El barrio del Actur invita a sus vecinos a convertir objetos ordinarios en piezas de museo

Se trata de la segunda edición de la iniciativa Museo de Objetos Ordinarios | Foto: Imaquinaria

Con objetos de la vida cotidiana y, en este caso, con los vecinos del barrio del Actur como protagonistas, el Museo de Objetos Ordinarios, ha vuelto a abrir sus puertas en una nueva edición en el Centro Cívico Río Ebro. Tras el éxito de su primer año en Harinera ZGZ de San José durante los meses de febrero, marzo y abril, con la participación de más de 300 personas que aportaron más de 130 objetos, ahora la iniciativa cruza al otro lado del Ebro, pero mantiene su esencia.

La original propuesta de Imaquinaria permitirá que cualquier persona del Actur pueda aportar, en forma de préstamo o donación, piezas de la vida cotidiana de manera que estas acaben convirtiéndose en una auténtica experiencia cultural, pionera y transformadora. «La idea es crear un museo con cosas que todos tenemos en casa. Son los vecinos quienes al traerlos los convierten en extraordinarios al añadirles una frase poética que comienza siempre de la misma forma: Mi abuelo, el mío o mi abuela, la mía, y que se relaciona con la información simbólica y visual que nos da ese objeto», explica desde el colectivo Imaquinaria, Marta Cortel.

Un semáforo, un banco o una cabina telefónica fueron solo algunos de los objetos que los organizadores de este proyecto ya etiquetaron con sus peculiares frases en el entorno del Centro Cívico para atraer a los vecinos del barrio. Sin embargo, la idea ahora es que sean ellos quienes se animen a llevar sus propias piezas de museo. «Cuando vienen, lo que les decimos es que piensen en sus abuelos e imaginen una frase que pueda estar relacionada con ellos», concreta.

La idea es jugar con la poesía visual para construir frases relacionadas con los objetos | Foto: Imaquinaria

La única condición es que esa frase comience y haga referencia a nuestros abuelos. Así, en el propio Museo de Objetos Ordinarios se aprecian cepillos de dientes de los que cuelga un cartel en el se que se puede leer «mi abuelo, el mío, tenía mucha pasta», hasta un espejo roto en el que se aprecia un «mi abuelo, el mío, era muy feo». En este sentido, la idea de «jugar con la poesía visual» se materializa con las aportaciones vecinales.

De hecho, son las ganas de ir aportando diferentes objetos lo que hace posible, según cuentan sus organizadores, que cada semana el museo sea totalmente diferente. Por ahora, y de cara a poder ayudar a cada persona a dar vida a sus objetos ordinarios, el horario de visitas al público y participación es los martes y jueves de 11:00 a 13:30 y los lunes y miércoles de 17:00 a 19:30 horas.

Sin embargo, la idea es que con la clausura de esta iniciativa en el barrio del Actur el próximo 16 de diciembre, también se pueda llegar a otros puntos de Zaragoza para seguir compartiendo y creando objetos extraordinarios.

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