José María Ariño Colás / Doctor en Filología Hispánica

Una ciudad desconocida

José Mª Ariño

¿Conocen las generaciones más jóvenes los vestigios y las huellas de esta ciudad bimilenaria? ¿Son conscientes de la importancia de los monumentos y de los restos arquitectónicos que han logrado escapar de la piqueta indiscriminada? ¿Valoran las costumbres, efemérides y celebraciones populares de las últimas décadas? Esto y mucho más se puede consultar en el archivo de Anteayer Fotográfico Zaragozano, una asociación cultural sin ánimo de lucro coordinada por María Pilar Gonzalo Vidao. Su labor de investigación y documentación y su acierto en el diseño, maquetación y tratamiento gráfico de fotografías antiguas abren los ojos al ciudadano de a pie a una ciudad casi desconocida y que ha sentado las bases de la Zaragoza del siglo XXI.

Porque para conocer a fondo la ciudad donde uno vive hay que tener presente el eco de su historia y el pulso cotidiano de un pasado no tan lejano. Es un anteayer que presenta luces y sombras. Porque hay que valorar positivamente el mantenimiento y restauración del Mercado Central o la conservación y restauración de edificios emblemáticos de la Exposición Hispano-Francesa de 1908, como conmemoración del Primer Centenario de los Sitios de Zaragoza. Pero hay que lamentar, entre otros despropósitos, la demolición, a finales del siglo XIX, de la Torre Nueva, una de las torres mudéjares más emblemáticas de la ciudad.  Más recientemente, ha sembrado de polémica la incomprensible actuación urbanística sobre la Fundición Averly, una auténtica joya del patrimonio industrial internacional. No sé si son más las luces que las sombras, pero lo que está claro es que las fotografías que nos brindan desde el archivo de Anteayer nos muestran la cara y la cruz de una Zaragoza que ha crecido hacia la periferia en los últimos años y que ha olvidado aparentemente sus raíces culturales y artísticas.

La intención de esta asociación, tal como afirman en su presentación, es volver al pasado sin nostalgia, pero con sentido de la realidad porque: “Las fotos antiguas no son solo un desfile de estampas de preciosos o ruinosos lugares desaparecidos… Detenerte a mirar una foto de ochenta, noventa o cien años es poner en valor a los que posando para ella sonreían –o no–. Es manifestarles nuestro profundo respeto al ser conocedores de sus detalles cotidianos”. Se trata, por tanto, de una labor de búsqueda e indagación en archivos que han permanecido olvidados en baúles, en altillos o en desvanes. Gracias al esfuerzo de estas personas y a la generosidad de muchos particulares podemos disfrutar de la contemplación de estampas casi inéditas y muy reveladoras. Muchas de estas fotografías han formado parte de publicaciones periódicas, como Fotos Antiguas de Zaragoza, o de programas de televisión, como el excelente “Vuelta atrás” de la televisión aragonesa.

Está claro que para comprender los cambios más recientes de Zaragoza –sobre todo a partir de la Expo de 2008– hay que remontarse a los cimientos de esta vieja ciudad a la que, como cantaba José Antonio Labordeta en Zarajota Blues, “La amo, la odio, le tengo un cariño ancestral”.

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