Flores y deseos para una Virgen del Pilar que vuelve a brillar con fuerza dos años después

Los voluntarios de Zaragoza han cerrado la ofrenda alrededor de las 21.00 horas

El día amanecía soleado, con nervios y, sobre todo, con mucha emoción después de dos años en los que la Virgen del Pilar no se vestía de flores. En una ofrenda atípica y descafeinada para unos pocos, la alegría y los deseos de repetirla en su máximo esplendor se repetían entre los 20.000 oferentes que han tenido la suerte de volver a ver a su Virgen en una Fuente de la Hispanidad que iba recibiendo lentamente el goteo de los asistentes.

Algunos como Marcos solo miraban de un lado para otro todas las flores y se cansaban un poco de estar tanto rato en brazos de sus padres, Marcos y Lorena, que por primera vez pasaban por la ofrenda con el pequeño de once meses. Zaragozanos de adopción y asentados en la capital desde hace tiempo, la pareja no había llevado flores todavía a la Virgen del Pilar y han reconocido estar «muy emocionados por haber sido seleccionados para salir y poder hacerlo con nuestro hijo que sí que ha nacido aquí. La Virgen está muy bonita y es un día emocionante», han asegurado.

A las 7.00 horas el grupo Amigos de Somaén ha abierto la Ofrenda que este año ha salido del Parque de Macanaz y ha pasado por el puente de Santiago. La plaza del Pilar estaba llena, aunque algunos mostraban su sorpresa de que la calle Alfonso estuviera tan transitable conforme iba avanzando la mañana. «Es una ofrenda un poco atípica, tanto el recorrido como la poca gente que podemos ofrecer a la Virgen, pero lo que no cambia nunca es el sentimiento que igual es más grande si cabe después de dos años sin venir a vestirla de flores», ha asegurado Pilar tras dar su ramo de claveles para que los operarios lo fueran colocando en el manto.

Aunque algunos hacían lo posible con cabriolas y saltos para intentar ver a la virgen cubriéndose poco a poco de flores, la realidad es que la malla de ocultación impedía la visibilidad a todos aquellos que ocupaban la Plaza del Pilar y que tendrán que esperar a mañana para ver el resultado final del manto. Los únicos que han podido verlo son los oferentes, entre los que estaba el recuerdo de los que no podían estar allí con ellos a causa de la pandemia.

«Hemos venido una representación de la cofradía porque por el tema de los aforos solo podíamos venir veinte personas en el grupo. La verdad es que es un día con mucho sentimiento por aquellos que no han podido acudir y que todavía siguen pasándolo mal y aunque es distinto la emoción sigue estando muy presente», ha asegurado Carlos Pardos, de la Cofradía del Cristo Resucitado de Agustinos.

Entre las peticiones a la Virgen del Pilar ha habido una que se ha repetido con mucha más fuerza que las demás: que el año que viene la pandemia se haya acabado o que, al menos, se pueda volver a vivir la normalidad. Aunque en los ánimos de los oferentes se dejaba ver una mezcla de ilusión por volver a ver a su Pilarica, la nostalgia también estaba presente. Eso sí, entre amigas y con un buen vermú al depositar las flores las cosas se ven de otra manera.

«Somos un grupo de amigas que nos llamamos las Amazonas y hemos tenido suerte porque nos ha tocado en el sorteo de la Ofrenda. Estamos muy emocionadas de volver a verla y de darle nuestras flores porque es un sentimiento que teníamos triste porque ya hace dos años que no veníamos. Ha sido muy rápido porque no hemos tardado nada en llegar desde Macanaz. Otro año había más aglomeraciones, pero este año muy tranquilito», han asegurado.

Entre flores blancas y amarillas, destacaba una pequeña bandera de blanca y azul en honor a la isla de La Palma como símbolo de solidaridad, hermandad y unión entre Zaragoza y la isla. Además, Barranquilla, Bolivia y otros países latinoamericanos no han querido perderse la visita obligada a la Virgen llenando de color y ritmo la ofrenda.

La Virgen del Pilar ha traído todavía más amor para Isabel y Enrique que un poco antes de depositar sus flores en el manto se han dado el «sí quiero» en una pedida de mano que Isabel esperaba que fuera  en privado, pero que ha arrancado aplausos y alguna que otra lagrimilla entre los asistentes.

La Plaza del Pilar comenzaba a partir de las once de la mañana a recibir la llegada de zaragozanos y visitantes que no han querido perderse el día grande de Zaragoza. En cuestión de minutos, la céntrica plaza estaba abarrotada y las esperas para entrar a la Basílica eran, mínimo, de una hora. «Es un día muy especial y venimos siempre con la familia, lo malo que no podamos ver el manto de la Virgen todavía», ha asegurado Andrea junto a sus padres y abuelos.

Así, hasta caer la noche, los oferentes irán pasando a vestir a la Virgen del Pilar con flores y deseos dos años después. Emoción y devoción en el día grande de Zaragoza.

Print Friendly, PDF & Email