Francisco Javier Aguirre / Escritor

Destrozo paisajístico y medioambiental

Francisco Javier Aguirre

Quienes acuñaron la fórmula de la ‘España vacía’ con espíritu sensacionalista y prepotente insultaron de forma grave a quienes residen en territorios poco poblados. En el vacío no hay nada, como he repetido muchas veces, y en los territorios interiores de esta península, sobre todo, hay gente que vive y sobrevive con su esfuerzo, dedicada a la agricultura, la ganadería, la pequeña industria, el turismo, el comercio, los servicios, la administración local y otras actividades.

Por allí pasan a veces los voceros de esa fórmula insultante lanzando diatribas contra unos y a otros (recientemente han creado polémica las lanzadas por uno de esos sujetos contra el expresidente de Extremadura, Rodríguez Ibarra) sin otro propósito que hacerse notar y dar que hablar.

Sin embargo, no comentan con la inteligencia debida y la energía necesaria el deterioro que están sufriendo esas tierras poco pobladas, que la codicia del capitalismo feroz que nos invade, ha considerado propicias para establecer su industria productora de electricidad a base de aerogeneradores o de plantaciones fotovoltaicas.

Entre las lacras de esta sociedad que nos esclaviza está el consumo excesivo de energía eléctrica, del que algunos incluso hacen alarde (me refiero, entre otros, al alcalde de Vigo, aunque sea en una época emblemática del año: la Navidad).

Quedándonos en Aragón, y concretamente en la provincia de Teruel, hay una comarca privilegiada por muchos conceptos y martirizada en la actualidad por la instalación irracional de plantaciones de aerogeneradores que rompen la armonía del paisaje, el equilibrio medioambiental y la tranquilidad de los residentes, además de provocar el rechazo de los visitantes sensatos y conscientes de los valores fundamentales de la vida.

Va a ser muy difícil luchar contra los grandes imperios del capitalismo feroz que promueven estos disparates, pero quienes amamos el territorio en su conjunto, y particularmente la comarca del Matarraña-Matarranya, no podemos en conciencia renunciar a la denuncia categórica de este abuso que, evidentemente, no redunda en beneficio de quienes residen y trabajan por mantener los muchos atractivos de la mencionada comarca.

Y cierto es que este planteamiento también podría aplicarse a otras zonas poco pobladas –nunca vacías– de nuestro Aragón.

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