Alejandro Palomas: «Me gusta la invisibilidad de las personas porque es cuando realmente eres libre»

Alejandro Palomas es el ganador del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil y del Premio Nadal

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) dice que cada una de sus novelas sirve como vehículo para transmitir algo. La última, «Un país con tu nombre» (Destino, 2021) fue un bálsamo para curar las heridas de un mal momento. El ganador del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por «Un hijo» y del Premio Nadal por «Un amor» subraya que cada uno de nosotros tenemos una única verdad sobre la que se erigen todas las demás. Preguntarle por la suya es tan difícil como hacerlo por los sueños, que son lo más íntimo que tenemos.

Pregunta.- Todo comenzó con Amalia (la protagonista de «Una madre»), una matriarca que poco a poco se convirtió en la de toda España, con una prosa sencilla y delicada cuenta una historia cotidiana que fue muy exitosa y que acaba con «Un perro» y «Un amor». ¿Nos gusta meternos en las familias de los demás?
Respuesta.- Creo que el terreno de las familias siempre triunfa porque es algo común. Todo el mundo tiene una familia, entonces es muy fácil verse reflejado. Para los escritores es un territorio amigo porque sabes perfectamente que no tienes que explicar nada. Cuando dices familia es como cuando dices “ciudad” todo el mundo tiene una en su imaginario personal, pero todo el mundo sabe. Y luego que las familias es ese micromundo en el que ensayamos todo aquello que después vamos a proyectar en el mundo exterior, con lo cual es ese terreno emocional de todos.

Su última novela es «Un país con tu nombre»

P.- El poeta y escritor Julio Espinosa lo definió como «un escritor que lo llena todo cuando habla». ¿De qué quiere llenar a los lectores con sus novelas?
R.- Con cada novela es distinto. En cada obra siempre hay una palabra o un tipo de emoción que tu intentas proyectar y que la utilizas como vehículo para abordar algo más concreto. Y en mi caso varía muchísimo de una trilogía a otra o de una trilogía a mi última novela. En esta última novela (por «Un país con tu nombre») el hilo es el bálsamo. Yo busqué en ella un bálsamo para mi situación, para el momento que estaba pasando, y lo que intento proyectar con ella es una sensación balsámica en el lector.

P.- En su nueva novela, «Un país con tu nombre», los protagonistas son Edith y Jon, la primera tiene 76 y once gatos y el otro roza los 60 y es el mejor amigo de una elefanta. Los dos viven solos en una aldea. Un día gira una veleta y empiezan a vivir en un mundo donde los sueños parecen reales. ¿Es esta una historia de amistad entre dos «raritos»?
R.- A mí siempre me han gustado las personas que se salen un poco de lo habitual porque si no es muy complicado hacer algo que sea nuevo. Tienes que buscar siempre una arcilla un poco novedosa, algo diferente. Fui a por lo difícil; es decir, una mujer de 76 años que es viuda de otra mujer, que vive con once gatos en una aldea y luego un hombre, de 59 años, él heterosexual, ella también porque ha estado casada con un hombre y ha tenido una hija antes.

Tenemos dos personajes que son muy atípicos, pero realmente lo más atípico de todo es el prejuicio que tenemos nosotros sobre la amistad real entre un hombre y una mujer que se pinta como imposible y para nada lo es. Y también la invisibilidad de las edades. Nadie utiliza estas edades para personajes protagonistas, nunca, porque te hacen invisible. Pero a mí me gusta mucho la invisibilidad porque nadie te mira y es entonces cuando eres libre precisamente porque nadie te mira. Y yo necesitaba a dos personajes que fueran muy libres.

El autor subraya que «cada uno de nosotros tenemos una única verdad sobre la que se erigen todas las demás»

P.- Y hablando de esa aldea, ¿tendría sentido la historia en una ciudad? ¿Corresponde esa aldea a un escenario real?
R.- Habría sido distinto porque yo necesitaba que los personajes se encontrasen, tenían que verse, coincidir y necesitarse. Si tienes a dos personas en una ciudad probablemente nunca se vean, pero aquí en una aldea deshabitada al final van a tener que encontrarse, aunque no quieran. De hecho, ellos terminan por coincidir cuando se necesitan, cuando pasa algo que los lleva a uno a la casa del otro.

La novela pasa en ninguna parte. No está ubicada en ningún país, en ninguna ciudad, ni aldea ni región porque intento universalizar siempre todo lo que hago. Prefiero que la geografía sea más interna que externa y porque si, en el futuro, hay alguna posibilidad de que mis obras se lleven al cine, sea mucho más fácil que cada cual imagine su propio escenario. Por otro lado, yo vivo en un sitio muy parecido a la aldea que se describe, por eso es muy fácil recrearla.

P.- Su nueva novela tiene un fragmento que dice: «¿Cuál es tu sueño?, la pregunta me había tocado y hundido, de pronto me sentí como si alguien me estuviera apuntando con una lámpara gigante y yo estuviera desnudo». ¿Tan íntimos son los sueños?
R.- Son tan íntimos que nunca nos los preguntamos. Cuando tú conoces a alguien que te interesa le preguntas a qué se dedica o cómo fue su infancia, pero nunca cuáles son sus sueños. Nunca vamos a la verdad, o sea, cuando tú realmente declaras cuál es tu sueño es una de las cosas más íntimas que tenemos.

P.- «Quizá lo único que existe sea una sola verdad de la que nacen todas las demás, y en cada uno de nosotros esa verdad tiene un nombre». Eso lo escribió en su nueva novela. ¿Cuál sería su única verdad?
R.- Eso es como preguntar cuál es tu sueño, muy difícil e íntimo. Una anécdota que yo siempre recuerdo es que hace algún tiempo estuve en un pueblo de Cáceres y fui con mi compañera a tomar algo al bar del pueblo. En un momento ella se fue a la barra y me quedé solo y justo al lado había un hombre muy mayor, el típico señor de pueblo con la boina y todo. Me saludó y empezamos a hablar un poco y de pronto me preguntó: «¿oye, y tu vida real cuál es?». Y yo pensé: eso quisiera saber yo. No sé cuál es mi verdad, creo que uno tiene muchas. Podría decir que la única que tengo ahora mismo es que estoy vivo, sí, esa podría ser mi única certeza.

P.- Por último, un libro, una película y una canción.
R.- Un libro: «El hombre del cartel» de María José Ferrada. Una película: «Doctor Zhivago» de David Lean. Una canción: «Te recuerdo Amanda», de Víctor Jara.

 

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