El dinosaurio Proa de Ariño, portada de la prestigiosa revista científica “Journal of Comparative Neurology”

Proa valdearinnoensis era un dinosaurio comedor de plantas, un ornitópodo que sería primo lejano, pero menos antiguo, del famoso Iguanodon

Un dinosaurio turolense es portada del último número de “Journal of Comparative Neurology”, una revista estadounidense especializada en temas científicos. Proa valdearinnoensis era un dinosaurio comedor de plantas (ornitópodo) y primo lejano, pero menos antiguo, del famoso Iguanodon. Sus fósiles solo se han encontrado hasta el momento en la antigua mina de lignito de la localidad de Ariño.

Un equipo internacional liderado por investigadores de la Fundación Dinópolis y de la Fundación Araid, ayudándose de un escáner del Hospital Obispo Polanco de Teruel, ha podido inferir el tamaño del encéfalo, advirtiendo que los dinosaurios ornitópodos pudieron haber sido tan listos como sus parientes carnívoros. La relevancia de la publicación sobre el estudio paleoneurológico, que ya fue dada a conocer meses atrás, ha hecho que Proa sea portada ahora del volumen impreso de la revista.

Proa valdearinnoensis era un dinosaurio comedor de plantas, un ornitópodo que sería primo lejano, pero menos antiguo, del famoso Iguanodon. Sus fósiles solo se han encontrado hasta el momento en la antigua mina de lignito de la localidad de Ariño. Allí paleontólogos de la Fundación Dinopólis han encontrado varios individuos durante el último decenio, algunos de ellos bastante completos.

Los datos obtenidos se han comparado con los de reptiles actuales y, mediante este método, se ha descubierto que el tamaño relativo del encéfalo (es decir, teniendo en cuenta el tamaño del cuerpo del animal) era mucho mayor en Proa que en los reptiles actuales. Ya se sabía que el volumen del encéfalo aumentaba a lo largo de la evolución en los terópodos (el linaje de los dinosaurios carnívoros al cual pertenecen las aves), pero ahora se ha podido ratificar que ese incremento también se produjo en los ornitópodos.

Desafortunadamente, este grupo desapareció totalmente al final del Cretácico, a la vez que el resto de los dinosaurios, excepto las aves, de manera que solo podemos imaginar cuál habría sido la consecuencia de esta propensión a tener cerebros voluminosos en el caso de haber continuado su existencia durante algunos millones de años más. De esta investigación se desprende que podrían haber alcanzado una inteligencia nada desdeñable.

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