Luis Iribarren Betés / Licenciado en Derecho

Marshall, came back to Chicago

Luis Iribarren

En una generación ya no quedarán exponentes de americanos que por su trabajo en la US Army de la Base decidieron quedarse en Zaragoza a vivir. Por calidad de vida en la calle, por ser maridos o padres de aragoneses, como también por tratarse de impagables profesores o correctores de inglés, aplicando en ello una ética militar previa a la del método Vaughan.

Porque sí, todos más o menos sabemos de memoria las mil palabras en inglés que decía Maurer, y en Aragón tenemos más pasión para llegar a adquirir ese acervo que en otras partes. Lo que no sabemos es cómo ni cuándo colocarlas.

La relación de Aragón es con el medio oeste americano y las ciudades referencia para cualquiera de estos pagos no son NY, LA menos para Bunbury ni tampoco Mayami de Castro y Bush.

No, la existente y se puede aplicar a todo el valle del Ebro y Euskadi es con SF-Frisco, con la Alta Nevada y California por emigración de pastores y posterior reclamo de sus familiares (los que entraban ya con la Green card por delante sin comer mierda tres años, ver procedimiento de arraigo español para latinos no delincuentes y que cubren un mercado de empleo cautivo en esta sociedad con 20% de ¿paro?).

La relación de Huesca ciudad me hace que sería fructífera con Ooooomaha-Nebraska (centro de los seguros agrarios americanos y sector que yo reivindico como potencial eje de desarrollo oscense).

Teruel encajaría bien en un intercambio con Santa Fe, Nuevo México (sentafiii, niumeksikooouuu) donde reside el padre de la literatura de la segunda mitad del XX y principios del XXI, Cormac McCarthy (el de “Un país para viejos”), entre arquitectura de barro y cerámica del pueblo “Pueblo”, valga la redundancia. Esa de las cenefas.

Zaragoza es el sosias europeo de Chicago, Windy City, no por dimensión que lo fue, pero sí por historia, clima y actividad. Ciudades de aspaviento y tiritona.

Aunque se trate de un lugar de arribo de emigración blanca polaca y luego italiana en la época Capone, destino final asimismo de la gran ruta al norte negra desde Alabama –Mississippi arriba-, la ciudad de mi querido amigo Marty Prather, vecino en South Chicago de Michelle Obama, es el centro de la diana de la comparación.

Ciudad cruce de caminos, comienzo de la línea Wells Fargo, ofició como intercambiador de personas y centro de exportación de cereales y alimentos del Corn Belt, madera de Minnessota y carne de Nebraska. Es decir, su expansión como gran ciudad se debió a las mismas causas y se produjo en el mismo tiempo que Zaragoza, como ciudad logística del ferrocarril y la remolacha por esos mismos tiempos. Aragón y lo vio costa era el Far West si se añadía a la ecuación de páramo y desierto el agua de pantano (si se volvía a barajear el Registro de la Propiedad con algo, como pasa siempre, que desamortizadores hay en cada generación).

La ciudad capital del Medio Oeste alberga ferias comerciales como centro norteamericano de manufacturas. Allí iban obreros especializados como el vecino del barro Jesús, señor Pedro Subías, a llevar los excelentes y punteros cigüeñales de Cogullada. A su vuelta me contaba que los soldadores americanos no hacían bien los remaches de los portaaviones que allí se fondeaban.

En este mundo en que ya solo viajan los súper ejecutivos, un recuerdo para aquella enorme escuela de aprendices y oficiales que fue la Zaragoza que se levantaba cada mañana a las cinco y llenaba los bares de Torrero o la Avenida Cataluña… Y que llegaron a ser encargados e incluso delineantes que se pusieron el mundo por montera y mandrinadora. Llamadme otra vez nostálgico, los de su progenie con trabajo pero sin rasmia.

El incendio de Chicago legó para la ciudad un conjunto de soberbios edificios cuando fue reconstruida, como sucedió tras el terremoto de SF con la romántica ciudad californiana. Lloyd Wright, Atwood e incluso el europeo Mies van del Rohe dejaron su impronta en la ciudad de la cebolla olorosa (que no es Fuentes de Ebro sino que eso es lo que significa su nombre indio de río).

Windy City sirvió como ensayo de los skyscrapers –rascacielos- y edificios de estructuras metálicas resistentes a los incendios y embellecidos con cenefas de ladrillos que introdujeron en su interior, su exterior tenía un aire neoclásico que ha copiado Bofill, el ascensor y las galerías de servicios eléctricos y de climatización. Esos servicios y construcciones que asociamos con NY de Granaa y Lorca.

Alguno hay en el Coso Alto de Zaragoza que se debe a esta feliz escuela, pasada por la harina de tempura de la Gran Vía de Madrid.

Le deseamos a uno de los alcaldes pedáneos de La Madalena una feliz estancia en su ciudad, gemela de la nuestra en tantos aspectos. De polvo, viento, niebla del lago Michigan y sol picante.

Esa que conoció mi abuelo cuando trasbordó desde el tren de NY dirección Reno, Nevada, en un viaje épico digno de los mejores poemas de Crane, mi poeta favorito.

El adorado Obama al que empadronó su mujer en el duro South Chicago va a ser objeto de una serie de HBO, ha celebrado su 60 aniversario como una influencer cualquiera en una isla y saltándose todos los protocolos Covid y da conferencias como si no hubiera un mañana. Eso sí, por estética y puede que no por ética, no forma parte del consejo de administración de Exelon-Pepco, los gigantes de la cosa y primos de Endesa, de los postes mal mantenidos que se caen antes de que el huracán se ponga bravo.

Feliz estancia en Ilinoyyy, maestro. A la que vas con tu infinito buen gusto solamente de paseo (y eso que también se comen callos).

My kind of town, Chicago is…

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