Un gol en el descuento condena al Real Zaragoza a seguir viviendo en un bucle (1-1)

Nano Mesa hacía el tanto zaragocista. Foto: Tino Gil (Real Zaragoza)

El Real Zaragoza, de nuevo, tropezaba en los mismos pecados de siempre. Y, por tanto, amarraba el resultado de siempre. Noveno empate consecutivo para el conjunto dirigido por JIM, ante un Mirandés que fue mejor y que logró la igualada cuando más duele, 1-1, en el 95. Cuando el sabor de la victoria ya emergía con fuerza en el paladar de los zaragocistas.

JIM volvía a agitar el once: Francés regresaba junto a Jair al centro de la zaga; Petrovic repetía en la medular junto a Francho y Adrián, pero el bombazo era Igbekeme como cuarto hombre. Arriba, Giménez y Nano Mesa. Es decir, más mediocentros para minimizar pérdidas, restando verticalidad con un atacante menos. Lo que no se esperaba el técnico aragonés, ni prácticamente los más crédulos del estadio, es que el primer acercamiento fuera a la cazuela.

James se internaba tras un pase de Adrián, el nigeriano le pegaba con la diestra sin controlar y, tras tocar en un defensa, Nano Mesa sellaba su primera gesta del partido apareciendo en el segundo palo para besar las redes. No sin incertidumbre, VAR mediante, pero el canario estaba en posición correcta. 1-0 a los 50 segundos. Pero la escuadra burgalesa fue honorable respecto a su fútbol.

Un duelo de posesión entre ambos equipos, tratando cada uno de imponer el ritmo que más les interesaba. El Zaragoza se pausaba con Petrovic y aceleraba con James. El espigado centrocampista cuajaba una gran jugada individual y después buscó la delicatessen con una vaselina desde fuera del área, no muy lejana de la escuadra rival. Pero el Mirandés apretaba en transiciones rápidas y hasta en tres ocasiones encontró el peligro. La más clara para Simón, que recortaba apareciendo desde segunda línea a Petrovic y lanzaba su disparo al lateral de la red.

Hasta el descanso, una gran contra guiada por Nano Mesa, omnipresente durante toda la primera mitad, pero Francho no acertaba en un control que le dejaba mano a mano con Lizoain. El Mirandés, sin exigir en exceso a Cristian, demostraba estar muy enchufado al partido y llegando con peligro a los aledaños del área blanquilla. La más clara sería con el tiempo cumplido. Camello recibía de cabeza dentro del área, la mandaba al poste y el bote caía dentro. Bueno, dentro no, por milímetros: los que salvaban al Real Zaragoza de recibir un mazazo psicológico e irse arriba al descanso.

SEGUNDA PARTE

Zapater y Nieto entraban al descanso en detrimento de Adrián y Chavarría, este último amonestado. Era el Mirandés el que cambiaba el guion al choque, adelantaba líneas y dominaba. El Real Zaragoza se dejaba dominar, buscando más la velocidad a la contra que posesiones largas. Camello, el mejor de los visitantes, exigía por primera vez a Cristian en la segunda mitad, obligando a su estirada.

También Íñigo Vicente en el 67 y Carreira en el 77 ponían a prueba los reflejos felinos del rosarino, cada vez haciéndose más grande. La presión visitante, que rozó el acoso, solo veía desahogos blanquillos en dos transiciones rápidas. Primero de Nieto buscando el pase de la muerte a Lizoain, deteniendo con el pie derecho el intento de Giménez. Luego, otra de Gámez para Mesa y de Mesa a Giménez, que no disparaba en condiciones.

Otro momento para el optimismo fue la entrada de Yanis por Mesa, desfondado y con molestias musculares. Pero eran fogonazos frente a un Mirandés que merecía empatar desde hacía ya un rato. Bermejo entraría por James, otro de los destacados y castigados físicamente a la par. Y, al minuto, Lluís López por Gámez, por lo que Francés pasaría al lateral diestro. Todo fuera por parar a Riquelme, enchufadísimo desde su entrada.

Poco rompía el monólogo visitante. Y poco ayudaba Giménez, poco acertado en las entregas cada que lograba sujetar alguna. Riquelme tenía en el 87 una clarísima, tras una pared dentro del área de gran nivel, pero su disparo se marchaba alto por centímetros. “Árbitro la hora”, trending topic en La Romareda. Y siete minutos de descuento, un mundo. Comenzaría ese minipartido con el Real Zaragoza siendo inteligente, estando más tiempo en campo rival que en propio, se estiraba. Brugué se encontraba con Francés tras un chut peligroso en el 94. Y en el córner no perdonaría tras un balón parado en el que la zaga no acertaba a despejar, dejándole el balón totalmente franco al cedido por el Levante.

Otra decepción, otro mazazo, pero esta vez más que merecido. Noveno empate consecutivo para el conjunto aragonés, camino del Guiness, pero con un botín cada día más escaso. Al final, 1-1 entre Real Zaragoza y Mirandés y la sensación de que los visitantes eran superiores en el cómputo global.

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