José María Ariño Colás / Doctor en Filología Hispánica

Un hueco para la cultura

José María Ariño

Durante los meses de verano, especialmente en agosto, las ciudades se quedan semivacías y sus habitantes buscan la tranquilidad y un clima más benigno en las playas o en la montaña. Debido a esta pandemia tan prolongada y casi interminable, el mundo rural ha perdido por segundo año consecutivo una de sus señas de identidad: las fiestas patronales, que reúnen en fechas señaladas a familiares, amigos y vecinos. Por eso, algunos ayuntamientos se han tenido que reinventar para que el hueco que deja la cultura en la ciudad encuentre en los pueblos un lugar idóneo para manifestarse y llegar a los lugares que están sufriendo el fantasma de la despoblación.

En la provincia de Teruel, y concretamente en la zona de Aliaga, han tenido lugar durante este mes de agosto algunos eventos dignos de resaltar y de tener en cuenta. El día 20 de agosto, en Miravete de la Sierra –“El pueblo en el que nunca pasa nada”– se celebró un concierto en recuerdo de José Antonio Labordeta y Joaquín Carbonell. La voz de Eduardo Paz, cantautor, excantante de La Bullonera y compañero de escenarios de los cantautores desaparecidos. Eduardo estuvo acompañado de los Dulzaineros del Bajo Aragón. El pueblo se volcó en el evento y, casi medio siglo después, se recordó la jornada “¡Salvemos Teruel!”, celebrada en esa pequeña localidad en 1977 y en la que estuvo presente el cantautor de Alloza. Un día después, el 21 de agosto, tuvo lugar en Aliaga la presentación del libro Los ministros turolenses de la II República: Vicente Iranzo (Cella) y Ramón Feced (Aliaga) en el salón de plenos del Ayuntamiento, con la presencia del autor José Serafín Aldecoa Calvo. Una obra con excelente documentación y con selectas fotografías de la época. Y el domingo, 29 de agosto, el grupo D’Colorao –un grupo de flamenco fusión al que le pone voz la aliaguina Irene Gómez Calvo– presentó en un concierto en la plaza de la Iglesia su último disco “En libertad”. El público asistente aplaudió entusiasmado cada una de sus canciones, especialmente la canción “Orgullo rural”, que invita a quedarse a vivir en los pueblos y a seguir luchando contra la despoblación. Precisamente trataron del tema de la emigración la mayoría de las canciones que seleccionó Eduardo Paz para su concierto en Miravete. Todos los asistentes corearon las letras de “Todos repiten lo mismo”, de Labordeta, de “Canción del olivo”, de Carbonell o de la clásica e inolvidable “Ver para creer”, de La Bullonera.          

Estos eventos son solo un botón de muestra de los que se han celebrado en muchas localidades aragonesas a lo largo de estos meses de verano. Aunque la pandemia ha condicionado algunos aspectos organizativos relacionados con el aforo y las medidas sanitarias, las personas que han asistido a estos actos han demostrado un interés por la cultura y un deseo de que estas inquietudes arraiguen en los pueblos y contribuyan a revitalizar la vida rural. Eso sí, lo ideal es que se multiplicaran estos eventos a lo largo de todo el año y que no fueran solo algo aislado y anecdótico. Como afirma el escritor checo Milan Kundera: “La cultura es la memoria del pueblo, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir”.

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