Palacio de Larrinaga, una villa ecléctica construida por amor escondida en Zaragoza

El Palacio de Larrinaga es una villa de carácter ecléctico del siglo XX ubicada en Miguel Servet

No muchos lo conocen, pero quien lo hace queda embriagado por su belleza. El Palacio de Larrinaga, en el barrio Montemolín, se levantó en 1920 en la que hoy es la calle Miguel Servet de Zaragoza. Esta villa ecléctica encuentra su razón de ser en el amor y es que fue un encargo que el naviero Miguel Larrinaga hizo al arquitecto Félix Navarro para retirarse con su esposa a la capital aragonesa, aunque sus deseos no pudieron cumplirse.

En 1936, Miguel Larrinaga se jubila, pero en plena Guerra Civil, el palacio es ocupado por las tropas italianas, por lo que el matrimonio no puede trasladarse allí. Unos años más tarde, en 1939, Asunción Clavero fallece y la villa pasa a convertirse en un pequeño colegio dirigido por los Marianistas. Hoy, el edificio es propiedad de la Fundación Ibercaja.

El Palacio de Larrinaga se ubica en la calle Miguel Servet de Zaragoza

Nos adentramos en el de la mano de Cristina Rubio, responsable de Patrimonio de la Fundación Ibercaja, quien asegura que la villa es uno de los mejores ejemplos de eclecticismo que hay en la capital aragonesa. “Su arquitecto, Félix Navarro, mezclaba muchos estilos, del renacentismo a la arquitectura en hierro. Experimentaba mucho con la forma”.

La villa veneciana que no pudo ser 

Lo primero que se puede ver al adentrarse en la finca de once hectáreas son unos bonitos jardines que flanquean el palacio. Sin embargo, el matrimonio hubiese querido sustituir el césped por agua.

Y es que la pareja era una enamorada de Venecia, pues había viajado mucho a la ciudad italiana. Por eso quisieron hacer una villa con un canal y barcas que condujesen a la entrada, pero por problemas de infraestructura tuvieron que contentarse con los jardines.

La imponente fachada de color rojizo llama la atención de cualquiera que pase por allí. En ella se pueden ver columnas de piedra cuyos capiteles están decorados por caballitos de mar que rodean barcas llenas de frutas y flores, en una alegoría a la riqueza y a la forma de vida del matrimonio. Además, también está presente el emblema de la naviera Larrinaga, que son tres manos unidas por los socios que lo fundaron.

En la segunda planta se puede observar una impresionante galería con dos escudos en los que se leen las palabras trabajo y cultura. Y un poco más arriba un tarjetón de cerámica con un dios romano que despide a un barco deseándole buenaventura llama la atención por su colorido y sus bellos dibujos. Aquel que sea un poco observador y alce un poco más la vista podrá ver dos pequeños pájaros que se arrullan en lo más alto de la villa. Estos dos palomos de piedra coronan villa Asunción con elegancia y majestuosidad.

En el Palacio de Larrinaga abundan los motivos marineros

La simbología marinera está presente en toda la villa en la que el renacentismo convive con la arquitectura en hierro a lo largo de las tres plantas del edificio. Destaca su escalera en tres tramos de madera tallada, los suelos de taracea con formas geométricas de distintos colores y la presencia de materiales como piedra negra, caoba o piedra caliza.

“Se utilizaron los mejores materiales en la villa. Hay cerámica de una importante industria de Valencia, piedra negra de Calatorao, caoba, acero y taracea en los suelos. Los suelos son una de las cosas más imponentes de este palacio ya que se utilizó esta técnica de incrustación que consiste en hacer formas geométricas de distintos colores”, ha relatado Cristina Rubio.

La escalera en tres tramos de madera tallada es uno de los grandes atractivos de la villa

Desde los suelos hasta la techumbre pasando por las paredes con relieves y grabados. Cualquier lugar al que vayan sus ojos en el Palacio de Larrinaga es de gran belleza. Las columnas del interior, por ejemplo, son robustas y elegantes y muestran capiteles únicos y diferentes en cada una de ellas.

En el Palacio se utilizaron los mejores materiales: piedra negra, caoba, piedra caliza,,,

La mayoría de estancias de la villa se han remodelado y han sufrido modificaciones. Por ejemplo, el que iba a ser el dormitorio del matrimonio Larrinaga y el de sus hijos, pues los marianistas lo acondicionaron para acoger a los alumnos del colegio.

La vidriera de la capilla dedicada a San Miguel es la única original que se conserva desde la construcción del palacio. “Gracias a ella se puede saber con exactitud la fecha en la que culminó la obra, que fue en 1920”, cuenta Cristina Rubio, quien además destaca el invernadero o salón de bailes como una de las estancias más bellas de la casa.

La vidriera de la capilla, dedicada a San Miguel, es la única original que se conserva en la villa

Con impresionantes lámparas de cristales de colores y paredes acristaladas, el salón de bailes se convierte en un lugar mágico en el que es fácil recrear los que fueron los bailes de la época.

El arquitecto Félix Navarro jugó con el eclecticismo en el Palacio

Belleza y eclecticismo se mezclan en un lugar algo escondido en Zaragoza por el que merece la pena perderse.

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