Carlos Hue / Psicólogo y Doctor en Ciencias de la Educación

Otra formación es posible

Carlos Hue

La pandemia también nos ha traído cosas buenas.

Hace unos días, visitaba en la antigua Universidad de Salamanca la cátedra de Fray Luis de León. Esta es una sala con dos filas de bancos de madera, sin respaldo y, al fondo, el púlpito para la lectura. Esta aula tenía esta estructura en el siglo XVI ya que los profesores eran “lectores” y daban la “lectio”, la lección, ya que su tarea consistía en leer los libros que los alumnos escuchaban sentados en sus bancos. Desgraciadamente, esta estructura la seguimos encontrando en muchas de nuestras universidades, pero lo peor es que, en ocasiones, se sigue dictando el saber desde la “catedra”, desde la mesa, sin casi intervención de los estudiantes. Y esta misma estructura se ha trasladado a los múltiples tipos de formación como son las conferencias.

Me dirán Vds. que en una conferencia, en una clase o en un curso la persona que tiene el conocimiento lo traslada a aquellas otras que no lo tienen. Bueno, esto era cierto hasta la llegada de Internet. ¡Ah! y, por otro lado, está el aburrimiento. Quién no se ha aburrido horas y horas escuchando lo que yo denomino “bustos parlantes” que rara vez entusiasman y que pocas veces participación del público. La Neurociencia nos dice que la atención focalizada no puede mantenerse más allá de diez minutos seguidos y que podemos perder hasta un 40% del contenido en una conferencia.

Cuando yo era joven todo el saber se encontraba en las universidades, en las bibliotecas, en los centros de investigación y en las personas eruditas. Hoy, en cambio, además de esos sitios el saber lo podemos tener al alcance de todas las personas en su smartphone, tablet u ordenador con una conexión a Internet.

Por eso, otra formación hoy es posible. Las aulas en las universidades no deben ser ya más un lugar para recibir respuestas, sino para elaborar preguntas. El saber científico, el saber, tiene su raíz en la duda cartesiana, en dudar de todo conocimiento y, por este motivo, más importante que hacer personas eruditas será hacer personas curiosas e investigadoras.

De ahí que la formación, tanto en las aulas como en las conferencias deben cambiar de ser una lección magistral a ser un espacio de interacción entre el profesor, maestro o conferenciante y el público asistente. Atendiendo a la democratización del saber por Internet y las aportaciones de la neurociencia sobre el aburrimiento, las clases, las conferencias deberán ser en el futuro participativas. De otro modo, como consecuencia de la pandemia está ocurriendo una pérdida de asistentes a conferencias y cursos de carácter presencial, pues nos dicen que para escuchar un “busto parlante” prefieren quedarse en casa y escuchar mientras hacen otras cosas.

Y esto es lo bueno que nos ha traído la pandemia, que nos ha demostrado que solo interesa hoy aquella formación en la que el público pueda participar y esto se llama “particonferencia”. Así que, ¡otra formación es posible!

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