo de las emblemáticas puertas que guardaban la ciudad aún perdura gracias a los murales pintados en su honor. De las doce puertas que tuvo Zaragoza, solo hay murales de cinco de ellas: la Puerta de Toledo, la Puerta del Duque de la Victoria, la Puerta de Valencia, la Puerta del Sol, la Puerta Sancho y, aunque no sea una puerta, el edificio de la Torre Nueva.

Custodiada por dos torreones almenados, la Puerta de Toledo se erigía al final de lo que hoy conocemos por Calle Manifestación. Su monumental arco guardaba la ciudad, y también se estableció como Real Cárcel en 1440, siendo uno de sus célebres presos el entonces Justicia de Aragón, Juan de Lanuza y Urrea, que fue decapitado en 1591. La estructura, ya en ruinas, fue derribada en 1842. De esta puerta queda un bonito homenaje al final de la calle Manifestación, donde un mural representa cómo fue la Puerta de Toledo.

La Puerta de Toledo se ubicaba al final de la calle Manifestación

La puerta más moderna de esta recopilación es también la que tuvo una existencia más corta en Zaragoza: la Puerta del Duque de la Victoria. Por la visita en 1856 del general Espartero, apodado Duque de la Victoria, para ver la inauguración de las obras del ferrocarril Zaragoza-Madrid decidieron erigir esta puerta en nada menos que 15 días. Esta presteza en la construcción provocó que una parte se derrumbase en 1856, aunque fue totalmente reconstruida cinco años después. En 1919 fue desmontada debido al aumento de tráfico, pero en 1988 se remodeló la Plaza San Miguel y se realizó un mural en conmemoración a esta puerta, siendo restaurado en 2019.

Al final de la calle Mayor, en lo que es la actual Plaza de la Magdalena, residió en su momento la famosa Puerta de Valencia, denominada la «Porta Romana», ya que de ahí salía el camino hacia Roma. Es la puerta más longeva conocida de Zaragoza, ya que fue construida en el siglo I y derribada en 1867, habiendo sufrido asedios, incendios, etc. Dos torreones delimitaban la puerta, y las obras de demolición descubrieron algunos elementos arquitectónicos romanos bajo los cimientos, siendo visibles actualmente en el muro de una casa de la Plaza de la Magdalena. La parte inferior de la torre sur, que hacía de soporte de la muralla, se conserva en los sótanos de un par de locales comerciales del Coso. Se puede observar también el mural, en la misma Plaza de la Magdalena con Calle Cristóbal.

“La Portaza”, como popularmente se llamaba a la Puerta del Sol de Zaragoza, fue construida en el siglo XIV. Situada en la actual Plaza de las Tenerías, al final del Coso Bajo, servía como modesto paso de los aguadores, que iban camino del río Ebro. Fue remodelada en 1745, incorporando el relieve de un sol de piedra caliza, que se utilizaba como reloj. En 1869, tras los Sitios de Zaragoza y sus terribles consecuencias, fue derribada, conservando únicamente el sol de piedra, que se puede ver actualmente en el Museo de Zaragoza. Su mural, pintado en 1987, se puede encontrar en la fachada de un edificio de la calle Asalto, cerca de su antigua ubicación.

El mural de la Puerta del Duque de Victoria, en plaza San Miguel

La muralla medieval de Zaragoza cobijaba una de estas famosas puertas al final de la calle Predicadores: la Puerta Sancho. Conocida en la época árabe como “baab Almusaara”, por abrirse hacia las huertas de la Almozara, adquirió su actual nombre en honor a Sancho Ramírez, monarca de Aragón y de Navarra. Pese a que su valor artístico no es muy relevante, su valor histórico es de gran importancia, ya que fue una de las localizaciones donde se libró una batalla en los Sitios de Zaragoza, liderada por Mariano Renovales. En 1868 fue derruida, pero se pintó un mural en 1987 en su memoria, situado en un lateral del convento de las Fecetas, muy próximo a su antigua ubicación.

Las otras siete puertas

La Puerta Santa Engracia hacía referencia no a una, ni a dos, sino a tres puertas diferentes emplazadas en los alrededores de la Basílica de Santa Engracia. La primera, construida en 1737, estaba situada enfrente de la actual basílica y antiguo monasterio del mismo nombre, donde se encuentra actualmente el edificio de Correos. Fue remodelada en 1796 y, al resultar muy dañada durante la Guerra de la Independencia, tuvo que ser demolida.

La segunda “Puerta Santa Engracia” estaba nada menos que en el actual Paseo de la Independencia. Fue construida en 1819, cuando Fernando VII quiso honrar la memoria de los que habían defendido Zaragoza durante la guerra, ubicándola a la altura de la basílica Santa Engracia. Era una construcción de tres arcos, uno grande central y dos laterales más pequeños, y servía como paso hasta la Glorieta, la actual plaza de Aragón. No obstante, estorbaba para el tránsito de la gente y se demolió en 1865 para dar paso a la nueva puerta.

Esta tercera “Puerta Santa Engracia” se situó en medio de la glorieta, desde el edificio de Capitanía General hasta la casa de enfrente. En 1893 se erigió el magnífico edificio de la Facultad de Medicina y Ciencias, “Paraninfo”, frente a esta puerta. Ya que la utilidad de la puerta era cuestionable y suponía grandes inconvenientes en el trazado de la línea del tranvía, se aprobó su demolición en 1902.

El mural de la Puerta de Valencia se ubica al final de la calle Mayor, en lo que es la actual Plaza de la Magdalena

La antigua Puerta Cinegia alberga una leyenda truculenta. Emplazada en la actual Plaza España, en la entrada de la calle de los Mártires, se cree que era el lugar donde el gobernador romano Daciano ejecutaba y quemaba a los cristianos de la época. En 1809 fue destruida por sus graves daños durante la guerra de la Independencia, aunque aún se mantienen algunos restos en la calle de los Mártires y bajo el centro comercial Puerta Cinegia.

Al final de la actual avenida César Augusto, cerca del río, se encontraba la puerta de San Ildefonso, popularmente conocida como la de la Tripería. Su construcción data del año 1118, cuando Alfonso I el Batallador hizo su entrada por ella. Era de un solo arco y, junto a ella, había una pequeña puerta con salida a la orilla del Ebro, por la que tomaban el agua los aguadores. En 1904, tras la inauguración del Mercado Central, fue derribada.

La Puerta Quemada o Cremada, situada entre la calle Asalto y la calle Heroísmo, debe su nombre a su función como lugar de crematorio de cadáveres, más concretamente los sentenciados por la Inquisición. No se sabe con exactitud cuándo fue construida, pero fue derruida en 1785 para construir otra más alta y en mejores condiciones, la cual fue derribada a causa de la guerra de la Independencia. En su lugar se instaló un pequeño postigo, que terminó siendo destruido.

Más cerca del río Ebro, en la actual plaza de La Seo al inicio de la calle Don Jaime, se encontraba la célebre Puerta del Ángel. Fue considerada durante siglos la entrada principal de la ciudad por la que accedían los viajeros que llegaban del Norte y de Cataluña. Esta puerta fue siendo derruida y reconstruida a lo largo de los siglos, pasando por diferentes estilos arquitectónicos, y tuvo varios nombres como Puerta del Puente, Puerta de Alcántara y Puerta del Ángel, siendo este último una referencia a la escultura del ángel custodio de una de sus hornacinas. Durante los Sitios de Zaragoza sufrió graves daños, lo que provocó su derribo en 1821.

La Puerta del Sol se situaba en la actual Plaza de las Tenerías, al final del Coso Bajo

Una puerta de gran importancia histórica fue la Puerta del Portillo. Situada al lado de donde ahora se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora del Portillo y conectando con el Palacio de la Aljafería, esta puerta fue donde se libró uno de los asentamientos más icónicos de los Sitios de Zaragoza: aquí fue donde Agustina de Aragón defendió la ciudad de los franceses. Tras la guerra, la puerta fue derruida por sus graves daños y, aunque la reconstruyeron como un pequeño arco, su derribo definitivo ocurrió tras la revolución de 1868.

Por último, la más famosa de todas las puertas de Zaragoza es la única que se ha mantenido en pie: la Puerta del Carmen. Tiene estructura de arco triunfal romano con un arco central y dos menores laterales. Su interés reside en el valor histórico, por haber sido testigo de acontecimientos trascendentes para la ciudad: fue bastión de la resistencia aragonesa en la guerra de los sitios y también fue la entrada del ejército en la ciudad en 1838 durante la Primera Guerra Carlista. Esta puerta no necesita mural, ya que sigue resistiendo después de 232 años de existencia.

La Puerta Sancho se encontraba al final de la calle Predicadores

La Torre Nueva: desaparecida e inmortalizada

Aunque no es una de las doce puertas que guardaron la ciudad de Zaragoza, fue un edificio de gran importancia y que también decidieron inmortalizar en un mural situado en su antigua ubicación. En el siglo XVI se erigió en la actual plaza de San Felipe la Torre Nueva, la más famosa torre mudéjar de la ciudad. Esta torre, foco de críticas, alabanzas y leyendas misteriosas, fue un elemento arquitectónico clave en Zaragoza, ya que se convirtió en símbolo de la ciudad durante el siglo XVI, a raíz de su inclinación sobre su eje. Además, sirvió como torre de vigilancia durante los Sitios de Zaragoza, previniendo de los movimientos de las tropas francesas y dando el aviso en caso de peligro.

La Torre Nueva se situaba en la actual plaza San Felipe
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