Dr. José Carlos Fuertes Rocañín / Presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. @jcfuertes

Las carreras veraniegas

Dr. José Carlos Fuertes Rocañín

Hemos visto estos días en todos los informativos unas imágenes interesantes y curiosas. Se trataba de personas que corrían desaforadamente, a muy temprana hora por las playas de la costa valenciana (Oropesa), pertrechados de sombrillas, sillas, tumbonas… y demás objetos supuestamente necesarios para pasar un día playero.

El objetivo de esas galopadas matutinas no era otro que coger sitio y garantizarse la “primera línea” de playa. El mejor lugar, el más idóneo, el más cercano a las cálidas aguas mediterráneas, para, una vez plantado el “campamento”, pasar la jornada a la orilla del mar.

Pasados unos minutos, y una vez situadas sombrillas, hamacas, colchonetas y demás enseres en el lugar elegido, la playa volvía quedarse vacía, solo con los objetos mencionados. “Misión cumplida”, ¡ya tenemos sitio, y el que venga detrás que se fastidie!

La imagen es grotesca, cuando no esperpéntica. Ver cómo personas, muchas de ellas de longeva edad, corren como si les envistiera un miura para coger sitio en la playa tiene su “puntito”. Un punto de broma y otro de absurdo. Un punto de ridículo y otro grotesco. Ir de vacaciones y soportar ese “estrés diario”, en mi opinión, no sale a cuenta.

Las vacaciones sirven para hacer algo distinto a lo que se hace el resto del año. Cambiar de aires y de modos de vida. Descansar de la tensión que el trabajo conlleva. Romper con la monotonía y con el tedio que nos invade en el día a día. Quizá esas carreras matutinas sean una forma de conseguir el deseado cambio y dejar de lado la rutina, aunque, en mi opinión, creo que existen otras actividades mucho más saludables y estimulantes.

Les confieso que soy muy comodón para estos menesteres. No llevo nada bien las colas, las esperas, los atascos y mucho menos esas galopadas cargado de los utensilios típicos y tópicos de un día de playero. Prefiero la tranquilidad, los lugares despejados, los espacios solitarios. Huyo siempre que puedo de las muchedumbres, de las aglomeraciones y de las masas.

Pero al margen de gustos personales lo que hemos visto en los noticiarios llama la atención por lo absurdo y jocoso que resulta. Primero darse un madrugón considerable. Después salir del apartamento cargado con los bártulos necesarios. Acto seguido la tensa espera hasta que la “autoridad” da el toque de salida, y para remate correr como “alma que lleva el diablo” trotando por la arena para llegar al sitio deseado, y así un día tras otro. ¡Excelentes vacaciones, de verdad que sí!

El ser humano tiene conductas muy peculiares. A veces ridículas, en ocasiones esperpénticas, pero como dice el refrán popular “sarna con gusto no pica”.

No son ningún síndrome de esos que, con excesiva frecuencia, los llamados “expertos”, explican cuando algún medio solicita su docta opinión. Simplemente son, en mi modesto criterio, una muestra más del egoísmo y de lo “irracional” que puede llegar a ser la conducta de los llamados “animales racionales”.

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